Gibson reflexiona sobre su mando en Diamondbacks

PHOENIX – En su primera temporada completa como manager de Grandes Ligas, Kirk Gibson llevó a los Diamondbacks a 94 victorias y un título del Oeste de la Liga Nacional.

Kirk GibsonDespués de eso, todo se ha venido abajo. Arizona no logra una temporada ganadora desde aquel 2011. Kevin Towers, quien al igual que Gibson lucía como un genio en ese entonces, ya no es gerente general del equipo. Y con Tony La Russa instalado como “máximo ejecutivo de béisbol” de los Diamondbacks, Gibson no sabe si volverá a dirigir al noveno más allá de esta campaña.

Este fin de semana, Gibson habló sin pelos en la lengua sobre su situación y la de los Diamondbacks.

“Fuimos a los playoffs en mi primer año y yo sabía muy poco”, reconoció Gibson, nombrado Manager del Año de la Liga Nacional en el 2011. “Ahora es posible que sepa demasiado, no sé. Es lo mismo que cuando yo era jugador. Hubo años frustrantes, pero mi enfoque en ese entonces era tomar buenas decisiones y hacer buenas mejorías”.

Eso mismo trata de hacer ahora Gibson, en un ambiente que esencialmente es una prueba para el capataz en su intento de seguir con el timón. El capataz ha dicho que quiere aprender de La Russa. Ha dicho que conversa con La Russa, quien fue exaltado al Salón de la Fama hace menos de dos meses como manager de Grandes Ligas, de manera regular sobre estrategias y maneras de dirigir un juego. Y ha dicho que quiere usar la experiencia de un año tan difícil para reconstruir una cultura ganadora en el desierto.

“Vivo y aprendo todo el tiempo”, expresó Gibson, quien en sus cuatro años frente al club (asumió las riendas en medio del 2010) se ha vuelto mucho más expresivo con la prensa que cuando empezó su mando. “He aprendido mucho. Creo que cuando pasas por cosas como ésta, te hace reflexionar sobre ciertos aspectos. Obviamente cuando no vas bien te preguntas qué pudiste haber hecho para sacar un resultado diferente.

“Hago autoanálisis todo el tiempo. Nadie es más duro conmigo que yo. Eso viene con el trabajo, sea (la prensa) escribiéndolo o yo pensándolo”.

Claro, ni Gibson ni nadie pudo haber pronosticado que Patrick Corbin y David Hernández se perderían toda la temporada por lesiones en sus codos de lanzar. No era posible saber que A.J. Pollock, Mark Trumbo, Paul Goldschmidt y Bronson Arroyo—entre muchos otros–se ausentarían por tanto tiempo.

Al fin y al cabo, el manager puede controlar muchas cosas. Pero no todas.

“Hay tantos datos para digerir”, dijo Gibson sobre el aprendizaje de un manager. “Es cuestión de saber cuáles de ellos le compete a cada muchacho y cómo pones a los jugadores en posición para triunfar. A veces es un reto mayor hacer eso, porque hay cosas que no puedes controlar. Entonces, hay que saber manejar de la mejor manera las cosas que sí puedes controlar y tratar de poner en buena posición para triunfar a cada jugador”.

Ahora, faltando dos semanas en la temporada regular, los Diamondbacks tratan de terminar con dignidad de esfuerzo una campaña en que tienen la segunda peor marca de la Liga Nacional, 61-88. Y Gibson, por supuesto, trata de darle un toque positivo a esta recta final como su último argumento para retener su puesto.

“Si estuviéremos en el primer lugar con dos juegos de ventaja, habría presión. Estaríamos lidiando con muchas cosas”, expresó el dirigente, quien lleva récord de 351-367 frente a Arizona. “Preferiríamos estar lidiando con eso, pero no ése no es el caso. Entonces, sin importar dónde estés en la vida, todos lidiamos con mie#$@$@da todos los días. ¿Cómo lo enfrentas?

“Hay que tratar de ser consistente en tu mentalidad y en tu dirección”, continuó Gibson, de 57 años de edad. “En general, soy una persona con mucha determinación. He tenido momentos muy bajos en mi carrera, como todo el mundo. Pero tenemos familia, tenemos amigos y tenemos un grupo de apoyo dentro de la industria. Si necesitas nutrirte de energía con eso, lo haces. Si se te acaba la gasolina, vas a la gasolinera. Tu vida es lo mismo. Tienes que mantenerte artillado”.

Como jugador, Gibson fue autor de dos de los jonrones más recordados en la historia de la Serie Mundial—ambos contra relevistas que ahora son inmortales de Cooperstown. El primero fue ante Rich “El Ganso” Gossage en 1984 para ayudar a los Tigres a vencer a los Padres, mientras que el segundo fue vs. Dennis Eckersley y los Atléticos en 1988, batazo que le dio una emocionante victoria a los Dodgers cuando Gibson apenas podía caminar.

Ahora bien, no todo fue color de rosa para Gibson como pelotero. Mucha gente lo veía más como jugador de fútbol americano que de béisbol, cuestionando su habilidad de triunfar en la pelota. Pero el oriundo de Michigan superó esas dudas y muchas lesiones para hacerse sentir y ser elegido Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en 1988.

“Cuando gané un campeonato como jugador, pensé en todos esos momentos”, manifestó. “Mucha gente dudó de mí y dijo cosas crueles, sobre mí y directamente a mis padres. Les dije, ‘Manténganse callados, seguiremos firmes y haciendo las cosas de la manera correcta. Tendremos nuestro día’. Y lo tuvimos. Eso lo llevo conmigo hasta hoy en día”.

El padre de Gibson falleció hace algunos años. Pero el piloto aún cuenta con el apoyo de su madre en estos momentos de tanta incertidumbre y una campaña para el olvido–sin importar la decisión que se tome sobre su futuro.

“Mi mamá me dijo que me quiere todavía”.

En el Chase Field nunca muere el 2001

Ender InciartePHOENIX – El 4 de noviembre del 2001 en Panamá, un Randall Delgado de 11 años veía por televisión en el cuarto de sus padres, junto a su hermano, el Juego 7 de la Serie Mundial entre los Yankees y los Diamondbacks.

En Las Tablas, Delgado—junto al resto de su familia y compatriotas—eran partidarios de los Yankees y Mariano Rivera, quien trataba de cerrar en el noveno inning lo que hubiera sido el cuarto título de Serie Mundial en forma consecutiva para Nueva York.

“Íbamos, ‘Mariano, Mariano’”, relató Delgado a LasMayores.com.

Pero el destino no estuvo del lado de los Yankees, a pesar de tener un roster con calidad dinástica y contar con la simpatía de tantas personas por los ataques terroristas del 9/11, ocurridos menos de dos meses antes. Luis González se convirtió en el héroe de la serie al dar batazo de oro frente al panameño Rivera y ponerle fin a uno de los Clásicos de Otoño más emocionantes en la historia.

“Nos quedamos con la boca abierta en ese momento”, dijo Delgado, relevista de Arizona desde el año pasado. “Íbamos todos a los Yankees en esos tiempos, con Mariano”.

El fin de semana pasado, casi 13 años después, a Delgado le tocó vestir el mismo uniforme con morado y verde azulado que usaban los Diamondbacks cuando ganaron aquella Serie Mundial. En ocasión del Alumni Game (Juego de “Egresados” del equipo de Arizona) que se realizó por tercera ocasión en el Chase Field, los pupilos de Kirk Gibson vistieron el uniforme original de los Diamondbacks.

En el Chase Field, reina la nostalgia. Cuando el fanático entra al estadio, lo primero que ve es un televisor que pasa de manera continua aquella novena entrada del Juego 7 del 2001. Y cuando se habla de los uniformes “retro”, el recuerdo siempre es de lo que ha sido hasta ahora el único campeonato conquistado en Phoenix entre los equipos de los deportes tradicionales de los Estados Unidos.

“Siempre hemos pedido usarlos para otros juegos aparte de este partido (Alumni Game)”, dijo Gibson. “Tiene cierto atractivo, y hay mucha tradición por supuesto con esos jerseys”.

Otro integrante de los Diamondbacks que gozó la experiencia de usar el uniforme retro fue David Peralta, quien vio a los 14 años aquel Juego 7 hasta muy tarde en Venezuela—a pesar de que tenía que levantarse bien temprano al día siguiente, un lunes.

“Es una emoción”, dijo el jardinero de Arizona. “Nunca imaginé que iba a usar ese uniforme algún día, después de ver esa Serie Mundial en casa cuando yo era niño”.

Los antiguos colores de los Diamondbacks provocan muchas emociones en el desierto. El equipo, nacido en 1998, ganó tres títulos divisionales y esa corona de la Serie Mundial en sus primeros cinco años. González pertenece a la “realeza” de figuras deportivas en la historia del Valle del Sol. Y Bob Brenly, manager de aquel equipo campeón del 2001, es en la actualidad comentarista de las transmisiones del equipo por televisión.

Ahora el reto es no vivir de la tradición, sino forjar nuevos éxitos en Arizona. El invierno debe de traer muchos cambios, con un equipo que no logra una temporada ganadora desde el 2011 y que ha depositado su confianza en el Salón de la Fama Tony La Russa como “máximo ejecutivo del béisbol”.

Me parece que a los Diamondbacks les esperan más tiempos difíciles antes de ver mejorías profundas en la organización. Pero de vez en cuando, no cae mal un respiro para recordar el glorioso pasado—y en el caso de Delgado, gozar una de esas vueltas que da la vida al vestir el mismo uniforme que le partió el alma tanto tiempo atrás.

Oliver disfruta ser un “jugador de casa” en Arizona

PHOENIX – Para Oliver Pérez, la “ventaja de local” tiene un significado especial. El relevista mexicano de los Diamondbacks ha logrado algo que anhelan muchos jugadores de Grandes Ligas, pero que por el negocio del béisbol pocos consiguen: jugar en casa.

Oliver PerezPérez tiene contrato hasta el final del 2015 con Arizona, cuya sede es Phoenix—residencia del zurdo durante gran parte del año—y en la Liga Mexicana del Pacífico pertenece a los Tomateros en Culiacán, su ciudad natal y donde se siente en casa cuando participa en el béisbol invernal.

“Para mí fue un gran honor jugar aquí, porque es prácticamente una segunda casa”, le dijo Pérez a LasMayores.com en el Chase Field de Phoenix durante la serie entre los Diamondbacks y los Padres. “En el invierno me toca jugar donde yo vivo y ahora que me toque aquí, como jugador es el mejor regalo que uno puede tener”.

Con la excelente temporada que está teniendo Pérez en Arizona—1.95 de efectividad saliendo del bullpen de los Diamondbacks—el veterano de 33 años fue mencionado en rumores de cambio de cara a la fecha límite de canjes sin el proceso de waivers del 31 de julio. Pérez no fue negociado por la gerencia en esa ocasión, pero aún existen posibilidades de una transacción antes del 31 de agosto, en caso de que el pitcher haya pasado por la lista de waivers sin ser reclamado.

“Yo sé que es un negocio, pero de verdad como jugador de casa me gustaría quedarme aquí el tiempo que se pueda”, dijo Pérez al respecto. “Ya me han cambiado dos veces (en medio de una temporada, en el 2003 de San Diego a Pittsburgh y en el 2006 de Piratas a Mets). Entiendo que el béisbol es así y hay que seguir luchando, tratar de ayudar al equipo en lo que más se pueda”.

Hace tres años, era difícil imaginar que para estos tiempos Pérez sería una pieza tan cotizada. Después de dos temporadas para el olvido con los Mets en el 2009 y el 2010, el zurdo se pasó todo el 2011 en liga menor de los Nacionales, sin recibir la llamada para subir al equipo grande de Washington.

Pero con persistencia tanto en Estados Unidos como en México durante el invierno, Pérez pudo reinventar su carrera como relevista a partir del 2012 en el sistema de los Marineros de Seattle.

Desde entonces, Pérez ha sido un relevista de suma calidad con los Marineros y desde este año con los Diamondbacks.

“El mismo béisbol me dio la segunda oportunidad. Me dio la oportunidad de ser relevo”, explicó el lanzador, quien ha registrado más de 10 ponches por cada nueve innings en el 2014, con WAR de 1.1—el mejor del cuerpo monticular de los Diamondbacks. “Me gusta porque en el relevo tú tienes la oportunidad de pitchar todos los días y por eso es el puesto que me gusta. Me siento contento con el trabajo en el que estoy ahorita y hay que seguir trabajando para dar más años”.

En cuanto a béisbol invernal del 2014-15 se refiere, Pérez aún está indeciso.

“Quisiera terminar la temporada saludable, que es lo más importante”, expresó. “Me encantaría jugar en Culiacán; ojalá no me pongan en la lista esa de fatiga extrema. Pero necesito terminar la temporada y de ahí tomaré la decisión”.

 

David Peralta, la nueva chispa de los Diamondbacks

PHOENIX – En el 2014, muy poco le ha salido bien a los Diamondbacks. Llegando a la temporada con la expectativa de luchar por la clasificación, Arizona se hundió en el mismo primer mes y nunca se recuperó.

David Peralta, Glenn Sherlock

Una serie de lesiones y actuaciones por debajo de algunos veteranos resultaron no sólo en el mal récord del equipo, sino también en cambios de figuras como los venezolanos Gerardo Parra y Martín Prado, además de Brandon McCarthy.

Llegó Tony La Russa para guiar los destinos de la franquicia dentro del terreno a todos los niveles, pero está por verse cómo saldrá ese proyecto relativamente nuevo en un equipo de Grandes Ligas.

Sin embargo, no todo ha sido malo. El venezolano Miguel Montero se ha restablecido como bateador productivo y uno de los mejores receptores de la Liga Nacional. Ha llegado Chase Anderson como novato promisorio de la rotación abridora. Y por supuesto, el venezolano David Peralta ha impactado como novato.

La historia de Peralta y su transformación de pitcher a jardinero, además de su odisea por ligas independientes, es bien interesante y uno de los puntos luminosos en una temporada perdida en Arizona.

“Siempre he dicho que cuando uno trabaja fuerte, con mucha disciplina y constancia, siempre van a salir las cosas bien”, dijo Peralta sobre su surgir en el 2014, año en que ha saltado de Doble-A a Grandes Ligas en los Diamondbacks. “Trabajé muy fuerte y me preparé muy fuerte”.

En el desierto, Parra—quien antes de ser canjeado a Milwaukee fue una especie de mentor para Peralta—había aportado mucha chispa en el equipo. Ahora Peralta parece haber asumido ese rol.

Eso quedó evidente el 8 de agosto, cuando el valenciano se robó el home plate en un partido contra los Rockies.

“Tiene mucha energía, y (con el robo de home) uno ve lo consciente que está de lo que está pasando en el diamante”, dijo el manager de los Diamondbacks, Kirk Gibson. Está alerta y atento, buscando otras formas de ganarle al contrario. Esa es buena señal”.

Agregó Anderson, quien conoce a Peralta desde los tiempos de ambos en Doble-A Mobile este mismo año: “Es un jugador emocionante de ver. Es divertido verlo jugar. Trae mucha energía y juega al 110% todo el tiempo”.

La interrogante es si Peralta formará parte de los planes futuros de Arizona. Al igual que Parra, no encaja en el perfil clásico de un primer bate, ni un bateador de poder para las esquinas de los jardines. Hasta ahora batea para promedio y se embasa, pero no es un gran robador de bases. Lo que sí aporta es un bate con poder ocasional y la velocidad para haber conectado cinco triples en 214 turnos.

Nadie sabe cómo se van a estructurar los Diamondbacks para el 2015. La Russa ha hablado en términos bien generales, pero ni siquiera está definido el futuro de Gibson ni del gerente general Kevin Towers. Ante ese cuadro, Peralta afirma que lo único que puede hacer es seguir por el camino que lleva desde el 2010, cuando empezó el esfuerzo que lo llevó hasta donde se encuentra ahora.

“En el béisbol nada es seguro”, manifestó Peralta al tocar el tema. “Pero lo que sí te voy a asegurar es que voy a seguir luchando y voy a seguir trabajando fuerte”.

Pase lo que pase en un futuro, Peralta ha dejado huella en el desierto. Y claro, sabe muy bien lo que es luchar contra la corriente para lograr sus metas.

“Siempre hay altas y bajas en el béisbol y nunca son perfectas las cosas”, dijo. “He tratado de superar eso y me ayudado a madurar como persona.

“Mi familia y mi esposa han sido de gran apoyo y creo que ésa es la mayor ayuda que uno puede tener. Y eso me ha ayudado a mantenerme fuerte mentalmente”.

En lo inmediato, la meta es terminar fuerte la temporada y mantenerse en buenas condiciones de cara a los entrenamientos del 2015—pase lo que pase con Gibson, Towers y el resto de la estructura de los Diamondbacks.

“Va con todo siempre”, dijo el Gibson. “Tiene mucha energía y está muy emocionado de estar donde está ahora.

“Está agradecido y ha trabajado duro para llegar hasta aquí. Quiere seguir aquí arriba y quiere ser buen compañero también”.

Minnesota, digna sede del Juego de Estrellas

MINNEAPOLIS – En los próximos días el área de Minneapolis-St. Paul—las “Ciudades Gemelas” del estado de Minnesota—se convertirá en el centro del universo del béisbol.

Rod Carew

El 85 Juego de Estrellas se realizará en el Target Field el martes, con la presencia de los más luminarios de las Grandes Ligas hoy en día. Y claro, también tendremos el Juego de las Futuras Estrellas, partido para exhibir el talento más destacado entre los prospectos, además del Festival de Jonrones, un evento sumamente popular y emocionante.

El hecho de Minnesota tener un estadio nuevo—el Target Field se inauguró en el 2010—y ser sede de un Juego de Estrellas parecía algo poco posible cuando al principio de la década pasada, la franquicia de los Mellizos fue propuesta para ser eliminada por la propia Oficina del Comisionado.

En noviembre del 2001—después de la electrizante Serie Mundial entre los Yankees y los Diamondbacks—Bud Selig propuso eliminar tanto a los Mellizos como los Expos, una medida para reducir el dinero perdido entre todos los equipos y hacer más factible el negocio en general al deshacerse de organizaciones de “mercados pequeños” que supuestamente no tenían la capacidad económica para sobrevivir.

Los Mellizos venían de tener una temporada ganadora en el 2001, pero eso fue después de una larga caída al abismo que siguió su victoria en la Serie Mundial de 1991.

Al final MLB echó para atrás sus planes de “contracción”, como se calificaba la medida, luego de una serie de maniobras jurídicas y políticas de parte de los interesados en la sobrevivencia de los Mellizos y los Expos. El equipo de Montreal, por supuesto, se trasladó a Washington en el 2005.

¿Y los Mellizos? Se quedaron en Minnesota y ganaron títulos divisionales en el 2002, el 2003, el 2004, el 2006, el 2009 y el 2010. Todos esos éxitos, acompañados de sólidas asistencias en el viejo Metrodome, terminaron facilitando la construcción del moderno estadio que ahora tienen como sede y contratos a largo plazo para estelares como Joe Mauer y Justin Morneau, entre otros.

Desde el 2011, la tropa de Ron Gardenhire ha pasado por tiempos difíciles en el terreno de juego, pero la franquicia en sí se encuentra bien firme en Minnesota y en Grandes Ligas en sentido general.

TRADICIÓN LATINOAMERICANA EN LOS MELLIZOS

Cuando los antiguos Senadores de Washington se trasladaron a Minnesota en 1961, empezó la era de Grandes Ligas en esta parte de los Estados Unidos. Jugando en el Metropolitan Stadium en la localidad de Bloomington, se destacaron jugadores como los cubanos Zoilo Versalles, Camilo Pascual y Tony Oliva, además del puertorriqueño Víctor Pellot y el venezolano César Tovar. Hubo otros como los cubanos Jacinto Hernández, Leo Cárdenas y hasta Luis Tiant, quien llegó a lanzar una temporada en Minnesota.

Pero el más grande, por supuesto, fue el Salón del Fama Rod Carew. El panameño deleitó a los fanáticos de Minnesota de 1967 a 1978, brindando 12 brillantes temporadas como parte de una carrera que le ameritó una placa en Cooperstown. Carew es una de las máximas figuras deportivas en la historia de Minneapolis-St. Paul y estará presente como dignitario durante las actividades del Juego de Estrellas, al igual que Oliva, quien permanece con la organización de los Mellizos como instructor y comentarista en las trasmisiones de radio en español del equipo.

El 29 de Carew y el 6 de Oliva son números retirados de los Mellizos.

En 1987, el venezolano Les Straker y el panameño Juan Berenguer pusieron de su parte para ayudar a Minnesota a ganar su primera Serie Mundial.

Más adelante, el dominicano David Ortiz empezaría una promisoria carrera en 1997 con los Mellizos, pero la gerencia del club no quiso ofrecerle contrato para el 2003—y el resto, como quien dice, es historia.

La década pasada el dominicano Christian Guzmán y el venezolano Luis Rivas hicieron una sólida pareja de la doble-mantanza en muy buenas ediciones de los Mellizos. Y el dominicano Francisco Liriano llegó tirando primores antes de una lesión que lo frenó por un tiempo. Pero cuando se habla de actuaciones destacadas de ese entonces, hay un nombre que está por encima de todos: Johan Santana.

El zurdo venezolano ganó dos premios Cy Young vistiendo el uniforme de Minnesota, 2004 y 2006, siendo elegido de manera unánime en ambas oportunidades. Santana ganó 72 juegos por los Mellizos del 2003 al 2007 y fue líder en ponches de la Liga Americana tres años consecutivos del 2004 al 2006. Simple y llanamente, “El Gocho” brilló como el que más en ese trecho, destacándose hasta su canje a los Mets en el invierno del 2007-08.

Ahora, con una leve mejoría de los Mellizos en comparación con las últimas tres campañas, han dicho presente jóvenes como los venezolanos Oswaldo García, Josmil Pinto y Eduardo Escobar, junto a los dominicanos Danny Santana y Pedro Florimón. Y por supuesto, aquí todos siguen de cerca el caso del quisqueyano Miguel Angel Sanó, tercera base y prospecto de lujo que se sometió a una cirugía Tommy John este año.

ÁREA QUE RESPIRA BÉISBOL

Cuando se habla de béisbol en este estado, hay mucha, pero mucha tradición. Dos Series Mundiales conquistadas. Figuras como Carew, Oliva, Harmon Killebrew y Bert Blyleven, entre muchos otros. Además, Paul Molitor, Jack Morris y Dave Winfield son oriundos de la ciudad de St. Paul. De hecho, Morris es autor de una de las actuaciones más destacadas en la historia de Grandes Ligas, tirando una blanqueada de 10 entradas en el Juego 7 de la Serie Mundial de 1991 en el mismo Metrodome para ayudar a Minnesota a coronarse.

Ahora el Juego de Estrellas llega a esta parte del país por tercera vez, ya que en 1985 el Clásico de Media Temporada se realizó en el Metrodome y la edición de 1965 se celebró en el Metropolitan Stadium en Bloomington. Definitivamente, cuando se habla de tradición beisbolera, Minnesota es una digna sede.

Volvió la fiesta venezolana con Gigantes vs. D-backs

PHOENIX – El viernes en el Chase Field de Arizona, Gerardo Parra y Grégor Blanco conversaban antes del inicio de una serie de tres juegos entre los Diamondbacks y los Gigantes.

Miguel Montero, Pablo Sandoval¿De qué hablaban? Entre otras cosas, la gran cantidad de venezolanos presentes no sólo en los rosters de ambos equipos, sino también en las alineaciones titulares.

“Comentábamos que era un Caracas-Magallanes, un Caracas-La Guaira, un Caracas-Las Aguilas”, relató el venezolano Parra sobre la plática con su compatriota Blanco.

No era para menos. Ese día, hubo un total de nueve titulares venezolanos en el partido entre Arizona y San Francisco. Y cuando Juan Carlos Gutiérrez entró en relevo en el cierre del octavo episodio, se elevó a 10 participantes venezolanos en el encuentro para empatar una marca establecida por estos dos equipos el pasado 9 de abril en San Francisco.

“Tantos venezolanos juntos entre dos equipos no es nada fácil. Creo que es algo indescriptible”, comentó Blanco. “Sé lo difícil que es para todos nosotros los latinoamericanos, no sólo los venezolanos, llegar al mejor béisbol del mundo y estar aquí juntos.

“Tanto de aquel lado (de los Diamondbacks) como aquí, estamos orgullosos”.

Ese 9 de abril en el AT&T Park, se vio otro detalle: Con el árbitro Manuel “Manny” González, hubo un total e 11 participantes en el juego. Aquel día el elenco fue un poco diferente, con Parra, Martín Prado y Miguel Montero del lado de Arizona para medirse a Pablo Sandoval, Ehire Adrianza, Héctor Sánchez, Blanco, Gutiérrez, Yusmeiro Petit y Jean Machí.

El viernes, los participantes venezolanos fueron los siguientes: Montero, Parra, Prado, Ender Inciarte y David Peralta del lado por los Diamondbacks; y Sandoval, Sánchez, Adrianza, Blanco y Gutiérrez por los Gigantes.

“Me sentí como si estuviera en Venezuela”, dijo Blanco unas horas después de ese juego del viernes. “Nada más ver a tantos en un mismo lugar es algo grandioso”.

Agregó Gutiérrez, quien está disfrutando un sólido repunte a nivel de Grandes Ligas a los casi tres años de haberse sometido a una cirugía Tommy John: “Es emocionante cuando tú ves muchos compatriotas. Significa que el béisbol venezolano está creciendo”.

Efectivamente, en los últimos años el impacto venezolano en las Grandes Ligas se ha sentido cada vez más. Para comprobarlo, basta mencionar lo hecho por Miguel Cabrera, Félix Hernández y Sandoval en los últimos años, para complementar las hazañas de Omar Vizquel, Johan Santana y Bobby Abreu la década pasada. Y por supuesto, todos siguen el camino que se abrió de manos de Alfonso “Chico” Carrasquel, Luis Aparicio (Salón de la Fama), David Concepción (¿algún día en Cooperstown?) y Andrés Galarraga—entre varios otros.

“Es una cadena en que los peloteros que ya no juegan abrieron el camino para nosotros. Ahora nos toca abrir el camino para los que vienen en el futuro”, expresó Prado. “Es una responsabilidad y un privilegio. Nos llena de orgullo que en el mejor béisbol del mundo haya un porcentaje (tan alto) de peloteros que salieron de nuestro país. Es una brecha que tantos peloteros del pasado abrieron. Tenemos que mantener ese porcentaje de venezolanos en Grandes Ligas”.

De su parte, Montero se expresó bien contento por la presencia cada vez más fuerte de su país en las Grandes Ligas.

“Es un orgullo saber que el béisbol está sacando cada vez más peloteros en Venezuela”, dijo el receptor, el más veterano del grupo de venezolanos entre Arizona y San Francisco que ha hecho historia esta temporada. “Obviamente, no tanto la cantidad, sino la calidad. Todos los días uno se encuentra con peloteros que uno mismo no sabía que eran venezolanos. Es increíble cómo se está produciendo tan buenos peloteros en nuestro país.

“(Los scouts) han visto la calidad y el nivel que han demostrado. Ya tienen a Venezuela conceptuado como uno de los países donde más se puede conseguir material para este negocio”.

Durante el fin de semana en Phoenix hubo un total de 12 venezolanos en roster, siete en los Gigantes y cinco en los Diamondbacks. No se llegó a quebrar la marca de 10, sino empatarla. Pero al tocar el tema en ambos clubhouses, se respiró la idea de que es sólo cuestión de tiempo para que los récords lleguen a ampliarse.

“Ojalá no haya 10, sino 30, 40, 50 venezolanos jugando juntos”, dijo Parra con su entusiasmo acostumbrado. “La idea es que sigamos creciendo. Crecer, crecer y crecer”.

“Es un éxito pertenecer a un equipo donde haya bastantes venezolanos”, manifestó Machí. “Es algo muy importante que uno esté presente para el récord”.

González mantiene a flote a Atlanta, a pesar de todo

PHOENIX – Los Bravos de Atlanta acaban de perder dos de tres encuentros ante los Diamondbacks, para caer a un empate en el Este de la Liga Nacional con los Nacionales.

Fredi GonzalezNo han podido contar con Kris Medlen ni con Brandon Beachy. Pero sí han puesto de su parte en algunos momentos el dominicano Ervin Santana, Gavid Floyd, Aaron Harang y Alex Wood.

Además, el colombiano Julio Teherán está teniendo una temporada de ensueño, mientras que el cerrador Craig Kimbrel se ha visto tan dominante como siempre en un bullpen diezmado por las lesiones de Jonny Venters y Jordan Walden, entre otros.

Del lado ofensivo, ha habido inconsistencia. Atlanta se encuentra en el penúltimo lugar de la Liga Nacional en carreras anotadas y el undécimo puesto en OPS (porcentaje de embasarse más slugging) y promedio colectivo. Chris Johnson, B.J. Upton y Dan Uggla (ya sentado mayormente) han sido las mayores decepciones del lineup.

Sin embargo, con todos los contratiempos que han tenido que pasar los pupilos del cubano Fredi González, los Bravos se encuentran en la cima de su división aún, junto a Washington—otro equipo afectado por las lesiones en el 2014.

“Falta mucho tiempo por delante, pero estoy muy contento con el equipo mío, especialmente el pitcheo”, dijo González, cuyo cuerpo monticular lleva efectividad colectiva de 2.96, la mejor de la Liga Nacional. “El pitcheo de nosotros ha aguantado muchas cosas. La ofensiva ha estado inconsistente. Pero con el pitcheo de nosotros, todos los días tenemos buen chance de ganar los juegos”.

Así es. Además, los Bravos tienen la suerte de que el Este de la Nacional tiene equipos que han sufrido muchas lesiones (léase Nacionales con Bryce Harper y Ryan Zimmerman, Marlins con José Fernández y Filis con Cliff Lee, entre muchos otros ejemplos). De hecho, Atlanta lleva el peor récord entre los seis punteros de las Grandes Ligas ahora mismo.

“Está para cualquiera”, dijo González al referirse a la división. “Yo creo que la división va a ganarla el que se mantenga sano, el que no tenga lesiones. Washington ha tenido muchas lesiones. Nosotros tuvimos lesiones al principio de los entrenamientos, pero durante la temporada no hemos tenido lesiones”.

Es admirable cómo los Marlins se han mantenido en la pelea a pesar de la ausencia del cubano Fernández, su as que se sometió a una cirugía Tommy John. Y aun sin Harper y otras figuras clave, los Nacionales están ahí mismo, a las puertas de la cima. Vale señalar que apenas 7.0 juegos separan al puntero del sotanero en estos momentos.

Ante tal situación, González ve la fecha límite de cambios como factor crucial para que un equipo se refuerce y empiece a tomar impulso en el Este.

“Creo que esta división se va a ganar (de parte de) quién haga un cambio clave antes del julio 31”, dijo González, quien lleva marca de 587-515 como manager de Grandes Ligas, incluyendo 311-236 con los Bravos desde el 2011 con dos clasificaciones y un título divisional.

Con una lucha que se perfila tan reñida, otra clave podría ser las series particulares entre equipos del Este en lo que resta del 2014.

“Cuando juguemos 18, 19 juegos contra equipos de la misma división, tenemos que ganar esas series”, indicó González.

Y para eso, un poco más de bateo de los estelares muy, pero muy bien pagados sería de gran ayuda.

Brayan Peña hace un aporte valioso en los Rojos

PHOENIX – Brayan Peña ha cumplido el papel clásico de receptor suplente desde que subió a las Grandes Ligas a mediados de la década pasada.

Johnny Cueto, Brayan PenaCon una defensa más que aceptable, una buena comunicación con los lanzadores y una presencia en el orden ofensivo como bateador ambidextro, el cubano ha sabido mantenerse en las Mayores durante 10 años.

Sin embargo, el valor del habanero va mucho más allá de los números, según su manager y sus compañeros del presente y del pasado. Con los Rojos de Cincinnati este año, el veterano de 32 años ha desempeñado un rol más importante todavía ante las lesiones de Devin Mesorasco y Joey Votto. Y por supuesto, ha sido clave también como “cátcher personal” del dominicano Johnny Cueto, quien disfruta hasta ahora de una excelente temporada sobre el montículo.

“La confianza que me ha depositado el manager Bryan Price ha sido muy importante”, le dijo Price a LasMayores.com durante la serie recién concluida entre los Rojos y los Diamondbacks de Arizona. “Él me ha dado la oportunidad de ir al terreno, de estar en el lineup y salir a jugar todos los días, de hacer lo que sea necesario para conseguir una victoria”.

Bien necesario ha sido el aporte de Peña en los Rojos este año. Un equipo diezmado por las lesiones, Cincinnati ha tenido que recurrir a muchos sustitutos.

Mesorasco se ausentó durante la mayor parte de abril con dos molestias distintas y, hasta su regreso a mediados de mayo, Peña inició 20 juegos en la receptoría en ese trecho.

Y ante la lesión de Votto en el cuádriceps izquierdo, Peña ha llegado a jugar 11 juegos en la inicial en sustitución de la superestrella.

“Estoy impresionado con la forma en que él se ha manejado”, dijo Price el mes pasado al referirse a Peña. “Es un muchacho que piensa primero en el equipo. Eso es lo que le ha permitido ser tan buen jugador de apoyo”.

Antes del 2014, Peña había jugado apenas cuatro partidos en la primera base a nivel de Grandes Ligas. Pero siempre estuvo dispuesto a hacer lo necesario para mantenerse en el lineup. El ajuste no ha sido fácil, pero el cubano tampoco ha hecho daño en la inicial, ya que aún no ha cometido errores en dicha posición.

“Requiere de mucho trabajo”, dijo Peña sobre su nuevo reto defensivo. “Todo el mundo cree que es fácil, pero no es fácil. Tienes que conocer a los jugadores contrarios y cuáles son las tendencias de ellos.

“También tienes que conocer a los del cuadro”, continuó Peña, quien afirma que ha tenido mucha ayuda en ese sentido del coach de los Rojos, el texano-mexicano Freddie Benavides. “Algunos tiran por encima del brazo, otros tres cuartos, otros sinkean la bola. Hay que saber cómo posicionarse para cuidar la raya, jugar straight up (alineación defensiva normal), dos pasos adelante, dos pasos atrás, hacer el corte, hacer las asistencias. Es una posición que requiere de muchas cosas, pero la gente cree que es fácil”.

RECIBIENDO LAS JOYAS DE CUETO

Peña ha estado detrás del plato para 10 de las 12 aperturas de Cueto esta campaña, incluyendo su joya del sábado en la que el dominicano no permitió carreras en 7.1 entradas para adjudicarse la victoria y mejorar su efectividad a 1.68—la más brillante de Grandes Ligas hasta ahora.

“En el caso de Johnny, estamos estableciendo una comunicación muy buena”, dijo el cátcher. “Nos entendemos bien dentro y fuera del terreno y somos buenos compañeros y amigos. Eso ayuda mucho a la hora de la compenetración dentro del trabajo, a la hora de ver los filmes (videos) y de (ver los reportes) de los jugadores del equipo contrario”.

PONE DE SU PARTE AL BATE

Cuando los Rojos le dieron un pacto de dos años y US$2.28 millones, el énfasis no era precisamente en el aspecto ofensivo, sino en la experiencia de Peña como receptor sustituto y su buen manejo de los lanzadores. Pero el bateador ambidextro ha sabido poner su granito de arena en el plato, con promedio hasta ahora .290 y OPS (porcentaje de embasarse más slugging) 754. Además, ha conectado de hit en cada uno de sus siete partidos.

“Me siento bien”, expresó Peña sobre su desempeño con el madero. “He estado trabajando fuerte y he tenido un buen comienzo de la campaña. Las oportunidades me han ayudado a seguir en el lineup.

“Uno no quiere que (los compañeros) se lesionen y no quiere estar en el lineup por eso, pero el manager me dio la oportunidad de trabajar. Trato de no perderme en altas y bajas, sino que trato de mantenerme consistente. He tratado de aprovechar las oportunidades que el manager me ha dado, para que él no piense que se haya equivocado al ponerme y para que no se lamente de haberme incluido en el lineup”.

Más allá de sus aportes en puros números, versatilidad y rendimiento, Peña se ha ganado el respeto de su manager y de sus compañeros con su actitud positiva y apoyo a los demás—una fama que ha creado a través de su carrera con Atlanta, Kansas City, Detroit y ahora Cincinnati.

“Peña es de una calidad de carácter bien alta”, dijo Price. “Creo que no sólo se le estima de manera universal en nuestro equipo, sino también que se le respeta. Creo que hay una razón por la que él ha sido parte de equipos ganadores. Hace lo que sea necesario para beneficiar al equipo. Se necesita de esos muchachos”.

Agregó el jardinero Chris Heisey: “Su actitud y su falta de egoísmo son lo que más me impresionan. Sin importar cómo haya jugado durante un juego determinado o un trecho determinado, le importa genuinamente cómo les va a sus compañeros. Si ganamos el juego, él pudo haber tenido el peor partido de su carrera, pero estará contento. Esa es su meta número 1 de todos los días: ganar”.

A nivel colectivo, los Rojos no están donde quisieran estar en las posiciones de la División Central de la Liga Nacional. Pero definitivamente, Peña ha sabido poner de su parte.

“Vine a hacer un trabajo bueno, y trabajo positivo”, dijo. “Estamos muy satisfechos con el trabajo que hemos realizado hasta ahora”.

Termina el poder total de Towers-Gibson en D-backs

PHOENIX – Con la llegada de Tony La Russa a los Diamondbacks como “máximo directivo de béisbol”, son muchas las especulaciones sobre qué pasará con el gerente general del equipo, Kevin Towers, y el manager Kirk Gibson.

Kirk Gibson, Kevin TowersCon una nómina de más de US$110 millones—un récord en la historia de 17 años de la franquicia—Arizona llegó al 2014 decidido a mejorar el récord de 82-82 que había registrado en cada una de las dos temporadas anteriores, luego de su mágica campaña del 2011 que produjo 94 victorias y un título del Oeste de la Liga Nacional.

Ante las lesiones del as Patrick Corbin, David Herández y Mark Trumbo, más actuaciones por debajo de muchas de sus demás figuras principales, los Diamondbacks empezaron este año perdiendo siete de sus primeros ocho juegos y, en el momento de anunciar la contratación de La Russa, tenían marca de 16-28—la tercera peor de Grandes Ligas. Con dos victorias seguidas sobre los Dodgers para cerrar el fin de semana, tienen ahora 18-28.

Ahora la pregunta del millón es la siguiente: ¿Decidirá La Russa trabajar con Towers y Gibson, u optará por una “limpieza” en la gerencia y en la cueva para comenzar de cero? El dueño del equipo, Ken Kendrick, y el máximo ejecutivo del club, Derrick Hall, afirman que su nuevo directivo tiene la potestad de hacer lo que le parezca más beneficioso para el equipo.

“Obviamente queremos mejorar en el terreno y éste fue un primer paso”, dijo el sábado Hall durante la rueda de prensa para presentar a La Russa. “Cuando empezamos a analizar de cerca nuestra situación y en qué dirección iríamos, de verdad preferíamos crear una posición para buscar a alguien como Tony La Russa. Cuando un Tony La Russa está disponible, quieres que él sea parte de tu equipo.”.

Hall también describió cómo será el rol del gerente general—sea Towers u otro—con la nueva situación:

“El GG se encargará de la operación diaria del equipo, mientras que La Russa tendrá la última palabra. De ahí el GG tendrá que ejecutar lo que se haya acordado”.

En otras palabras, a Towers se le ha quitado mucho poder y el mensaje está claro: Kendrick y Hall no están conformes con su trabajo.

Ha sido interesante la trayectoria de Towers en el desierto, luego de muchos años como GG de los Padres. En el 2011, el último año positivo de los Diamondbacks, el ejecutivo hizo una serie de maniobras que parecían geniales, trayendo a peloteros como J.J. Putz, David Hernández y Aaron Hill que fueron clave en el éxito de aquella edición de Arizona. Pero también adquirió ese año al cubano Juan Miranda, al venezolano Melvin Mora y su compatriota Armando Galarraga—ya saben cómo resultaron esas adquisiciones.

Desde entonces, Towers ha hecho cambios controversiales como el que envió a Jarrod Parker a Oakland por Trevor Cahill, el de Justin Upton a Atlanta y el de Adam Eaton a los Medias Blancas para traer a Mark Trumbo y Addison Reed. Y ni hablar de firmas dudosas como las de Jason Kubel y Cody Ross.

Ante esta clase de “golpe de estado”, muchos gerentes generales ya se irían de un equipo, por principio. Pero Towers ya ha pasado por esto. A mediados de la década pasada, los Padres trajeron a Sandy Alderson—GG de los Mets ahora mismo—para “supervisar” a Towers. Aunque hubo informes de que Towers buscó puestos en los Dodgers y los mismos Diamondbacks en ese tiempo, permaneció cuatro años más en San Diego con Alderson y el equipo gerencial que trajo éste.

“Llevo suficiente tiempo en el juego para saber que estas cosas suceden”, dijo Towers el sábado, exhibiendo una buena diplomacia. “Simplemente estoy contento de formar parte de la organización todavía, al menos por el momento”.

Gibson se expresó con aun más positivismo: “A nivel personal lo tomo como una gran oportunidad de mejorar”, dijo el capataz, quien guía a los Diamondbacks desde el 2010, al igual que Towers desde la gerencia. “Creo que (La Russa) tiene mucho que aportar. Ciertamente, estamos todos de acuerdo en tratar de mejorar”.

De su parte, La Russa apenas comienza sus labores en el desierto y expresó en términos bien generalizados su visión para el futuro.

“Si todos del lado competitivo de la organización están haciendo las cosas con la misma mentalidad, llegas a la meta más rápido y mejor”, dijo. “Esa es mi actitud, basándome en lo que me han encargado Derrick y Ken. Es bien básico, desde el corrido de bases hasta cómo mides el carácter de un pelotero y su deseo competitivo”.

¿Qué significa eso para Towers y Gibson? Aún no se sabe, pero de algo podemos estar seguros: Con Tony La Russa a cargo del lado de béisbol, como lo han expresado Kendrick y Hall, ha terminado la era del binomio Towers-Gibson y su poder absoluto en Arizona. Habrá mucha intriga. Habrá mucho interés en la dirección que tomen los Diamondbacks, desde el draft hasta el invierno y los movimientos que hagan.

La interrogante es si el viento desértico se llevará a Towers y Gibson. Aquí el consenso es que sí. Manténganse en sintonía.

Vuelve a cuestionarse la entrega de Canó. ¿Será justo?

PHOENIX – Fue la comidilla del día lo expresado por el futuro Salón de la Fama, Mariano Rivera, acerca de su ex compañero de los Yankees, Robinson Canó.

World Series Phillies Yankees BaseballLos comentarios son parte de un libro del panameño, “The Closer”, por publicarse en los próximos días. El periódico New York Daily News dio a conocer algunos extractos del libro que incluyen lo que dejó a muchos con la boca abierta: Rivera, el mejor cerrador de la historia y ganador de cinco anillos con los Yankees, preferiría en la segunda base a Dustin Pedroia, de los Medias Rojas, por encima de Canó en un juego de vida o muerte.

“Si tuviera que ganar un juego, para mí sería difícil elegir a alguien por encima de Dustin Pedroia como mi segunda base”, manifestó Rivera en el libro, destacando lo duro que juega el fogoso pelotero de Boston.

Obviamente lo escrito por Rivera tiene que interpretarse, en cierto modo, como una crítica de Canó. El dominicano jugó los primeros nueve años de su carrera junto al istmeño, antes del retiro de éste. De su parte, Canó dejó Nueva York durante el invierno del 2013-14 para firmar un pacto de 10 años y US$240 millones con los Marineros.

Así se expresó Rivera acerca de Canó para explicar su “selección” de Pedroia en la intermedia:

“El muchacho tiene tanto talento, no sé ni por dónde comenzar. No hay dudas de que es calibre Salón de la Fama. Es sólo cuestión de si encuentra la entrega que se necesita para llegar hasta ahí.

“No creo que Robby tenga ese fuego para ser el mejor…no se le ve esa pasión al rojo vivo que se le ve a la mayoría de los jugadores élite”.

Si se trata de una comparación entre Canó y Pedroia en los puros números, el dominicano gana esa partida de manera relativamente fácil. Andrew Marchand de ESPNNewYork.com expone eso muy bien en su columna, que precisamente es para argumentar que Rivera se equivoca al elegir a Pedroia por encima de Canó.

Pero como también expresa Marchand y otros reporteros—y como digo yo también—Rivera estuvo en medio de todo con Canó durante esos nueve años. Los números dicen mucho, pero como siempre, no cuentan toda la historia.

Jamás cuestionaría lo observado por un pelotero que está en el bullpen, en el dugout, en el clubhouse (en horarios sin la prensa) y en todo lo demás donde los de fuera—incluyendo a los reporteros—simple y llanamente no están presentes.

Tampoco voy a poner un argumento aquí de quién es “mejor” entre Canó y Pedroia. Son dos peloteros distintos que aportan mucho a sus respectivos equipos. En otro momento podría hacerse un análisis exhaustivo…pero hasta eso no definiría el debate de una vez por todas.

Lo que sí voy a cuestionar es que todos tengan que encajar en un modelo para ser considerados “entregados” o “fogosos” o, en el argot beisbolero, gamers. La idea es que si un pelotero no se ve con una mala mirada, no grita mucho, no choca con una pared a toda velocidad o hasta no es lo suficientemente “sangrón” (en buen mexicano), tiene menos deseo de ganar o de progresar a nivel individual.

Siempre me ha chocado el concepto de que un atleta tiene que ser de ese molde para ser considerado un jugador con “fuego competitivo” o entrega para triunfar. Todo el mundo es diferente. Todo el mundo se expresa distinto con sus palabras, su forma y su estilo.

Claro, el “joseo” de Canó ha sido cuestionado en algunos momentos. En el 2008 el manager Joe Girardi lo sacó de un juego por no correr duro hacia la primera al dar un rodado. Esta primavera el coach de bateo de los Yankees, Kevin Long, tocó ese mismo tema al referirse al dominicano.

Ahora bien, ¿es Canó un ganador? En siete de sus nueve años con Nueva York, lo Yankees clasificaron para los playoffs. Por supuesto, Canó estuvo rodeado de mucho talento en esa época, pero el dominicano fue parte íntegra de aquellas ediciones de los Bombarderos. Canó manejó el último out de la victoria de los Yankees en la Serie Mundial del 2009. Y recuerden que el año pasado, rodeado de mucho menos talento en Nueva York, terminó con 27 jonrones, 107 empujadas y OPS de .899 mientras los diezmados Yankees se mantuvieron en la pelea hasta mediados de septiembre.

En Seattle, Canó no ha tenido un inicio espectacular. A esta altura de su carrera, nadie sabe cómo seguirá produciendo. Pero el punto es el siguiente: ¿Ha dado lo mejor de sí Robinson Canó en su carrera? Sólo lo sabe él mismo. La mejor pregunta es ésta: ¿Aceptarías lo que ha dado Robinson Canó si fueras manager de Grandes Ligas? Todos sabemos la respuesta.

No todo el mundo es igual, ni encaja en la imagen que hemos creado para los atletas. Creo que es hora, después de tantos años, de aceptar lo que es Robinson Canó, su estilo y lo que ha brindado en el terreno de juego. Y punto.

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