Una “globalización” que ya lleva muchas décadas

TOKIO – Cada vez que se realiza un torneo internacional de alto perfil como la edición 2014 de la Serie de Estrellas en Japón, se habla de la “globalización” del béisbol, lo cual de lugar y correcto.

John Farrell Terry FranconaCon el Clásico Mundial y otros avances en el acercamiento de las regiones de Asia, América Latina y América del Norte, el deporte del bate y la bola está cada vez menos aislado entre nacionalidades y culturas. Durante el Clásico del año pasado, conquistado por una selección invicta de la República Dominicana, el Comisionado Bud Selig afirmó que “no reconoceremos nuestro juego en 10 años” y que se hará una verdadera “Serie Mundial”.

Todo eso estaría por verse, por supuesto. Lo que sí se sabe es que la “globalización” del béisbol es un proceso que ya estaba en marcha desde hacía muchas décadas, sobre todo con las ligas invernales del Caribe.

Es de amplio conocimiento, por supuesto, el aporte de los jugadores latinoamericanos en Grandes Ligas. Y también se sabe cómo jugadores norteamericanos han brillando a través de los años en las ligas de Venezuela, República Dominicana, Puerto Rico y la Mexicana del Pacífico. Pero un aspecto importante de la globalización se puede destacar desde el punto de vista de los managers, los que dirigen los destinos de equipos con diversidad de personalidades, idiomas y culturas.

Por eso es que tantos futuros pilotos de Grandes Ligas han dirigido no sólo en ligas menores en los Estados Unidos, sino también en circuitos invernales del Caribe. Uno de ellos es Terry Francona, Manager del Año en el 2013 al frente de los Indios y dos veces campeón de la Serie Mundial con los Medias Rojas.

“Fue una de las mejores experiencias de aprendizaje que he tenido, y de muchas maneras”, dijo Francona sobre su experiencia como capataz en América Latina, primero con Caribes de Oriente (Anzoátegui) en Venezuela y luego con las Aguilas Cibaeñas en la República Dominicana. “Ahora sé apreciar cómo son las cosas para un muchacho que viene a los Estados Unidos sin hablar el idioma.

“Me hablaban (en América Latina) y yo hacía gesto como que sabía lo que me decían, pero en realidad no. Entonces, uno con esa experiencia tiene más empatía en ese sentido”.

La experiencia de Francona en las ligas invernales va más allá de su paso por los dugouts de Caribes y Aguilas. El ex ligamayoristas también jugó en Venezuela con Aguilas del Zulia y en Puerto Rico con los Leones de Ponce.

Ahora mismo el piloto de Cleveland forma parte del cuerpo de coaches del equipo de MLB que juega la Serie de Estrellas aquí. El manager de la escuadra es John Farrell, amigo y ex coach de pitcheo de Francona cuando ambos estaban en la cueva de Boston.

En el Equipo de Estrellas de MLB, hay mucho sabor latino con los dominicanos Robinson Canó, Carlos Santana, José Veras y Eduardo Núñez; los venezolanos Salvador Pérez, Alcides Escobar, José Altuve y Franklin Morales; y el cubano Yasiel Puig.

Y hasta hay dos japoneses en el roster de Grandes Ligas que ya lanzaron contra sus compatriotas de la selección nipona, los lanzadores Hisashi Iwakuma y Tsuyoshi Wada.

“Creo que esto habla del juego como un deporte global, trátese de jugadores japoneses, dominicanos, venezolanos y de los Estados Unidos”, dijo Farrell sobre la conformación de la escuadra y la experiencia de jugar en Japón. “Creo que nuestro roster refleja lo global que se ha vuelto nuestro deporte”.

Eso es obvio. Ahora la idea es seguir ampliando el apoyo que se le brinda al jugador extranjero en los Estados Unidos. Las cosas han mejorado en ese sentido, por supuesto. Pero aún falta.

“El juego se le puede acelerar demasiado a un muchacho en esa situación”, comentó Francona sobre los retos de aprender a triunfar en un béisbol cada vez más exigente y a la vez adaptarse a un mundo totalmente nuevo. “Mientras más rápido podamos lograr que los muchachos hablen el idioma, mejor asimilados estarán. De esa manera, no tendrán esa clase de límites”.

También ayuda que el manager sepa comprender a los muchachos que vienen del extranjero—sea América Latina, Japón, Taiwán o cualquier otra parte del mundo.

En ese sentido, el haber dirigido en el Caribe ayudó un mundo al conocido como “Tito”, nombre de su padre que también jugó varios años en Grandes Ligas.

“Es un buen ambiente para aprender, no sólo para los jugadores, sino también para los coaches y los managers”.

Es hora de “besuboru” en tierras niponas

LOS ANGELES – Desde que el dominicano Tony Peña brilló en el otoño de 1986 como Jugador Más Valioso de la inaugural Serie de Estrellas en Japón, destacados jugadores de Grandes Ligas han brindado un béisbol de muchas emociones a tierras niponas en competiciones contra selecciones japonesas.

B12eaxlCYAE6giY.jpg largeEn el 2014, por ocasión número 11, Major League Baseball y el Béisbol Profesional Nipón (NPB, por sus siglas en inglés) llevarán la acción a tres ciudades—Osaka, Tokio y Sapporo—entre el 11 y el 20 de este mes.

“Major League Baseball está complacido de que muchos de nuestros jugadores más destacados representarán nuestro deporte durante el Tour Todos Estrellas 2014 de Japón”, dijo a través de un comunicado en junio el comisionado de MLB, Bud Selig. “Este evento no sólo reanuda una tradición de mucho tiempo, sino también ilustrará el lazo histórico que nos une a nuestros amigos y colegas japoneses”.

Por cuestiones de calendario y el Clásico Mundial de Béisbol, dicha serie no se realizaba desde el 2006, cuando el grupo de MLB barrió los cinco partidos oficiales del certamen contra un equipo de estrellas del NPB. De hecho, los estelares de Grandes Ligas han ganado nueve de las primeras 10 series desde aquel 1986, siendo 1990 la única ocasión en que los japoneses se llevaron la mejor parte al conquistar cuatro de los ocho encuentros (hubo un empate también).

Para esta versión, los jefes del béisbol japonés han decidido irse no propiamente con un grupo de estrellas del NPB, sino el famoso “Japón Samurái”, la selección nacional que ha triunfado en tantos torneos internacionales—incluyendo las primeras dos Clásicos Mundiales en el 2006 y el 2009.

Dicho equipo se medirá a un grupo de ligamayoristas que incluirá al dominicano Robinson Canó, el venezolano Salvador Pérez, el quisqueyano Carlos Santana, el venezolano José Altuve, el cubano Yasiel Puig, el venezolano Alcides Escobar y el dominicano Erick Aybar.

Otros jugadores destacados que representarán MLB son Evan Longoria, , Chris Carter, Justin Morneau y, para no decepcionar al público japonés, el derecho Hisashi Iwakuma.

Los integrantes del equipo de MLB se prepararán en el Dodger Stadium entre viernes y sábado, antes de partir a Osaka el sábado por la tarde.

La tradición de partidos en Japón durante esta época del año entre jugadores de Grandes Ligas y destacados peloteros japoneses remonta a 1908. En un total de 36 ocasiones desde ese año—el último de un título de la Serie Mundial para los Cachorros, por cierto—han jugado ligamayoristas contra selecciones japonesas.

A veces han sido equipos específicos de Grandes Ligas. En otras ocasiones han sido grupos organizados por figuras específicas, como por ejemplo Babe Ruth y Lou Gehrig en 1934 y Joe DiMaggio en 1951.

En 1974, Hank Aaron—a unos meses de haber quebrado el récord de jonrones de Ruth en Grandes Ligas—le ganó una competencia particular de cuadrangulares al mejor jonronero en la historia de Japón (y del mundo, si se base en sus 868 estacazos), Sadaharu Oh.

En la era de las series organizadas por MLB y el NPB desde 1986, el dominicano Sammy Sosa se unió a su compatriota Peña como los únicos latinoamericanos en ser nombrados JMV del evento. Sosa lo hizo en 1998, luego de escenificar el primero de sus dos años de competencia por el título de jonrones con Mark McGwire a nivel de Grandes Ligas.

Ahora se reanuda la tradición, después de ocho años. Es hora de “besuboru” una vez más.

Oscar Taveras: Una noticia difícil de asimilar

SAN FRANCISCO – A todo el mundo le cayó como una bomba la noticia de la muerte de Oscar Taveras, quien falleció junto a su novia el domingo en un accidente automovilístico entre la localidad de Sosúa y Puerto Plata, su pueblo natal en la República Dominicana.

Oscar TaverasA sus 22 años, Taveras tenía toda una vida por delante, por supuesto. Como prospecto de lujo de los Cardenales, el jardinero había subido a Grandes Ligas en el 2014 y se perfilaba como pieza clave del futuro del club.

Me enteré de la noticia en medio de la Serie Mundial en el AT&T Park y, como todos los presentes, quedé sumamente impactado. La verdad es que me costó dedicarme por completo al Juego 5 de la serie entre los Reales y los Gigantes, aunque tenía la obligación de hacerlo, por supuesto.

La primera vez que conocí a Taveras fue en el 2012, justo en Kansas City, durante el Juego de las Futuras Estrellas. Al principio de este año, tuve la oportunidad de compartir bastante con él en el programa de orientación para novatos en el área de Washington, D.C.

También cubrí de cerca las últimas tres semanas de la carrera de Taveras con los Cardenales, empezando en Phoenix con la última serie de San Luis en la temporada regular contra los Diamondbacks y luego las primeras dos rondas de los playoffs.

Muchas veces decimos la siguiente frase: “Tuve el placer de…”. En el caso de Taveras, fue un verdadero placer cubrir lo que serían sus últimos partidos. De hecho, previo al Juego 5 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional entre los Cardenales y los Gigantes, me aseguré de conversar con el dominicano en el AT&T Park por si perdía San Luis. Mi frase específica fue la siguiente: “Espero que esto no sea una despedida, pero si gana San Francisco, me va a tocar clubhouse con ellos”.

Cuando me enteré de la muerte de Taveras, recordé aquella conversación y me dio escalofrío. Efectivamente, ganaron los Gigantes ese 16 de octubre y ésa fue la última vez que hablé con él. En esa ocasión, el joven me contó sus planes para el invierno, que incluían realizar un régimen de entrenamiento físico en la República Dominicana y jugar con las Aguilas Cibaeñas.

Pero más allá de lo que se hablaba de la pelota, el trato de Taveras siempre fue de primera clase. Siempre había una sonrisa, un dar de mano y una buena disposición para hablar. Aun cuando le tocó tocar temas espinosos, como las declaraciones de su GG John Mozeliak y su manager Mike Matheny acerca de su progreso y sus condiciones físicas, Taveras no se negó a hablar y encaró con valentía y con buena actitud la conversación.

Mi mejor recuerdo de Taveras fue la felicidad que compartió con sus compañeros y compatriotas Carlos Martínez (su gran amigo de la infancia también) y Jhonny Peralta, dentro de las celebraciones de los Cardenales este año después de ganar su división y luego de derrotar a los Dodgers en la Serie Divisional.

El Comisionado de MLB, Bud Selig, emitió un comunicado el domingo en el que declaró que la entidad estaba de luto y que dedicaba el Juego 5 de la Serie Mundial a la memoria de Taveras y su novia.

Definitivamente, estoy de luto yo también. EPD, Oscar Taveras.

Kansas City, epicentro de las Ligas Negras

KANSAS CITY – En esta ciudad el béisbol está en boca de todos, en ocasión de la primera participación de los Reales en la Serie Mundial desde 1985.

NEGRO LEAGUES MUSEUMLos éxitos del equipo dirigido por Ned Yost son la culminación de un plan a largo plazo del gerente general de Kansas City, Dayton Moore, quien a través de excelentes selecciones del draft y astutos cambios ha construido una franquicia ganadora por fin.

Desde aquel 1985, cuando los Reales derrotaron a los Cardenales para conquistar lo que ha sido su único título de Serie Mundial, se ha hablado relativamente poco de Kansas City en cuanto a béisbol se refiere. En el 2003 el dominicano Tony Peña, con un equipo que incluía al boricua Carlos Beltrán y al Novato del Año, el quisqueyano Angel Berroa, le dio algo de esperanzas a la fanaticada local cuando tuvo récord ganador y fue nombrado Manager del Año.

Pero esa felicidad duró muy poco. No fue hasta que llegó Moore con su “proceso”, como él lo calificaba, que los Reales por fin despegaron.

Ahora bien, cuando se habla de béisbol y Kansas City, hay un aspecto histórico que jamás se puede borrar: Las Ligas Negras, los circuitos de los jugadores afroamericanos antes de que se les permitiera jugar en Grandes Ligas a partir de 1947 con el debut de Jackie Robinson.

Lo que era conocido como las “Ligas Negras” tuvo sus raíces en esta misma ciudad en 1920. A través de los años nombres como “Cool Papa” Bell, Josh Gibson, Satchel Paige y el cubano Orestes “Minnie” Miñoso—entre muchos otros—brillaron en dichos circuitos mientras se les prohibía ser incluidos en las Grandes Ligas por cuestiones de racismo.

Antes de que existieran los “Reales”, los Monarcas de Kansas City fueron un pilar de las Ligas Negras entre 1920 y la década de los 60. Los Monarcas ganaron 13 títulos de su liga y dos Series Mundiales de Ligas Negras, siendo una dinastía en sus primeros años gracias en parte a los aportes del lanzador cubano José Méndez, “El Diamante Negro”, quien fungió como jugador-manager del equipo. Entre los futuros ligamayoristas que estuvieron en un momento u otro en sus filas se encuentran Paige, Robinson, Ernie Banks y Elston Howard.

Con una historia tan destacada en los anales de las Ligas Negras y el béisbol afroamericano en sentido general, la ciudad de Kansas City es sede del Museo de Béisbol de las Ligas Negras.

En ocasión de la Serie Mundial del 2014 entre los Reales y los Gigantes de San Francisco, el Museo tiene prevista una fiesta el martes por la noche para ver el Juego 1 del Clásico de Otoño. Al día siguiente dirá presente Sharon Robinson, hija de Jackie, para leerle a un grupo de niños invitados. Más tarde, un grupo de integrantes del equipo campeón de los Reales de 1985—incluyendo a los afroamericanos Frank White y Willie Wilson—darán una charlea sobre sus recuerdos de aquella temporada.

Desde hace muchos años, se ha visto un declive en la participación de los afroamericanos en el béisbol, algo reflejado en la disminución de su representación en las Grandes Ligas.

En esta edición de los Gigantes, no hay un solo afroamericano incluido en el roster de la Serie Mundial. Y estamos hablando de una franquicia en la que brilló Willie Mays (otro egresado de las Ligas Negras), Willie McCovey, Bobby Bonds y, por supuesto, Barry Bonds.

Sin embargo, del otro lado Lorenzo Cain, Jarrod Dyson y Terrance Gore han sido parte íntegra de los éxitos de los Reales este año.

La Oficina del Comisionado ha tratado en los últimos años de impulsar el béisbol en localidades y vecindarios mayormente afroamericanos con el Programa “RBI” (Reviving Baseball in Inner Cities).

Pero durante unos días por lo menos, la rica historia de los afroamericanos en el béisbol antes de la era de Jackie Robinson puede recordarse en esta ciudad del jazz, de la buena carne asada y del equipo campeón de la Liga Americana.

La falta de bateo oportuno le hizo mucho daño a L.A.

SAN LUIS – Cuando se habla de una nómina de casi US$240 millones, se habla de expectativas. Los Dodgers están acostumbrados a esa clase de presión, ganando en el 2014 su segundo título del Oeste de la Liga Nacional en forma consecutiva.

Yasiel PuigSin embargo, por también por segundo año consecutivo, Los Angeles cayó en playoffs ante un equipo de los Cardenales con menos glamour, pero con más garra en el momento de la verdad.

“Teníamos altas expectativas, no dimos la cara cuando necesitábamos hacerlo y perdimos la serie”, dijo el toletero mexicano Adrián González, quien terminó la Serie Divisional vs. San Luis de 16-3, con un cuadrangular y tres empujadas. “Ellos supieron dar los jonrones importantes y no nosotros no, y ésa fue la diferencia en la serie.

“Pero creo que aquí hay dos equipos que se verán las caras durante muchos años. Este año no pudimos hacer el trabajo”.

Aparte de los colapsos de Clayton Kershaw y del bullpen de los Dodgers en los innings 7 y 8—cuando los Cardenales hicieron casi todo su daño con el madero—la falta de bateo oportuno de Los Angeles fue una de las grandes diferencias entre los dos equipos, tal como lo señaló González.

Mientras los Cardenales batearon .310 con corredores en posición de anotar, los Dodgers registraron apenas .195, con sólo dos extrabases. Además, una de las grandes bujías de los azules, el cubano Yasiel Puig, fue sentado para el Juego 4 (entró al final como corredor emergente) después de poncharse ocho veces en nueve turnos entre el primer encuentro y el tercero choque de la serie.

El resultado fue un total de tres carreras anotadas en los los últimos dos partidos de la serie. Así no se gana.

Al ponérsele el tema de la producción con corredores en posición de anotar al manager Don Mattingly, el capataz dio una respuesta evasiva—algo que no sorprende dado el dolor de la derrota unos minutos antes.

“Creo que cuando ves la temporada entera y analizas en qué aspectos te fue bien y en qué aspectos no, evalúas tu club a la hora de empezar de nuevo”, dijo Mattingly. “Veremos todo y dónde vamos a querer mejorar. Al final del día cuando pierdes, no te preocupas por una situación ni la otra, sino la victoria o la derrota”.

En otras palabras, claro que Mattingly está consciente del problema en la serie recién concluida. Ya no puede hacer nada al respecto.

En cuanto al futuro se refiere, la mayoría de las piezas clave de Los Angeles seguirán bajo contrato durante por lo menos un año más. Y sabemos que el dinero no es obstáculo en los predios de los Dodgers, así que las cosas se pintan bastante positivas.

El único agente libre de alto perfil y que haya aportado en la edición del 2014 de este equipo es el dominicano Hanley Ramírez, quien tuvo una gran serie al batear de 14-6 con un doble y dos empujadas, además de una sólida defensa en el campo corto. Y eso fue después de encabezar en la temporada regular a los torpederos de Grandes Ligas en OPS (porcentaje de embasarse más slugging).

A pesar de la posible partida de Ramírez, los Dodgers se perfilan como un equipo construido para competir a largo plazo. Pero como bien sabe A.J. Ellis—otra estrella de la serie vs. los Cardenales al terminar de 13-7 (.538) con cuatro bases por bolas, un cuadrangular, cuatro anotadas y OPS de 1.493—no hay nada escrito en el béisbol.

“No sabes cuántas veces estarás en esta situación con la oportunidad de hacer esto”, dijo Ellis. “No hay garantías en la vida y tampoco en el béisbol, eso es seguro. Sabemos lo difícil que fue llegar hasta este punto. No puedes darlo por hecho.

“Esto nos motivará a volver a ganar la división y jugárnosla en los playoffs”.

La mano firme de Mattingly es clave en Dodgers

LOS ANGELES – Se dice que Los Angeles es donde viven las estrellas. Y así es, si se trata de actores, músicos, cantantes y todo tipo de artistas y figuras faranduleras.

Don Mattingly, Dee Gordon, Darwin BarneyEl equipo de béisbol de Los Angeles (sí, Los Angeles…no Anaheim, en otro condado) también es una verdadera constelación de peloteros, con nombres y contratos que resultaron en una nómina récord de más de US$235 millones para el 2014. Dicho monto superó por unos US$32 millones lo que pagaron por su equipo los Yankees, los tradicionales “reyes” a la hora de “soltar el billete”.

Desde el 2012, cuando un consorcio controlado por Socios Guggenheim compró la franquicia de los Dodgers por más de dos mil millones de dólares, dicho grupo–que incluye a Magic Johnson–ha hecho una enorme inversión económica para devolver al equipo a la relevancia en el béisbol de Grandes Ligas.

Ha funcionado.

A pesar de sobre-pagar por algunos estelares de renombre, los Dodgers, su presidente Stan Kasten y su gerente general Ned Colletti han podido conformar un verdadero trabuco con jugadores de la talla de Clayton Kershaw, Zack Greinke, el dominicano Hanley Ramírez, el mexicano Adrián Gonzalez y Matt Kemp—por mencionar sólo algunos.

Hace un año, los Dodgers conquistaron el Oeste de la Liga Nacional y quedaron a dos victorias de alcanzar la Serie Mundial. En el 2014, repitieron como campeones de su división y ahora se preparan para volver a medirse en los playoffs a los Cardenales—el mismo equipo que los eliminó la temporada pasada.

¿Fue fácil volver a clasificar este año? Para nada.

Además de una lesión del as Kershaw al principio de la temporada, se ausentaron por tiempo notable del receptor A.J. Ellis, Ramírez, el dominicano Juan Uribe y Carl Crawford.

Sin embargo, es la misma profundidad de los Dodgers que en gran medida los salvó. Lo difícil para el manager Don Mattingly fue manejar todas las estrellas del equipo y su deseo de jugar—aun cuando no había cupo.

Mattingly, siempre calmado y diplomático, calificó como un “buen problema” el superávit de jardineros, por ejemplo. Pero cuando Matt Kemp tuvo que trasladarse del bosque central al derecho, abriéndole paso al cubano Yasiel Puig en el central, no hubo tanta armonía en Los Angeles. Y hubo potencial de más discordia cuando el regreso de Crawford y el surgir de Scott Van Slyke—además del reaccionar de Kemp en con el madero—básicamente relegaron a la banca a Andre Ethier.

El mismo Johnson, cinco veces campeón de la NBA como armador de los Lakers en la década de los 80, habló en días pasados sobre el reto de dirigir a un grupo de estrellas.

“Hay que manejar esos egos”, dijo Johnson en el cierre de la campaña regular de los Dodgers. “Todo el mundo señala la nómina como lo grande. Pero no se trata de eso, sino el crecimiento del equipo. Como dueños, estamos viendo eso”.

Johnson también elogia la actitud de Ethier por éste “no hacer un lío” por ser sentado, y a Kemp por aceptar su cambio de posición y aprovechar su tiempo de juego.

Esos no son los únicos temas en la cueva y el clubhouse de los Dodgers.

Cada vez que Puig, el súper talentoso pero a veces errático pelotero, mete la pata con un error mental, algunos medios instan a Mattingly a disciplinarlo o hacer un show por humillarlo. Pero el piloto jamás lo ha hecho—por lo menos a nivel público—y ha dejado que el joven madure en su primer año y medio de Grandes Ligas.

¿Y qué tal el altercado entre Puig y Kemp, captado por las cámaras, el mes pasado en Denver? Mattingly pareció calmar esas aguas también y los Los Angeles terminó la temporada regular con cinco victorias al hilo, bien afinados de cara a la postemporada.

En los Dodgers hay talento…mucho talento. Pero sin el equilibrio que siempre ha brindado Mattingly, aun cuando su propio futuro estaba en duda el año pasado, el equipo azul se pudo haber desmoronado con todo y sus estrellas.

Los Cardenales gozaron su final feliz en el desierto

PHOENIX – Para los Cardenales de San Luis, el último fin de semana de la temporada regular fue una montaña rusa de emociones que culminó no en el terreno de juego, sino en el dugout cuando se enteraron de que eran campeones de la División Central de la Liga Nacional gracias a una derrota de los Piratas en Cincinnati.

Cardinals Diamondbacks BaseballCon su segundo título divisional en forma consecutiva, los pupilos de Mike Matheny lograron evitar el Juego del Comodín—un partido de vida o muerte—y aseguraron su pase a la Serie Divisional contra los Dodgers desde el viernes en Los Angeles.

“Es el corazón que tenemos”, dijo el receptor de los Cardenales, el boricua Yadier Molina. “Estamos jugando béisbol estilo playoffs desde agosto”.

Definitivamente, este fin de semana fue la versión acortada de lo que fue su temporada regular del 2014: Bueno, suficiente, pero con tropezones en el camino y una lucha para anotar carreras.

Cuando San Luis sí pudo dar algunos batazos contra los Diamondbacks el viernes, falló el relevo y el dominicano Jhonny Peralta tuvo que vestirse de héroe con un hit productor en el décimo inning. Al día siguiente, el clubhouse explotó con aplausos y celebraciones cuando el dominicano Ramón Santiago dio jonrón con bases llenas para dejar en el terreno a Pittsburgh, lo cual les aseguró a los Cardenales por lo menos un empate en la cima de la Central.

Sin embargo, ese sábado por la noche San Luis volvió a quedar corto en la parte ofensiva y fue derrotado por un equipo de Arizona que se acercó a las 100 derrotas este año. Habría que esperar por lo menos un día más para saber quién sería campeón de la división.

El domingo, a unos minutos de arrancar su encuentro número 162 de la campaña en el Chase Field, los Cardenales vieron el resultado del juego entre Piratas y Rojos, en el que el héroe tanto en la lomita como en la caja de bateo fue el derecho dominicano Johnny Cueto.

Con esa derrota de Pittsburgh, los Cardenales podían relajarse un poco como campeones de la Central. De hecho, Matheny sentó el domingo a varios titulares, incluyendo al abridor y as del equipo Adam Wainwright, quien llegará bien descansado a su apertura del viernes en Los Angeles contra Clayton Kershaw en el Juego 1 de la Serie Divisional.

“Estábamos para jugar, pero eso fue un buen (descanso) para nosotros”, comentó Peralta, uno de los veteranos de San Luis que no jugó el domingo.

Para los Cardenales, el pitcheo abridor ha sido lo primordial en el 2014. Terminaron en el 24to lugar de Grandes Ligas en carreras anotadas. Pero gracias en parte a una rotación que tuvo la quinta mejor efectividad colectiva en la Liga Nacional, San Luis logró marca de 32-23 en juegos decididos por una sola carrera—incluyendo su victoria por 1-0 sobre los Diamondbacks que le dio al equipo una campaña de 90-72.

Otro contratiempo fue una lesión en el pulgar derecho de Molina, quien se perdió siete semanas de acción en julio y agosto. Pero los Cardenales supieron sobrevivir con Tony Cruz y A.J. Pierzynski detrás del plato hasta que volvió el puertorriqueño, un pilar y líder del equipo.

“Gracias a Dios pudimos hacerlo y la verdad muy contento por mis compañeros que lo hicieron todo cuando yo estaba ausente”, dijo Molina después del juego del domingo. “La verdad, muy contento por ellos”.

“Cada equipo tiene sus altas y sus bajas, pero yo creo que este equipo puede ir a la Serie Mundial, igual que el año pasado y hacer mucho más todavía”, dijo el derecho dominicano de los Cardenales, Carlos Martínez. “Tenemos mucha confianza en este equipo, tenemos más experiencia que el año pasado y yo creo que sí, podemos ganar la Serie Mundial”.

Ese es el optimismo de un clubhouse empapado de champán y cerveza, que fue exactamente cómo celebraron los Cardenales después de su último juego de la temporada regular en Phoenix.

“Es lo mejor que se puede sentir”, dijo Peralta, quien estará participando en su quinta postemporada en Grandes Ligas y su primera con San Luis. “Esto es un comienzo; falta más”.

Lo que les espera a los Cardenales no es nada fácil: Unos Dodgers armados de Clayton Kershaw, Zack Greinke, una fuerte ofensiva y sed de venganza, ya que San Luis derrotó a Los Angeles en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional hace un año. Pero por el momento, los Cardenales quisieron disfrutar el final feliz de una campaña regular llena de obstáculos.

“Le doy gracias a Dios por esta oportunidad. Ahora hay que aprovecharla e ir a la Serie Mundial”, expresó Martínez. “Desde un principio yo pensé que nosotros podíamos hacerlo. Tenemos buenos veteranos, buenos rookies y todo eso. Tenemos la confianza ahora de que podemos ganar. Nos dio lucha, pero gracias a Dios estamos aquí”.

Gibson reflexiona sobre su mando en Diamondbacks

PHOENIX – En su primera temporada completa como manager de Grandes Ligas, Kirk Gibson llevó a los Diamondbacks a 94 victorias y un título del Oeste de la Liga Nacional.

Kirk GibsonDespués de eso, todo se ha venido abajo. Arizona no logra una temporada ganadora desde aquel 2011. Kevin Towers, quien al igual que Gibson lucía como un genio en ese entonces, ya no es gerente general del equipo. Y con Tony La Russa instalado como “máximo ejecutivo de béisbol” de los Diamondbacks, Gibson no sabe si volverá a dirigir al noveno más allá de esta campaña.

Este fin de semana, Gibson habló sin pelos en la lengua sobre su situación y la de los Diamondbacks.

“Fuimos a los playoffs en mi primer año y yo sabía muy poco”, reconoció Gibson, nombrado Manager del Año de la Liga Nacional en el 2011. “Ahora es posible que sepa demasiado, no sé. Es lo mismo que cuando yo era jugador. Hubo años frustrantes, pero mi enfoque en ese entonces era tomar buenas decisiones y hacer buenas mejorías”.

Eso mismo trata de hacer ahora Gibson, en un ambiente que esencialmente es una prueba para el capataz en su intento de seguir con el timón. El capataz ha dicho que quiere aprender de La Russa. Ha dicho que conversa con La Russa, quien fue exaltado al Salón de la Fama hace menos de dos meses como manager de Grandes Ligas, de manera regular sobre estrategias y maneras de dirigir un juego. Y ha dicho que quiere usar la experiencia de un año tan difícil para reconstruir una cultura ganadora en el desierto.

“Vivo y aprendo todo el tiempo”, expresó Gibson, quien en sus cuatro años frente al club (asumió las riendas en medio del 2010) se ha vuelto mucho más expresivo con la prensa que cuando empezó su mando. “He aprendido mucho. Creo que cuando pasas por cosas como ésta, te hace reflexionar sobre ciertos aspectos. Obviamente cuando no vas bien te preguntas qué pudiste haber hecho para sacar un resultado diferente.

“Hago autoanálisis todo el tiempo. Nadie es más duro conmigo que yo. Eso viene con el trabajo, sea (la prensa) escribiéndolo o yo pensándolo”.

Claro, ni Gibson ni nadie pudo haber pronosticado que Patrick Corbin y David Hernández se perderían toda la temporada por lesiones en sus codos de lanzar. No era posible saber que A.J. Pollock, Mark Trumbo, Paul Goldschmidt y Bronson Arroyo—entre muchos otros–se ausentarían por tanto tiempo.

Al fin y al cabo, el manager puede controlar muchas cosas. Pero no todas.

“Hay tantos datos para digerir”, dijo Gibson sobre el aprendizaje de un manager. “Es cuestión de saber cuáles de ellos le compete a cada muchacho y cómo pones a los jugadores en posición para triunfar. A veces es un reto mayor hacer eso, porque hay cosas que no puedes controlar. Entonces, hay que saber manejar de la mejor manera las cosas que sí puedes controlar y tratar de poner en buena posición para triunfar a cada jugador”.

Ahora, faltando dos semanas en la temporada regular, los Diamondbacks tratan de terminar con dignidad de esfuerzo una campaña en que tienen la segunda peor marca de la Liga Nacional, 61-88. Y Gibson, por supuesto, trata de darle un toque positivo a esta recta final como su último argumento para retener su puesto.

“Si estuviéremos en el primer lugar con dos juegos de ventaja, habría presión. Estaríamos lidiando con muchas cosas”, expresó el dirigente, quien lleva récord de 351-367 frente a Arizona. “Preferiríamos estar lidiando con eso, pero no ése no es el caso. Entonces, sin importar dónde estés en la vida, todos lidiamos con mie#$@$@da todos los días. ¿Cómo lo enfrentas?

“Hay que tratar de ser consistente en tu mentalidad y en tu dirección”, continuó Gibson, de 57 años de edad. “En general, soy una persona con mucha determinación. He tenido momentos muy bajos en mi carrera, como todo el mundo. Pero tenemos familia, tenemos amigos y tenemos un grupo de apoyo dentro de la industria. Si necesitas nutrirte de energía con eso, lo haces. Si se te acaba la gasolina, vas a la gasolinera. Tu vida es lo mismo. Tienes que mantenerte artillado”.

Como jugador, Gibson fue autor de dos de los jonrones más recordados en la historia de la Serie Mundial—ambos contra relevistas que ahora son inmortales de Cooperstown. El primero fue ante Rich “El Ganso” Gossage en 1984 para ayudar a los Tigres a vencer a los Padres, mientras que el segundo fue vs. Dennis Eckersley y los Atléticos en 1988, batazo que le dio una emocionante victoria a los Dodgers cuando Gibson apenas podía caminar.

Ahora bien, no todo fue color de rosa para Gibson como pelotero. Mucha gente lo veía más como jugador de fútbol americano que de béisbol, cuestionando su habilidad de triunfar en la pelota. Pero el oriundo de Michigan superó esas dudas y muchas lesiones para hacerse sentir y ser elegido Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en 1988.

“Cuando gané un campeonato como jugador, pensé en todos esos momentos”, manifestó. “Mucha gente dudó de mí y dijo cosas crueles, sobre mí y directamente a mis padres. Les dije, ‘Manténganse callados, seguiremos firmes y haciendo las cosas de la manera correcta. Tendremos nuestro día’. Y lo tuvimos. Eso lo llevo conmigo hasta hoy en día”.

El padre de Gibson falleció hace algunos años. Pero el piloto aún cuenta con el apoyo de su madre en estos momentos de tanta incertidumbre y una campaña para el olvido–sin importar la decisión que se tome sobre su futuro.

“Mi mamá me dijo que me quiere todavía”.

En el Chase Field nunca muere el 2001

Ender InciartePHOENIX – El 4 de noviembre del 2001 en Panamá, un Randall Delgado de 11 años veía por televisión en el cuarto de sus padres, junto a su hermano, el Juego 7 de la Serie Mundial entre los Yankees y los Diamondbacks.

En Las Tablas, Delgado—junto al resto de su familia y compatriotas—eran partidarios de los Yankees y Mariano Rivera, quien trataba de cerrar en el noveno inning lo que hubiera sido el cuarto título de Serie Mundial en forma consecutiva para Nueva York.

“Íbamos, ‘Mariano, Mariano’”, relató Delgado a LasMayores.com.

Pero el destino no estuvo del lado de los Yankees, a pesar de tener un roster con calidad dinástica y contar con la simpatía de tantas personas por los ataques terroristas del 9/11, ocurridos menos de dos meses antes. Luis González se convirtió en el héroe de la serie al dar batazo de oro frente al panameño Rivera y ponerle fin a uno de los Clásicos de Otoño más emocionantes en la historia.

“Nos quedamos con la boca abierta en ese momento”, dijo Delgado, relevista de Arizona desde el año pasado. “Íbamos todos a los Yankees en esos tiempos, con Mariano”.

El fin de semana pasado, casi 13 años después, a Delgado le tocó vestir el mismo uniforme con morado y verde azulado que usaban los Diamondbacks cuando ganaron aquella Serie Mundial. En ocasión del Alumni Game (Juego de “Egresados” del equipo de Arizona) que se realizó por tercera ocasión en el Chase Field, los pupilos de Kirk Gibson vistieron el uniforme original de los Diamondbacks.

En el Chase Field, reina la nostalgia. Cuando el fanático entra al estadio, lo primero que ve es un televisor que pasa de manera continua aquella novena entrada del Juego 7 del 2001. Y cuando se habla de los uniformes “retro”, el recuerdo siempre es de lo que ha sido hasta ahora el único campeonato conquistado en Phoenix entre los equipos de los deportes tradicionales de los Estados Unidos.

“Siempre hemos pedido usarlos para otros juegos aparte de este partido (Alumni Game)”, dijo Gibson. “Tiene cierto atractivo, y hay mucha tradición por supuesto con esos jerseys”.

Otro integrante de los Diamondbacks que gozó la experiencia de usar el uniforme retro fue David Peralta, quien vio a los 14 años aquel Juego 7 hasta muy tarde en Venezuela—a pesar de que tenía que levantarse bien temprano al día siguiente, un lunes.

“Es una emoción”, dijo el jardinero de Arizona. “Nunca imaginé que iba a usar ese uniforme algún día, después de ver esa Serie Mundial en casa cuando yo era niño”.

Los antiguos colores de los Diamondbacks provocan muchas emociones en el desierto. El equipo, nacido en 1998, ganó tres títulos divisionales y esa corona de la Serie Mundial en sus primeros cinco años. González pertenece a la “realeza” de figuras deportivas en la historia del Valle del Sol. Y Bob Brenly, manager de aquel equipo campeón del 2001, es en la actualidad comentarista de las transmisiones del equipo por televisión.

Ahora el reto es no vivir de la tradición, sino forjar nuevos éxitos en Arizona. El invierno debe de traer muchos cambios, con un equipo que no logra una temporada ganadora desde el 2011 y que ha depositado su confianza en el Salón de la Fama Tony La Russa como “máximo ejecutivo del béisbol”.

Me parece que a los Diamondbacks les esperan más tiempos difíciles antes de ver mejorías profundas en la organización. Pero de vez en cuando, no cae mal un respiro para recordar el glorioso pasado—y en el caso de Delgado, gozar una de esas vueltas que da la vida al vestir el mismo uniforme que le partió el alma tanto tiempo atrás.

Oliver disfruta ser un “jugador de casa” en Arizona

PHOENIX – Para Oliver Pérez, la “ventaja de local” tiene un significado especial. El relevista mexicano de los Diamondbacks ha logrado algo que anhelan muchos jugadores de Grandes Ligas, pero que por el negocio del béisbol pocos consiguen: jugar en casa.

Oliver PerezPérez tiene contrato hasta el final del 2015 con Arizona, cuya sede es Phoenix—residencia del zurdo durante gran parte del año—y en la Liga Mexicana del Pacífico pertenece a los Tomateros en Culiacán, su ciudad natal y donde se siente en casa cuando participa en el béisbol invernal.

“Para mí fue un gran honor jugar aquí, porque es prácticamente una segunda casa”, le dijo Pérez a LasMayores.com en el Chase Field de Phoenix durante la serie entre los Diamondbacks y los Padres. “En el invierno me toca jugar donde yo vivo y ahora que me toque aquí, como jugador es el mejor regalo que uno puede tener”.

Con la excelente temporada que está teniendo Pérez en Arizona—1.95 de efectividad saliendo del bullpen de los Diamondbacks—el veterano de 33 años fue mencionado en rumores de cambio de cara a la fecha límite de canjes sin el proceso de waivers del 31 de julio. Pérez no fue negociado por la gerencia en esa ocasión, pero aún existen posibilidades de una transacción antes del 31 de agosto, en caso de que el pitcher haya pasado por la lista de waivers sin ser reclamado.

“Yo sé que es un negocio, pero de verdad como jugador de casa me gustaría quedarme aquí el tiempo que se pueda”, dijo Pérez al respecto. “Ya me han cambiado dos veces (en medio de una temporada, en el 2003 de San Diego a Pittsburgh y en el 2006 de Piratas a Mets). Entiendo que el béisbol es así y hay que seguir luchando, tratar de ayudar al equipo en lo que más se pueda”.

Hace tres años, era difícil imaginar que para estos tiempos Pérez sería una pieza tan cotizada. Después de dos temporadas para el olvido con los Mets en el 2009 y el 2010, el zurdo se pasó todo el 2011 en liga menor de los Nacionales, sin recibir la llamada para subir al equipo grande de Washington.

Pero con persistencia tanto en Estados Unidos como en México durante el invierno, Pérez pudo reinventar su carrera como relevista a partir del 2012 en el sistema de los Marineros de Seattle.

Desde entonces, Pérez ha sido un relevista de suma calidad con los Marineros y desde este año con los Diamondbacks.

“El mismo béisbol me dio la segunda oportunidad. Me dio la oportunidad de ser relevo”, explicó el lanzador, quien ha registrado más de 10 ponches por cada nueve innings en el 2014, con WAR de 1.1—el mejor del cuerpo monticular de los Diamondbacks. “Me gusta porque en el relevo tú tienes la oportunidad de pitchar todos los días y por eso es el puesto que me gusta. Me siento contento con el trabajo en el que estoy ahorita y hay que seguir trabajando para dar más años”.

En cuanto a béisbol invernal del 2014-15 se refiere, Pérez aún está indeciso.

“Quisiera terminar la temporada saludable, que es lo más importante”, expresó. “Me encantaría jugar en Culiacán; ojalá no me pongan en la lista esa de fatiga extrema. Pero necesito terminar la temporada y de ahí tomaré la decisión”.

 

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