September 2009

Jeter, Rose y la marca de hits

PHOENIX — Sí,
esto se trata de un escrito más sobre Derek Jeter. Desde que el torpedero
rompió la marca de hits conectados en el equipo de los Yankees, mucho se ha
dicho sobre la hazaña del capitán de los Mulos.

Claro, es
bien impresionante, ya que supera a nombres como Ruth, DiMaggio y Mantle…y por
supuesto a Lou Gehrig, que ahora está en el segundo lugar de todos los tiempos
en el equipo del Bronx.

Y cuando se
trata de los Yankees, vendrán columnas, blogs, entradas en “Twitter”,
comentarios por radio y reportajes en televisión con un aire de romanticismo,
como si todos tratáramos de aferrarnos de la idea de una época bonita, añorada
pero ya ida…¿pero acaso existió una era así, o se ve tan ideal nada más en
nuestras mentes?

En fin, de
eso no quiero comentar mucho, porque los devotos de los Yankees se van a
ofender si critico la utopía de “Yankeelandia”.

Lo que sí
quiero destacar es la idea de que Derek Jeter podría tener posibilidades de
alcanzar a Pete Rose en la lista de todos los tiempos en hits.

Tengo que
confesar que cuando surgió el planteamiento hace unos días, mi primera reacción
fue de escepticismo. ¿Alcanzar a Pete Rose? ¿4,256 hits?

Pero al ver
los números y que Jeter de hecho supera a Rose en el ritmo que lleva a la misma
altura de sus respectivas carreras, tengo que reconocer la consistencia de
Jeter en su producción.

En
diferentes momentos muchos han querido afirmar que el capitán ha sido un
pelotero sobre-estimado por gozar del cariño de todos en la Gran Urbe de Nueva
York, y por estar rodeado de tantos estelares en el equipo súper rico de los
Steinbrenner. Pero nunca lo he visto así, y mucho menos ahora analizando lo que
podría ser la proyección de Jeter cuando termine su carrera.

Nadie sabe
si Jeter podrá llegar ni cerca de Rose, o si terminará en el primer lugar de
todos los tiempos en hits. Pero el simple hecho de plantearse que podría llegar
a esa marca es de por sí uno de los mayores elogios que he visto en mucho
tiempo para un ligamayorista. Es un testimonio a lo que es salir al terreno
todos los días, muchas veces con dolores, producir todos los años y jugar bajo
el escrutinio de Nueva York y de los exigentes–muchas veces hasta el punto de
llegar a lo ridículo–dueños de los Yankees.

En eso, a
Jeter hay que reconocerlo.

Hasta la
Próxima, Desde el Desierto.

 

 

 

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