June 2011

Cleveland-Detroit, una lucha digna de ver

PHOENIX – Fue bueno ver de cerca a los Indios de Cleveland aquí en el desierto. El equipo dirigido por el dominicano Manny Acta ha dado la sorpresa por supuesto y, a pesar de algunos tropezones, sigue en plena pelea por el primer lugar de la División Central de la Liga Americana.

En dicha división podría pasar cualquier cosa. El único conjunto que descartaría por completo sería Kansas City. No le será fácil a Minnesota, pero aún no es hora de eliminarlos con papel y lápiz. Y por supuesto, los Medias Blancas de Ozzie Guillén no están tan lejos como para rendirse tampoco.

Ahora bien, dicho eso, en estos momentos el primer lugar se disputa exclusivamente entre Cleveland y Detroit. Debe de ser una lucha interesante, porque los Indios y los Tigres tienen algunas cosas en común, pero en otros aspectos son bien diferentes.

En lo que son similares es lo siguiente: Ambos llevan una fuerte camada latina. Detroit cuenta con nombres sonoros de Venezuela (Miguel Cabrera, Magglio Ordóñez, Víctor Martínez  y, en algún momento, Carlos Guillén) y de la República Dominicana (Jhonny Peralta y José Valverde). Lo mismo se puede decir de Cleveland, con Acta y sus compatriotas Carlos Santana, Fausto Carmona y Rafael Pérez, entre otros; los venezolanos Asdrúbal Cabrera, Carlos Carrasco y, en ocasiones, Jeanmar Gómez); y el colombiano Orlando Cabrera.

También se parecen las dos ciudades en cierto sentido. Ambas han sido golpeadas a nivel económico no sólo en la última recesión, sino desde hace unos 40 años, con la disminución de la manufacturación de autos en Detroit y el cierre de las tantas fábricas de otros productos en ambas urbes.

Pero hay diferencias abismales entre las dos organizaciones. Los Tigres tienen dinero para gastar, y le han dado contratos de mucho valor en los últimos años a Cabrera, Ordóñez,  Verlander y Valverde. En cambio, los Indios han tenido que dejar ir a muchas estrellas por sus limitaciones financieras. CC Sabathia y Cliff Lee son los dos nombres que más surgen a la hora de hablar del talento que ha tenido que dejar irse de Cleveland.

Esa misma diferencia refleja lo que son el presente y el futuro de ambos clubes. Los Tigres se ven en una situación en que están casi obligados a ganar ahora. A Ordóñez no le queda tanto tiempo en Detroit. Y quién sabe si éste será el último año del manager Jim Leyland en la “Ciudad de los Motores”. Definitivamente, Detroit está construido para ganar en el 2011. De su parte, los Indios quieren ganar ahora también, por supuesto. Pero con tanta juventud, se perfila la Tribu como un conjunto no sólo del presente, sino también del futuro.

Detroit-Cleveland es uno de los duelos más interesantes de las seis divisiones, y uno que estaremos siguiendo de cerca por los contrastes y por las tantas cosas que tienen en común.

Hasta la Próxima, Desde el Desierto

Diamondbacks vuelven a tener vida

PHOENIX – Por primera vez en esta temporada me refiero al equipo de Grandes Ligas que por lógica veo más de cerca: Los Diamondbacks de Arizona. De hecho, quiero hacer referencia al Oeste de la Liga Nacional, una división que en unos medios dominados por Yankees, Boston y la región del Este en general, no ocupa muchos titulares.

Vemos cómo arde la competencia en dicha división al igual que la temperatura veraniega del desierto. Aun sin Buster Posey, los campeones Gigantes se han mantenido en la cima o cerca de ella. Los Rockies, luego de unas semanas de mucha inconsistencia, lucen como un equipo peligroso a lo largo de la temporada. Pero la gran sorpresa es, por supuesto, ese equipo de los Diamondbacks, que vienen luchando tú a tú con San Francisco por el primer lugar.

La semana pasada se celebró aquí una serie de tres juegos entre Arizona y los Gigantes, con la cima del Oeste en juego. Cada partido fue bien reñido. Brian Wilson tuvo que sudar para salvar los primeros dos triunfos de los Gigantes, preservando ventajas de una carrera con mucha gente en base. El tercer choque fue para los locales, gracias a un jonrón de oro de Justin Upton en el décimo inning, luego de que San Francisco empatara las acciones en el noveno.

En otras palabras, dicha serie fue una muestra perfecta de cómo ha sido la lucha en el Oeste de la Nacional: Reñida, batallada y ardiente. Los veteranos Gigantes, con todo y la pérdida por lesión de Posey, saben sacar las garras en los momentos indicados. Y los Diamondbacks, una mezcla de juventud y veteranía bajo el mando de Kirk Gibson, están aprendiendo a ganar los juegos apretados que con tanta frecuencia perdieron en el 2009 y el 2010.

Obviamente una gran diferencia es el bullpen, que fue todo un desastre el año pasado. Con J.J. Putz como cerrador y David Hernández como preparador de mesa, los Diamondbacks por fin tienen brazos confiables para preservar las ventajas o mantener los empates de ser necesario. En ese sentido el experimentado gerente general Kevin Towers ha puesto su mayor sello en el equipo.

El pitcheo abridor ha sido sólido también. Ian Kennedy, Daniel Hudson y Josh Collmenter han sido los principales ganadores, con Joe Saunders y Zach Duke completando la rotación.

Del lado ofensivo se ha visto una gran mejoría. Han pasado de poncharse demasiado—Mark Reynolds y Adam LaRoche eran dos de los mayores culpables—a ser un equipo que realiza turnos más aguerridos, haciendo trabajar al pitcher contrario. Además, están mucho mejor en las cosas pequeñas, como por ejemplo avanzar a los corredores y empujar al corredor desde la tercera con menos de dos outs.

Ese estilo tampoco ha eliminado por completo el trueno en los bates. Han producido buenos números de poder y/o empujadas nombres como Upton, el venezolano Miguel Montero, Chris Young, Stephen Drew y Ryan Roberts, entre otros.

En fin, los Diamondbacks han sido una sorpresa bien agradable no sólo aquí en el desierto, sino para todos los que siguen de verdad el béisbol de Grandes Ligas, más allá de Yankees y Boston. Lo bueno para los que estamos aquí es que por primera vez en mucho tiempo, podríamos ver juegos importantes hasta el final de la temporada.

Hasta la Próxima, Desde el Desierto

Grandes Ligas sin divisiones…un error

PHOENIX – Mucho se ha hablado sobre un posible ajuste en el sistema de divisiones en Grandes Ligas. Son ideas preliminares que tendrán que discutirse como parte del nuevo acuerdo colectivo entre los dueños y la Asociación de Jugadores, así que ahí no hay nada inminente.

Lo principal que se ha informado es que se eliminarían las divisiones, al menos su relevancia en la clasificación para los playoffs. Habría 15 equipos en cada liga (con los Astros mencionados como candidato para trasladarse de la Nacional a la Americana) y seis equipos clasificados de ambas, con el récord como factor determinante para decidir los sembrados y las ventajas de local.

Por un lado, tiene bastante sentido. Durante muchos años se ha castigado a equipos en las divisiones más difíciles que han terminado con récords superiores a escuadras que clasifican como campeones de las más débiles. En particular, se señala al Este de la Americana como el mayor ejemplo de las injusticias, ya que muchas veces el equipo de tercer lugar quedaría fuera, a pesar de tener mejor marca que el ganador de la Central u Oeste del Joven Circuito.

Sin embargo, hay algo que tiene Grandes Ligas que las destaca de otros deportes profesionales como el básquet de la NBA: las rivalidades divisionales, que contribuyen mucho al calor competitivo no sólo de los equipos, sino de sus respectivas fanaticadas. Es buena para el negocio esa rivalidad entre Yankees y Medias Rojas, la de Cachorros-Cardenales y Dodgers-Gigantes. Al ser rivales divisionales, disputan una mayor proporción de partidos entre ellos. Definitivamente, es algo que nutre el “glamour” del juego, además de ayudar en la venta de taquillas.

La verdad es que por el lado frío del análisis competitivo, sería mucho más justo la clasificación por récord. Pero cuando se habla de la parte sentimental y tradicional de las rivalidades de más sazón, creo que conviene mantener algún sistema divisional, para conservar la anticipación que conlleva cada serie entre viejos enemigos, ni hablar de lo que es todavía una lucha a veces hasta el último día por un verdadero “banderín” de una división.

Hasta la Próxima, Desde el Desierto

Los Cardenales han sabido perseverar

PHOENIX – Durante los entrenamientos los Cardenales de San Luis, considerados uno de los favoritos para competir por el título de la División Central de la Liga Nacional, sufrieron dos golpes bien duros.

El más fuerte, al menos en cuanto al 2011 se refiere, fue la lesión del as Adam Wainwright, quien tuvo que someterse a una cirugía Tommy John y no vuelve hasta algún momento del 2012, en el mejor de los casos. El otro fue la falta de un acuerdo para una extensión de contrato entre el equipo y el superastro dominicano Albert Pujols, quien podría convertirse en agente libre después de este año.

Pero durante la temporada ha ocurrido algo curioso en San Luis: Aun sin Wainwright el pitcheo abridor ha sido sólido, el equipo ha bateado muchísimo—con todo y el lento comienzo de Pujols, que ahora está más encendido que nunca—y la tropa de Tony La Russa está en el primer lugar, presumiendo la mayor cantidad de victorias en la Gran Carpa a partir del 8 de junio.

Son muchas cosas que le han salido bien a San Luis. Nuevas adquisiciones como Lance Berkman y Ryan Theriot han rendido muchísimo con el bate. Pujols se ha destapado en la última semana y Matt Holliday, antes de lesionarse, también estaba arrasando.  Los Cardenales han anotado la segunda mayor cantidad de carreras en Grandes Ligas (308), sólo superados en ese sentido por sus fuertes rivales de ahora, los Rojos de Cincinnati.

En el montículo, el mexicano Jaime García, Kyle Lohse, Jake Westbrook, Kyle McClellan y Chris Carpenter han formado una rotación formidable, manteniendo en juego al equpo con mucha consistencia.  El pitcheo abridor de San Luis llegó a esta fecha con efectividad colectiva de 3.75, más que suficiente para un equipo que ha bateado tanto.

El bullpen ha sido un caso aparte. Luego de un desastroso inicio del cerrador Ryan Franklin y algo de inconsistencia del venezolano Eduardo Sánchez en dicho rol, el mexicano Fernando Salas ha dado la cara como taponero, salvando 11 juegos en 12 oportunidades, con excelente efectividad de 1.88.

Si no hubiese sido por esa situación en el primer mes y medio de la temporada, los Cardenales estarían aun más cómodos en la cima de su división, ya que han desperdiciado 11 oportunidades de salvamento en lo que va de la campaña. Pero ahora con Salas, Sánchez (como preparador de mesa) y hasta el veterano dominicano Miguel Batista saliendo del bullpen, junto al lanzallamas Jason Motte, San Luis parece haber corregido ese aspecto del juego.

Los “intangibles” de siempre de parte de La Russa se han visto otra vez en el 2011. El dirigente veterano ha sabido integrar a jóvenes como Allen Craig y Daniel Descalso, antes y después de las lesiones de piezas clave como Holliday y el tercera base David Freese. Y qué decir del coach de pitcheo Dave Duncan, cuyo cuerpo monticular ha brillado con una mezcla de veteranos y jóvenes que, en el papel, no llaman tanto la atención pero que en el terreno sí producen los resultados…como ha sido el caso de Duncan casi siempre.

La personalidad del equipo se caracteriza por un liderazgo que claramente ejercen Pujols y el receptor boricua Yadier Molina. Con mucha frecuencia se les ve tomando control del ambiente en el cuadro y en el montículo, como el 7 de junio cuando Salas afrontaba una situación complicada de bases llenas en el octavo inning vs. Houston. Fueron a la lomita Pujols y Molina para conversar con el mexicano, y con el siguiente pitcheo Salas le pasó a Michael Bourne con una recta a mil para apagar el fuego y ayudar a San Luis a ganar el partido.

En un año que comenzó con muchas adversidades, los Cardenales han contado con el mejor resultado posible, viendo rendir a sus estrellas y a los que llegaron para cumplir un rol específico. Le ha salido prácticamente todo. Ahora a prepararse para una lucha férrea con Cincinnati y Milwaukee, que no dan señales de aflojar tampoco.

Hasta la Próxima, Desde el Desierto

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