July 2011

El peligro de los mega-contratos

PHOENIX – Si uno ignora lo que concedieron en cuanto al futuro se refiere (el gran prospecto del pitcheo, Zack Wheeler), es obvio que los Gigantes “dieron un palo” al adquirir los servicios del jardinero boricua Carlos Beltrán para el resto del 2011.

Beltrán debe de caer como anillo al dedo en San Francisco, equipo que ha carecido de ofensiva este año…es más, hasta cuando los Gigantes ganaron la Serie Mundial del 2010, no contaron con la clase de bateador que puede ser el veterano de Manatí, Puerto Rico.

Por supuesto, San Francisco y su gerente general, Brian Sabean, quieren que se repita la historia con Beltrán. Todo el mundo recuerda lo que hizo la última vez que se acercaba a la agencia libre, en el 2004. Ese año el guardabosque fue cambiado de Kansas City a Houston en medio de la temporada y le dio un gran impulso a los Astros, conectando 23 jonrones en 90 partidos en la campaña regular. Y ni hablar de lo que hizo en aquellos playoffs, con ocho jonrones, 14 empujadas y seis bases robadas (la gente olvida esa última parte) por un equipo de Houston que por poco llega a la Serie Mundial.

Beltrán aprovechó eso en el invierno 2004-05, recibiendo un contrato de siete años y US$119 millones de los Mets y su entonces gerente general, el dominicano Omar Minaya. Ahora que estamos en los últimos dos meses de dicho pacto, hay que reconocer algunas realidades.

Aunque Beltrán es un gran pelotero, con una excelente producción desde 1999 cuando fue Novato del Año de la Liga Americana, no justificó el mega-contrato que le dio Minaya.

La verdad es que tuvo tres temporadas excelentes en Queens, del 2006 al 2008. Es decir, tres de un total de siete años. En su primera campaña, el 2005, no llegó ni cerca de las expectativas. El 2009 y el 2010 fueron temporadas prácticamente perdidas, debido a lesiones en ambas rodillas. Y aunque ha respondido bastante bien este año—y no se puede subestimar el valor que podría traer Wheeler, quien llegó por Beltrán debido a la buena temporada de éste—es muy difícil decir que el boricua haya justificado en su totalidad el pacto con los Mets.

Eso me lleva a pensar en otros contratos a largo plazo de los últimos años. El dominicano Alfonso Soriano recibió un pacto de ocho años y US$136 millones de los Cachorros en el invierno 2006-07. El jardinero ha tenido algunos buenos momentos en Chicago desde entonces, pero ya no roba bases y su porcentaje de embasarse es de menos de .300 este año. Sus números de poder no han sido malos, pero ni se acercan a los de un toletero tradicional a este nivel. Es una clara exageración de la gerencia de los Cachorros el contrato de Soriano. En términos reales, están pagando el precio de eso.

Alex Rodríguez goza del mayor contrato de todos, 10 años y US$275 millones. Sigue siendo un buen productor de carreras en los Yankees, pero con las lesiones en la cadera y las piernas, más la edad, ¿de verdad justificará ese pacto? Claro que no.

Eso nos lleva a dos de los agentes libres de más cartel en el invierno 2011-12, los dominicanos José Reyes y Albert Pujols.

Reyes es joven y se encuentra en el apogeo de su carrera. ¿Valdría la pena darle siete años? Quien se base en el mercado de los últimos años dirá que sí. Pero con las lesiones y demás variables, siempre va a ser un riesgo, sobre todo para un pelotero que depende tanto de las piernas.

¿Y Pujols? Los 10 años que supuestamente pide son una clara exageración para un pelotero de 31 años de edad, aunque tiren el grito los más “Pujolistas”.

El contrato que está por completar Beltrán lo dice todo: en esta época, es muy difícil que alguien pueda justificar un pacto que sea de más de cinco años garantizados.

Hasta la Próxima, Desde el Desierto.

Cuenta regresiva al 31 de julio

PHOENIX – A unos días del 31 de julio, fecha límite para realizar cambios sin que los jugadores pasen por la lista de waivers, siempre es interesante ver cómo se mueven los gerentes generales, los representantes de los jugadores que podrían ser canjeados y la forma en que se especula en los medios de comunicación.

Normalmente son unos pocos equipos poderosos que siempre están en la cima o cerca de ella, listos para agarrar estrellas en ascenso o nombres veteranos de pobres conjuntos que nunca tienen chance de estar en la pelea.

Pero este año vemos dos equipos sorpresa que definitivamente podrían y deben ser “compradores” en vez de “vendedores” en esta época de cambios: los Piratas y los Indios. Nadie hubiese pronosticado (con la excepción del manager de Cleveland, el dominicano Manny Acta) que Pittsburgh y Cleveland estarían en posición de clasificar a esta altura de la temporada.

Ahora para competir en sus respectivas divisiones, van a tener que al menos contemplar hacer algún movimiento para reforzarse. En la Central de la Americana, ya lo hizo Detroit con la adquisición del tercera base dominicano Wilson Betemit. De su parte, los Piratas firmaron al pitcher Jason Grilli, pero por ahí tendrían que aparecer más refuerzos para los Bucaneros.

El obstáculo para estos dos equipos, por supuesto, es que no cuentan con tanto dinero para asumir la responsabilidad de un gran salario. Y, cuando se trata de ceder prospectos por un jugador “alquilado”, no pueden darse el lujo de sacrificar el futuro, porque en ese futuro no podrán comprar talento caro en el mercado de la agencia libre, como lo hacen tanto equipos de más recursos económicos.

Ahora bien, en estos días habrá que ver cómo tratarán de mejorar sus rosters los colosales como Yankees, Boston y Filadelfia. Los ricos se volverán más ricos, como siempre.

Pero al margen de eso, quiero ver cómo se manejan los gerentes generales de Piratas, Indios, Bravos, Diamondbacks y Cerveceros, que no cuentan con la chequera de los otros y tienen que tener un ojo puesto en el futuro. Ahí es que se ve quién es el hombre de béisbol inteligente y quién no. Las cosas podrían pintarse bien diferentes a partir del 1ro de agosto, dependiendo de las decisiones de cada uno.

Hasta la Próxima, Desde el Desierto.

Mi “reencuentro” con Bautista

PHOENIX – Dicen que la vida da muchas vueltas. No hubo mejor ejemplo de eso que un día hace poco más de un año en el Chase Field de Phoenix, sede del Juego de Estrellas del 2011.

Aquella vez en mayo del 2010, los Azulejos de Toronto estaban en medio de una serie interligas con los Diamondbacks. Acudí al estadio con la idea de hacer una nota sobre un trío latino que producía jonrones de manera abrumadora en el equipo canadiense: los dominicanos José Bautista y Edwin Encarnación, más el venezolano Alex González.

Hablé con Encarnación y González en el clubhouse de Toronto y nada más me faltaba Bautista, quien realizaba una entrevista en inglés con otro periodista. Cuando terminó, me le acerqué, pensando que nunca había hablado con él (había seguido su progreso de lejos, pero nunca me había tocado estar en el mismo estadio).

Cuando por fin le saludé, él me vio y me dijo, “Hey man, how’re you doing?” (Hey hombre, ¿cómo estás?). Le contesté que pensaba que me confundía con otro—aún pensando que nunca habíamos hablado. Él me respondió que no, que yo había sido su maestro de inglés en la República Dominicana.

Efectivamente, resulta que hace 17 años, cuando yo—en otra vida—daba clases de inglés en un instituto de Santo Domingo, uno de mis alumnos fue nada más y nada menos que Bautista, cuando tenía unos 14 años. Él me recordaba a mí, pero tuve que confesarle que no yo no me acordaba de él como estudiante.

Fue muy grata sorpresa. Me concedió la entrevista en español y luego charlamos bastante en inglés—como lo habíamos hecho años antes en un ambiente más educativo—y me contó bastante sobre su trayectoria en el béisbol, su familia y su vida en Toronto.

Desde entonces lo he visto en los últimos dos Juegos de Estrellas, siempre con un saludo bien cálido además de la entrevista que nunca pueda faltar al tratarse del mayor jonronero de los últimos dos años.

Lo impresionante de Bautista fuera del terreno es su trato con los medios y con la gente en sentido general, aun siendo ya una superestrella. Su disponibilidad y la forma en que habla—con precisión y confianza, pero a la vez humildad—lo hacen lucir como una estrella tanto vestido de “civil” como de pelotero.

Y claro, quisiera pensar que en algún momento puse mi granito de arena al escuchar lo bien que Bautista habla el inglés…aunque para ser honesto, creo que en ese campo también pesa más el talento que el instructor.

Hasta la Próxima, Desde el Desierto

Juego de Estrellas: De todo un poco

PHOENIX – Por primera vez en su historia, esta ciudad será “home club” para un Juego de Estrellas. Mucho se hablará del intenso calor de verano en Arizona, de las injusticias de jugadores que no fueron convocados y, por supuesto, lo que estará en juego: Ventaja de local en la Serie Mundial para la liga que gane el partido.

Como tantas cosas en el deporte, el Juego de Estrellas ha cambiado mucho en las últimas décadas.  En lugar de ser un simple partido, se ha convertido en todo un show, con múltiples eventos. El Juego de las Futuras Estrellas, el Softbol de Leyendas y Celebridades y el Festival de Jonrones son algunos de los elementos que no veíamos hace 30 años. Además, tenemos el Festival de Fanáticos y las tantas fiestas—oficiales y no oficiales.

Con todo eso, uno podría llegar a pensar que el Juego de Estrellas se ha convertido en puro espectáculo, si no fuera por el hecho de que sí tiene como premio la ventaja de la casa para la liga del equipo que gane.

Ahora bien, con todo y eso, tengo que confesar algo: Con tantas cosas alrededor del juego en sí, a veces me mareo a la hora de recordar qué pasó en tal o cual Juego de Estrellas. Son tantos peloteros, tantos cambios de pitchers, tantas alternativas y estrategias y, hace tres años, tantos innings (15, para ser exacto).

Para mí, hay dos elementos del evento que es el Juego de Estrellas que siempre son fructíferos. Primero, el Juego de las Futuras Estrellas. Estaré “twitteando” de nuevo desde la cueva del Equipo del Mundo. Siempre es un gran privilegio estar dentro del dugout en el momento en que se realiza un partido, sin importar el nivel ni la condición del juego, en este caso una especie de juego de estrellas. Lo que se escucha y lo que se ve desde ahí no tienen precio. A mucha gente le gusta hablar del “inside”. Pues eso es “inside”.

El otro es la oportunidad libre de acumular material para reportajes más allá del mismo Juego de Estrellas. El acceso a los peloteros es buenísimo y nos da la oportunidad de sobra para escribir.

En fin, el Juego de Estrellas es mucho más que un partido ahora. Hay que aprovecharlo en toda su magnitud, y luego tratar de enfocarnos en el partido del martes. Es para marearse.

Hasta la Próxima, Desde el Desierto

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.