October 2011

Se hizo historia en San Luis

SAN LUIS – Ya con la oportunidad de descansar un poco y quitarme el olor a champaña, puedo reflexionar sobre la Serie Mundial del 2011 y la increíble victoria de los Cardenales de San Luis.

Mucho se ha hablado de los obstáculos que tuvieron que superar los pupilos de Tony La Russa para llegar a coronarse contra todos los pronósticos. Definitivamente, el 2011 representó un triunfo para la historia de parte del aguerrido equipo de San Luis.

La victoria en el Juego 7 no hubiese sido posible, por supuesto, sin el espectacular sexto choque en que los Cardenales estuvieron a ley de un strike de ser eliminados no una vez, sino en dos innings consecutivos. En ambas oportunidades sacaron de abajo para empatar el partido, para luego ganarlo en extrannings con cuadrangular del Jugador Más Valioso de la serie, David Freese.

Lo curioso de este acontecimiento es que realmente no hubo tiempo de valorar ese Juego 6 en todas sus dimensiones, ya que a menos de 24 horas tocaba el decisivo séptimo partido. La Russa y los jugadores de San Luis hablaron bastante de no poderse dar el lujo de gozar demasiado el triunfo del sexto choque de cara al Juego 7. Misión cumplida en ese sentido, ya que le pusieron punto final a su increíble aventura de septiembre y octubre con una victoria contundente sobre los Rangers.

Antes del Juego 7, conversando con un colega en el terreno del Busch Stadium, dije que el Juego 6 era el mejor partido de béisbol que había visto en mi vida. Él, más o menos de mi generación, me comentó que aún consideraba el Juego 6 de la Serie Mundial de 1986 el mejor que había visto. Ese fue, por supuesto, el momento del error de Bill Buckner de los Medias Rojas y la victoria de los Mets en extrainnings para mantenerse con vida.

Yo no compartía la opinión de mi colega.

Ese partido de 1986 fue uno de los más emocionantes de la historia, sin dudas. Y sí, igual que Texas este año, Boston estuvo a ley de un strike para coronarse en esa ocasión. Pero fue una sola vez. Con tres sencillos, un lanzamiento desviado que permitió que el juego se empatara y el error de Buckner, los Mets triunfaron y, dos días después (hubo una posposición por lluvia al día siguiente), Nueva York se llevó el título.

En el caso de los Cardenales y la Serie Mundial del 2011, fueron dos veces que estuvieron al borde de la eliminación, no una. Y su regreso fue el producto de turnos aguerridos ante buenos lanzadores, batazos bien conectados y cero errores de los Rangers. Tuvieron que remontar una desventaja de tres carreras a partir del octavo inning, anotando una en la octava, dos en la novena y dos en la décima…antes del dramático batazo de Freese en la undécima.

Después de plantearle todo eso a mi muy respetado colega, éste pareció cambiar de idea y coincidir en que el Juego 6 de este año fue lo mejor que ha visto en el béisbol.

Hay un cliché en el deporte que afirma que cuando hay una competencia de tanta calidad y de tantas emociones, es una lástima que tenga que perder uno de los dos. Puedo decir eso mismo sobre los Rangers de Texas, un equipo de mucha calidad y que me ha tocado cubrir bastante en los últimos dos años. Es un grupo repleto de verdaderos profesionales como los dominicanos Nelson Cruz y Adrián Beltré, el venezolano Elvis Andrus, Michael Young y Josh Hamilton, entre muchos otros.

Los Rangers parecen estar bien armados para el futuro, sobre todo con un nuevo contrato de televisión que los pone en muy buena posición económica para seguir implementando las acertadas decisiones del gerente general Jon Daniels y del presidente Nolan Ryan.

Pero al fin y al cabo, el 2011 perteneció a los Cardenales de San Luis, que brindaron a todo fanático del béisbol algunos de los momentos más brillantes de nuestra generación. Será algo para contarles a nuestros hijos y nietos.

El espinoso tema de Pujols y la prensa

ARLINGTON – El día libre entre los Juegos 2 y 3 de la Serie Mundial fue de muchas conversaciones y análisis sobre el cambio de clima, las posibilidades de más bateo en Texas y los pitchers del tercer choque, entre otras cosas.

Pero en boca de todos también estuvo el tema de Albert Pujols y otros tres estelares de los Cardenales que no estuvieron disponibles para hablar con los medios después del Juego 2 en San Luis. El caso del primera base dominicano fue el más llamativo, no sólo por tratarse de la mayor figura del equipo, sino también porque su error en el noveno episodio de dicho partido pesó mucho en la derrota de los Cardenales.

Al llegar a Texas y por fin conversar con la prensa, Pujols trató de justificar su ausencia diciendo que el encargado de relaciones con los medios del equipo no recibió ninguna solicitud de que saliera a hablar. Además, afirmó que si eso hubiera ocurrido, habría dado el tiempo necesario para hablar con los reporteros.

Es un argumento de muy poca lógica. Fácilmente Pujols, Yadier Molina, Lance Berkman y Matt Holliday pudieron haberse parado ante sus casilleros durante 10 minutos para contestar cinco, seis preguntas. Cuando ya no quisieran hablar, sólo hacía falta decir “<i>OK, guys, thanks</i>…y ya.

Claro que Pujols tenía que prepararse para el viaje hacia Texas con su familia. Claro que no es fácil contestar las mismas preguntas día tras día y noche tras noche…tampoco es fácil hacerlas.

Pero los que están presentes para cubrir este tipo de eventos están obligados a hacerlas y conseguir la reacción de Pujols o quien sea que haya sido protagonista en el partido, tanto del lado ganador como del perdedor.

Un reportero de más de 20 años en el periódico St. Louis Post-Dispatch me relató aquí algo que sucedió con Mark McGwire en San Luis en 1998, cuando él y el dominicano Sammy Sosa libraron la primera de sus dos épicas luchas jonroneras. McGwire—actualmente coach de bateo de los Cardenales—esperaba mucho tiempo para llegar a su casillero, a ver si el montón de reporteros esperando para entrevistarlo se cansaba y se iba.

En una ocasión salió McGwire de las duchas y le dijo lo siguiente al grupo de periodistas: “¿Por qué están aquí? ¡Sólo se trata de béisbol!”

En una sociedad no tan desubicada como la nuestra, su argumento tendría todo el sentido del mundo. Pero farándula y deporte acaparan los titulares y generan millones y millones de dólares. Por eso hay que darle tanta cobertura. ¿O es al revés?

La clave es ésta: si no fuera por la locura de los medios y el mercadeo con el deporte, serían inimaginables los salarios exagerados que ganan los atletas, y en este caso los peloteros de Grandes Ligas. Entonces, dar cinco o 10 minutos a los medios no parece tan fuera de lugar.

Son muchos los atletas que entienden eso desde el principio, mientras que hay otros que toman un tiempo para llegar a comprenderlo. Y hay otros que jamás han sabido asimilarlo.

Está claro que hay que ponerle límites al acceso de los medios. Ya los hay, y muchos. Pero mientras no haya una comprensión mutua del papel del periodista en relación con el atleta, surgirán situaciones incómodas como la de Pujols y el Juego 2.

C.J. Wilson, el pelotero “limpio”

ARLINGTON – Cada cierto tiempo aparece un ligamayorista que quiere destacarse del montón no en el terreno de juego, sino en sus ideas y en su supuesta capacidad intelectual.

Curt Schilling siempre fue famoso por eso. El Salón de la Fama Steve Carlton también lo fue, por lo menos antes de dejar de hablar con los medios en los años 70.

La versión de ellos de ahora es C.J. Wilson, abridor de los Rangers de Texas que tiene muchos ojos puestos sobre su figura. Primero, es el abridor número uno de un equipo de Texas que ha llegado lejos en los playoffs por segundo año consecutivo. Segundo, va a ser uno de los agentes libres más cotizados del invierno.

Pero Wilson lleva bastante tiempo llamando la atención por su estilo de vida. Según él, siempre ha pertenecido al movimiento <i>Straight Edge</i>, cuyos creyentes no consumen alcohol, no comen nada que no sea saludable y no incurren en la promiscuidad sexual.

Es decir, lo contrario al estereotipo de las actividades de un pelotero profesional fuera del terreno.

En la edición del 17 de octubre de Sports Illustrated, le dijo Wilson lo siguiente a Dan Patrick: “Nunca he consumido una gota del alcohol. Es un compromiso de toda la vida estar libre de alcohol y drogas.

“Hago tantas otras cosas, sea manejar carros de competencia, disparar ametralladoras o saltar de precipicios al océano. Hago muchas otras cosas medio extremas.”

Además de las “purezas” del cuerpo, el californiano ha hablado de política en varias ocasiones, afirmando que se frustra un poco al no poder hablar de la actualidad nacional y mundial con sus compañeros. Según Wilson, los peloteros no son dados a explorar muchas cosas más allá de su propio mundo.

Hay algo de verdad en eso. Pero tampoco les ha caído del todo bien a sus colegas, sobre todo cuando solía decir cosas semejantes en el 2007 y en 2008, época de las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos.

No todo el mundo quiere escuchar a un pelotero opinar sobre cosas más allá del béisbol. Y un jugador de Grandes Ligas puede tener un concepto exagerado de su propia condición de “hombre de letras” cuando la comparación es con una sub-cultura que no suele destacarse por el lado intelectual.

Pero en eso de la dedicación al estilo de vida saludable, sí es refrescante y un buen ejemplo de que el ser pelotero profesional no necesariamente tiene que ser acompañado de una parranda continua.  En ese sentido, bien hecho.

Detroit, un equipo suelto y relajado

ARLINGTON – Una de las cosas que más ha llamado la atención en los Tigres de Detroit ha sido lo suelto y relajado que han lucido los jugadores y el manager Jim Leyland, desde la Serie Divisional contra los Yankees hasta esta segunda ronda vs. Texas.

Todo el mundo conoce el show que suele montar el dominicano José Valverde cuando logra un juego salvado, sobre todo si le pone punto final con un ponche. Pero dentro del clubhouse es igual de alegre, haciendo chistes y poniendo a reír a todos en su alrededor.

El venezolano Miguel Cabrera, uno de los bateadores más temibles de Grandes Ligas, impone su estilo juguetón también, con chistes, muecas y gritos jocosos.

“Sabemos mantener sueltos a los muchachos que están al lado de uno”, me dijo Miguel en el Rangers Ballpark de Arlington. “Sabemos cómo hacer el tipo de cosas para que todo el mundo esté relajado y pueda hacer su trabajo.”

Hasta Leyland, un hombre de 66 años de edad y con 20 años de experiencia como manager de Grandes Ligas, se ha visto con una personalidad bien leve en esta postemporada. Antes del Juego 5 de la Serie Divisional en Nueva York, empezó su sesión con los medios con un elaborado chiste sobre un profesor que le había dado instrucciones de cómo manejar el pitcheo para ese partido decisivo en el Bronx.

Cuando anunció que Delmon Young se perdería la serie debido a una lesión de un oblicuo, dijo en tono de broma que le echaba la culpa a la prensa por haber interrumpido sus prácticas de bateo.

Y cuando un periodista le sugirió que han funcionado todos los movimientos que él y su homólogo en esta serie Ron Washington han hecho en esta temporada, contestó Leyland con un humor seco, “No has estado en Detroit, ¿verdad?”

“Tenemos una unión”, nos dijo el infielder dominicano Ramón Santiago. “Los muchachos siempre dan mucha energía, contentos.”

Los Tigres del 2011 no son el primer ni el último equipo en tener este tipo de ambientes. El ganar lo facilita, por supuesto.

Pero está claro que las grandes figuras ponen el tono relajado para que los felinos estén con la mejor mentalidad posible a la hora de salir al terreno.

“Todo el año hemos estado así con esa motivación de uno al otro”, dijo Cabrera, “y por eso estamos aquí.”

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