Los Marlins: ¿Mucha espuma y poco chocolate?

PHOENIX – En una temporada de gratas sorpresas como los Orioles, Nacionales y Piratas, los Marlins de Miami representan el otro lado de la moneda.

Todos vimos cómo los Marlins, junto a los Angelinos, se robaron el show de la temporada baja, primero con el cambio de nombre oficial en noviembre y luego sus movimientos agresivos en diciembre, durante las Reuniones Invernales, con la firma de José Reyes, Heath Bell y Mark Buehrle.

En total los Marlins gastaron US$191 millones en ese trío de estelares—y querían hacer más, ya que tenían en la mira a Albert Pujols, quien finalmente firmó por US$240 millones con los antes mencionados Angelinos.

Con el flamante manager Ozzie Guillén a la cabeza, junto a un equipo repleto de talento con Hanley Ramírez, Giancarlo Stanton y Josh Johnson–entre muchos otros–para acompañar a las nuevas adquisiciones, Miami parecía estar destinado a tener una gran temporada.

Sin embargo, hasta la fecha hay un solo adjetivo que describe a estos Marlins: Inconsistentes. Tuvieron 8-14 en abril, 21-8 en mayo (un récord de la franquicia para victorias) y en junio llevan 4-14, para un decepcionante récord global de 33-36.

Si vemos los números colectivos del equipo, hay algunas explicaciones. Los Marlins han anotado la tercera menor cantidad de carreras en la Liga Nacional (254). Es algo insólito cuando se trata de un lineup con Reyes, Ramírez, Stanton y Omar Infante.

Sí es verdad que ha hecho mucha falta Emilio Bonifacio, lesionado desde hace unas semanas. Pero Hanley batea .255 y se ha visto casi nulo en la ruta. Reyes ha puesto números decentes, pero nada que ver con la superestrella que fue el año pasado con los Mets. Gaby Sánchez ha decepcionado en grande, hasta el punto de ser enviado a liga menor por un tiempo.

En fin, la ofensiva de Miami no ha sido lo que se esperaba en el papel. Eso está claro.

En el pitcheo, los Marlins están en el 13er lugar de la Liga Nacional en efectividad colectiva (4.25). Su bullpen tiene el segundo peor promedio de carreras limpias del Viejo Circuito con 4.55, mientras que los abridores (4.11) ocupan en undécimo puesto de la liga.

De las nuevas adquisiciones del montículo, Bell ha salvado 14 juegos pero con efectividad de 5.68 y cuatro oportunidades de salvamento malogradas. Buehrle lleva un decente promedio de carreras limpias de 3.82, pero con marca de 5-8. Del resto, Carlos Zambrano y Aníbal Sánchez han tenido algunos buenos momentos, pero no ha sido suficiente. Ricky Nolasco ha sido un desastre, mientras que Johnson, señalado como el as de la rotación, tiene EFE de 4.18 y marca de 4-5.

En estos días el dueño del equipo, Jeffrey Loria—el mismo que gastó tantos millones en el invierno y un propietario conocido por su poca paciencia—sostuvo una reunión con los jugadores mientras el Miami era barrido por los Medias Rojas en Boston. Dicha junta no pareció dejar mucho efecto que digamos.

En estos momentos los Marlins están a ocho juegos de la cima del Este de la Nacional. Hay tiempo todavía para una recuperación, sobre todo con un comodín adicional desde esta temporada. Pero tampoco será fácil.

Si tratamos de sacar algunas conclusiones de lo que han sido los Marlins del 2012, llegamos a dos interrogantes:

¿Representa Miami otro ejemplo de la idea de que “no se puede comprar un título”?

¿Tiene Guillén la culpa de todo esto? Por segundo año consecutivo  al venezolano se le ha brindado un roster bien talentoso, sin los resultados deseados (así fue en los Medias Blancas del 2011). El manager no lanza ni batea, pero en algún momento hay que cuestionar los resultados que ha sacado Guillén en los años después de su mágica postemporada del 2005.

Urge un regreso de Bonifacio. Urge una mayor producción de Ramírez y Reyes. Urge un mejor pitcheo. Si las cosas no mejoran en Miami, nadie sabe cuál será el futuro que se veía tan brillante en la Pequeña Habana hace unos pocos meses.

3 Comments

Como fanático de los Marlins que soy, he de admitir que ver al equipo jugar por estos días es una tortura digna de la Edad Media. Duele que no sean capaces de oponer una mínima resistencia en el campo de juego. La bipolaridad extrema del plantel me sorprende, en especial por cómo pateaban traseros en mayo pasado. Ahora, aludiendo al título del post, yo creo que este equipo ni siquiera es espuma. O son todo -como en mayo- o nada -como en junio-. Hace falta una mayor estabilidad a lo largo del camino, pero en mi opinión, a los jugadores parece no importarles demasiado. Recién hoy se dieron cuenta de algo que Loria, Ozzie y todos nosotros sabíamos desde que comenzó el mes. Lo más sorprendente es que jugadores como Austin Kearns y Justin Ruggiano, por quienes nadie daba un centavo, han resultado ser las mejores piezas en la ofensiva, mientras los grandes nombres siguen muy por debajo de lo que se espera de ellos.

El diagnóstico es claro: o los Marlins se despiertan y comienzan a jugar como deben hacerlo o serán el hazmerreír del año no sólo en las Ligas Mayores, sino que en todo el universo del deporte norteamericano.

Saludos desde Santiago de Chile.

Los latinos son los que dictan la pauta en las grandes ligas, lo que pasa que al Sro. gullen no les gusta latinos en su equipo ese es el gran problema, cuando era manager de los medias blanca no le gustaba jugar con los latino que tenia en las banca eso es lo que pasa y el es que esta desarticulando el equipo de los Marlin, no es el dueño es a pedido de el. y soy venezolano igual que el a no verdad que el se cambio la nacionalidad discurpen.

Pingback: La montaña rusa de los Marlins « Desde el Desierto

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