August 2012

Estos Atléticos representan el verdadero “Moneyball”

PHOENIX – Se han hecho muchos análisis sobre los Atléticos de Oakland y cómo han sorprendido a todo el mundo con su excelente 2012. Si la temporada terminara hoy, el equipo del gerente general Billy Beane y del manager Bob Melvin clasificaría vía uno de los comodines de la Liga Americana.

Obviamente, nadie esperaba esto. Suficiente es decir que, con los aportes de los jóvenes que llegaron en los cambios por Gio González, Trevor Cahill y Andrew Bailey, más la llegada del cubano Yoenis Céspedes, los Atléticos se ven como un equipo formidable de cara al último mes de la campaña. Es algo que ni el mismo Beane ni su mano derecha David Forst veían venir.

Ahora bien, en esta columna sobre la edición de Oakland del 2012, se tocó el tema del libro y la película Moneyball, una especie de crónica y análisis de lo que hizo Beane y su staff para mantener a los Atléticos como un equipo de playoff en el 2002 tras la partida de estelares como Jason Giambi, Johnny Damon y Jason Isringhausen.  Como bien se destaca, el Oakland de hace una década todavía contaba con varios nombres de peso, incluyendo al dominicano Miguel Tejada, Eric Chávez y Jermaine Dye. Y ni hablar del pitcheo abridor, que era llevado por el formidable trío de Barry Zito, Tim Hudson y Mark Mulder. El resultado fue una racha de 20 victorias consecutivas en agosto, una temporada de 103 triunfos y un título del Oeste de la Americana.

Sí, fue impresionante cómo Beane en esa época se las ingenió para llenar algunos huecos en el equipo con la adquisición de Billy Koch (buen cerrador en un principio…no tan bueno al final y en playoffs), Ray Durham y John Mabry, entre otros. Y claro, Scott Hatteberg fue de gran protagonismo en Moneyball como un ejemplo de la nueva “sabermetría” de aquel entonces.

Pero es injusto afirmar que los Atléticos del 2002 ganaron “sin nada”. Tejada fue el Jugador Más Valioso de la Liga Americana ese año. Zito ganó el Cy Young (a pesar de las protestas de los fanáticos de Boston y Pedro Martínez). En otras palabras, hubo talento pulido y de primera categoría en esa escuadra del dirigente Art Howe.

Siempre he respetado lo que ha hecho Beane en Oakland con tan poco presupuesto. Es más, en los últimos años he “pujado” un poquito por los Atléticos, por ese mismo motivo. Jugando al lado de los Gigantes–un equipo de cierto poder económico que a veces parece dominar el mercado del Área de la Bahía de San Franicisco–Oakland se ve como el héroe de la película, el pobre que se supera para triunfar.

En el 2012, esa percepción se siente más fuerte que nunca y para mí, el concepto de Moneyball tiene mayor relevancia este año que en el 2002. No va a haber un JMV en esta edición de los Atléticos, ni un Cy Young. Lo que sí hay es un pitcheo abridor de gran nivel, un bullpen que poco a poco ha encontrado su ritmo y un bateo que ha hecho lo suficiente para respaldar a los brazos.

¿Y con qué han hecho todo esto? Con el talento joven que acumuló Beane y Forst, más algunas adquisiciones bien astutas. Según el USA Today, Oakland tiene la segunda menor nómina de Grandes Ligas, poco más de US$55 millones. Eso se llama Moneyball de verdad.

White Sox con un camino poco común hacia el éxito

PHOENIX – Fue interesante ver lo expresado en esta semana por Ken Williams, gerente general de los Medias Blancas de Chicago. Diferente a muchos de sus homólogos en Grandes Ligas, cada cierto tiempo Williams comparte en persona con los reporteros que cubren a su equipo día tras día.

Esta vez, alguien planteó que el GG de Chicago podría ser candidato a Ejecutivo del Año, por los movimientos que ha hecho para hacer de los Medias Blancas un equipo en plena pelea por la clasificación en el 2012. Williams no quiso abordar mucho ese tema, pero vale la pena ver la extraña trayectoria de los Patipálidos desde el final del 2011 y cómo Chicago ha sorprendido a todos en esta temporada.

Recuerden que el año pasado fue una decepción de grandes proporciones para los White Sox. Llegaron al 2011 con la adición del toletero Adam Dunn y con un nuevo contrato para Paul Konerko, quien había sido uno de los agentes libres más cotizados de ese invierno. Un roster que también incluía al boricua Alexis Ríos, Carlos Quentin, Mark Buehrle, John Danks y Sergio Santos, entre muchos otros nombres, se perfilaba como uno de los mejores de la Liga Americana. Pero gracias a horribles temporadas de Dunn y Ríos, más unas cuantas lesiones tanto en el lineup titular como en el pitcheo, los Medias Blancas del venezolano Ozzie Guillén tuvieron marca de 79-83.

Acabándose la campaña, Guillén anunció que se iba a los Marlins y ni siquiera llegó a terminar el año en la cueva. En el invierno Buehrle también se unió a Miami, Quentin fue cambiado a los Padres y Santos  a los Azulejos. Los Medias Blancas lucían como un equipo rumbo a una reconstrucción total.

Sin embargo, Williams sorprendió a muchos al darle una jugosa extensión a Danks, acción que parecía contradecir los otros movimientos. El GG insistió en que no había nada de “reconstrucción”, sino que hacía las maniobras que entendía más beneficiosas para la organización.

La decisión menos esperada de Williams en la temporada baja fue la contratación de Robin Ventura como manager. Ventura, ex jugador de los Medias Blancas, nunca había dirigido ni había sido coach luego de su retiro como pelotero activo. Ante este panorama de cambios el personal, tanto en el terreno como en el dugout, había muy pocas expectativas en el sur de Chicago para el 2012.

Pero ahí están los Patipálidos construidos por Williams y dirigidos por Ventura, superando a los favoritos Tigres en la División Central de la Liga Americana. Dunn y Ríos han vuelto a sus niveles de años anteriores. Con Konerko y los cubanos Alexei Ramírez y Dayán Viciedo, más un año de ensueño del receptor A.J. Pierzynski, los Medias Blancas están cuartos en la Liga Americana en carreras anotadas.

En el pitcheo, una rotación encabezada por Chris Sale y el colombiano José Quintana ha sobrevivido lesiones de Danks y Peavy. Addison Reed ha tenido altibajos como cerrador, pero aún goza de la confianza de Ventura y los resultados están ahí.

Además de los movimientos de Williams en el invierno, el GG ha sabido moverse durante la temporada con las adquisiciones de Kevin Youkilis, Brett Myers y el dominicano Francisco Liriano.

¿Será Williams Ejecutivo del Año en el 2012? Quién sabe. Son muchos los candidatos, como Billy Beane de los Atléticos, Dan Duquette de los Orioles, Mike Rizzo de los Nacionales, Walt Jocketty de los Rojos y Neal Huntington de los Piratas.

Pero la verdad es que lo que han hecho los Medias Blancas es digno de elogios, tomando en cuenta las vueltas que han dado en su personal y los éxitos que casi nadie les proyectaba para el 2012.

El gran debate: ¿Qué hacer con Stephen Strasburg?

PHOENIX – Un tema que está muy de moda ahora mismo es la situación de Stephen Strasburg, el “fenómeno” de los Nacionales que probablemente vea terminada su temporada en algún momento de septiembre.

Por supuesto, ése es el plan del gerente general de Washington Mike Rizzo, quien quiere proteger el codo reconstruido del primer seleccionado en el draft del 2009. En otras palabras, la primera vez que los Nacionales tienen la oportunidad de llegar a los playoffs y hacer algo impactante en Grandes Ligas, Rizzo va a sacar de la rotación a su mejor pitcher.

Suena como una locura, ¿verdad? Son muchas las opiniones que circulan en los medios, todos con su propio mérito. Básicamente hay dos argumentos: 1) Rizzo hace lo correcto al proteger a Strasburg a largo plazo, para que el derecho rinda durante muchos años. 2) Rizzo se equivoca porque, teniendo la oportunidad de ganar ahora, lo menos indicado es sabotear eso cuando en Grandes Ligas nunca hay garantías de volver a la postemporada en un futuro.

Los de la “vieja escuela” se ríen de lo que ellos califican como una sobre-protección de los lanzadores de la actualidad. Dicen que los pitchers de ahora son “mimados” y señalan la época en que lanzadores como Sandy Koufax, Bob Gibson y el dominicano Juan Marichal tiraban hasta 300 innings en varias temporadas y completaban muchísimos juegos (y ni hablar de las eras anteriores).

Los de ahora ripostan con argumentos de consultas médicas y estadísticas de entradas lanzadas y cantidad de pitcheos que le ponen un estrés muy poco natural al hombro y al codo, además de la inmensa inversión económica que no existía en los tiempos de antes.

Hay un antecedente que favorece el plan de Rizzo: el caso de Jordan Zimmermann. El derecho de los Nacionales se sometió a una cirugía Tommy John en el 2009, un año antes de que hiciera lo propio Strasburg. Luego del regreso de Zimmermann a Grandes Ligas al final del 2010, la gerencia de Washington decidió implementar el mismo plan que tienen para Strasburg ahora.

Zimmermann fue limitado a 161.1 episodios en el 2011, su primera temporada completa luego de la operación. Este año el joven tiene la mejor efectividad de la Liga Nacional con 2.38…o sea, Rizzo se ve reivindicado con ese primer “experimento”. Claro, la gran diferencia es que el año pasado los Nacionales estuvieron bien lejos de la clasificación. El 2012 es otra historia.

Cuando se trata del debate con Strasburg, ¿cuál de las dos partes tiene razón? ¿Hace o no lo correcto Rizzo, bajo las circunstancias del 2012?

Es algo sin precedente sacar de la rotación a un as en medio de una pelea por la clasificación, por cuestiones de preservar su salud para el futuro.

De mi parte, opino lo siguiente: La lógica está del lado de Rizzo, teóricamente hablando. Pero a veces la práctica tiene que variarse un poco de la teoría, dependiendo de las circunstancias. En el 2012, las circunstancias dictan que los Nacionales sigan con Stephen Strasburg, su as, en la rotación. En caso de asegurar su puesto en los playoffs con tiempo, sería de lugar darle el mayor descanso posible, por supuesto, sin exagerar y dejar que se “oxide” como lanzador.

La franquicia de Expos de Montreal/Nacionales de Washington ha ido a postemporada una sola vez en su historia, 1981. Desde que llegó a la capital, el equipo nunca ha terminado con récord por encima de .500. Eso cambiará este año y lo más probable es que Washington clasifique. No llegan todos los años las oportunidades de hacer algo grande en octubre; para mí es inconcebible hacer el intento sin el as, por pensar en el futuro.

Zimmermann, Gio González, Edwin Jackson y Ross Detwiler no representan la peor rotación del mundo para unos playoffs. Pero Strasburg es el caballo mayor y si yo fuera fanático de los Nacionales, me sentiría bien defraudado al no verlo en acción en octubre.

No hay garantías de que Strasburg vaya a lesionarse si pasa de los 180.0 innings este año, ni tampoco las hay de que se mantenga en salud si Washington le pone fin a su temporada con dicha cantidad de entradas.

La temporada de Grandes Ligas es un maratón. El arribo a la “tierra prometida”, la oportunidad de ganarlo todo en postemporada, no es el momento de decirle “hasta aquí llegamos” al que más te ha ayudado en el montículo…pase lo que pase después.

Bonds, el Rey del Jonrón casi en el olvido

PHOENIX – Ayer fue el quinto aniversario del cuadrangular 756 de Barry Bonds, quien superó al gran Henry Aaron en la lista de vuelacercas de todos los tiempos el 7 de agosto del 2007 para convertirse en el nuevo Rey del Jonrón.

Ayer fue un día de varias noticias dentro del mundo de las Grandes Ligas, incluyendo la presentación del logotipo para el Juego de Estrellas del 2013, la activación de Evan Longoria de la lista de lesionados y el posible final de la carrera de Henry Blanco, quien probablemente se pierda el resto de la temporada debido a una lesión en el pulgar izquierdo.

Pero sonó muy poco la hazaña de Bonds, un logro que bajo circunstancias normales sería un evento recordado con bombos y platillos. Estamos hablando del batazo más emblemático del béisbol (el triple es para muchos la jugada más emocionante, pero todo el mundo, dentro y fuera del béisbol, sabe lo que es un jonrón). Y en el béisbol, estamos obsesionados con los números y las estadísticas. Entonces, el que más cuadrangulares ha dado en Grandes Ligas debe ser todo un ídolo… ¿o no?

Claro, cuando se habla de la carrera de Barry Bonds, no se habla de circunstancias normales. Las acusaciones de consumo de esteroides, por supuesto, marcan (y para la mayoría, manchan) lo hecho por un pelotero que puso números para entrar al Salón de la Fama en su primera oportunidad.  La transformación de su cuerpo después de los 33 años de edad, el aumento en su bateo de poder cuando normalmente los peloteros empiezan a entrar en declive y sus vínculos con el laboratorio BALCO de Victor Conte son más que suficientes para que uno llegue a la conclusión de que Bonds sí fue usuario de sustancias para mejorar el rendimiento.

OJO…En el párrafo anterior, ¿se mencionó alguna prueba fehaciente? No. Ahí está el problema con Bonds y otros peloteros con números para el Salón de la Fama como Mark McGwire, Sammy Sosa y Roger Clemens. Sabemos, pero no sabemos. Y por eso el 7 de agosto probablemente nunca se celebre como se ha hecho con el 8 de abril–fecha en que Aaron rompió la marca de Babe Ruth con su jonrón 715 de por vida en 1974–a pesar de que realmente nunca se han presentado evidencias irrefutables en el caso de Bonds.

De mi parte, sí creo que Bonds consumió sustancias para aumentar el rendimiento. Y sí creo que sus números de poder son exagerados. No es natural conectar 73 jonrones en una temporada (el récord para una campaña que puso Bonds en el 2001). No es natural conectar 411 vuelacercas en las primeras 13 temporadas de una carrera, desde los 21 hasta los 33 años, para luego disparar 351 más en los últimas nueve, desde los 34 hasta los 43 años.

Lo curioso y lo penoso de todo esto es que si no hubiera sido por la supuesta ayuda de los esteroides, Barry Bonds hubiese sido considerado uno de los peloteros de más calidad en la historia y sin la mancha que llevará por siempre. Lean bien el párrafo anterior: Dio 411 jonrones en sus primeros 13 años. Es decir, con bastante seguridad hubiese llegado a los 500 y, sin tener que atreverse mucho, uno puede imaginarlo  con 600 o más. Agréguenle eso a sus asombrosos números de bases robadas, carreras empujadas, slugging, porcentaje de embasarse y demás hazañas. Tal vez no hubiese sido el Rey del Jonrón, pero sí sería un colosal en los anales del béisbol.

Si nos guiamos por las votaciones con Rafael Palmeiro y Mark McGwire en la boleta, Bonds y los otros vinculados de alguna forma a los esteroides jamás tendrán sus placas en Cooperstown.  Y cuando se trata del récord de jonrones de Bonds, ayer vimos el trato de parte de MLB y de los medios: muy poca bulla, casi como si no hubiera sucedido.

Opino que Bonds y los otros que supuestamente aumentaron su rendimiento con ciertas sustancias cayeron en el vicio de la “Era de los Esteroides” porque veían eso como su oportundad de estar a la par con  los otros que lo hacían. No los critico mucho por eso—es imposible juzgarlos si uno no ha vivido su situación en carne propia.

En algunos casos, los resultados fueron espectaculares, como con Bonds. Pero el precio que se paga ahora es muy caro. El 7 de agosto es una fecha cualquiera. Las grandes batallas jonroneras entre Sosa y McGwire casi no se mencionan. Y cuando se trata de Cooperstown, el camino está bien difícil.

Atlanta supo mover las fichas, a pesar de todo

PHOENIX – Son muchos los comentarios y los análisis sobre los tantos movimientos que se hicieron antes de la fecha límite del 31 de julio para hacer cambios sin que los jugadores pasaran por la lista de waivers.

Aquí no hay espacio ni tiempo para tocar cada tema de cada equipo que trató de mejorar su roster para los últimos dos meses de la temporada. Y recuerden que de aquí al 31 de agosto habrá más actividad de cambios con jugadores que pasen por la lista de waivers sin ser reclamados.

Lo que sí quiero destacar ahora es lo que ha hecho un equipo en particular, los Bravos de Atlanta. Diferente a hace unos 15, 20 años cuando eran la crema de la Liga Nacional y salían en televisión casi a diario para todo el mundo a través de la cadena TBS, hoy en día los Bravos tienen  la tendencia de pasar algo desapercibidos. Ya no está el carismático manager Bobby Cox, ni el grupo de futuros Salón de la Fama en el montículo John Smoltz, Greg Maddux y Tom Glavine. Ya no ganan todos los años.

Pero con el gerente general  Frank Wren y a la cabeza, Atlanta volvió por fin a playoffs en el 2010 y, de no ser por el colapso en septiembre del año pasado, los Bravos hubiesen repetido como equipo de postemporada en el 2011.

Esta temporada la tropa del manager cubano Fredi González vuelve a estar en plena pelea. Con siete victorias seguidas tenía marca de 59-44 para esta fecha, a 2.5 juegos de los punteros Nacionales en el Este de la Liga Nacional. Y de paso ocupaban uno de los dos comodines, con récord idéntico al del otro conjunto que clasificaría si terminara hoy la campaña, los Piratas de Pittsburgh.

Hace unos días, parecía que Wren y los Bravos habían dado un gran “palo” al acordar un canje con los Cachorros de Chicago por Ryan Dempster. Se daba prácticamente como un hecho que el derecho canadiense aprobaría el cambio, ya que había puesto a Atlanta en una corta lista de equipos a los que aceptaría ir. Sin embargo, Dempster rechazó unirse a los Bravos y finalmente fue enviado a los Rangers de Texas.

Después de ese trago amargo, Wren no se quedó con los brazos cruzados. A unas 15 horas de la fecha límite, ejecutó otro canje con Theo Epstein y los Cachorros para adquirir al zurdo Paul Maholm y al jardinero Reed Johnson.  En el papel, luce como un trato que podría convenirle más que el cambio original por Dempster.

Maholm lleva efectividad de 1.02 en sus últimas seis aperturas y en el 2012 tuvo marca de 9-6 con efectividad de 3.74 en un equipo de los Cachorros que está por el suelo. Además, diferente a Dempster– quien será agente libre después de esta temporada–Maholm tiene una opción de US$6.5 millones en su contrato para el 2013. Los Bravos sí tuvieron que ceder al lanzador dominicano Arodys Vizcaíno, un sólido prospecto, pero no tuvieron que desprenderse de ninguno de los tres “caballos” jóvenes: el panameño Randall Delgado (quien hubiese ido a Cachorros por Dempster), el colombiano Julio Teherán y Mike Minor.

Y claro, además de Maholm llegó a Atlanta Johnson, quien se ha convertido en un especialista como cuarto jardinero, algo que hacía falta en los Bravos ante la lesión de Matt Díaz.

Ahora estará de moda monitorear bien cómo lancen Dempster y Maholm con sus nuevos equipos y hacer las comparaciones de lugar—yo lo haré todo el tiempo, para divertirme un poco.

Se dice que las cosas pasan por algo. Lo dirán mucho si Maholm causa un impacto en Atlanta y si con él los Bravos del 2012 se hacen sentir en agosto, septiembre….octubre….y hasta noviembre… ¿quién sabe?

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