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Peligran los Atléticos en Oakland

PHOENIX – La noticia de que el Comisionado Bud Selig esencialmente le dejó en manos del dueño Lew Wolff la decisión de mudar o no a sus Atléticos del Área de la Bahía fue de mucho peso para los fans de Oakland.

Todo luce indicar que la localidad de San José es territorio de los Gigantes de San Francisco y, por ende, los Atléticos no cuentan con el apoyo del béisbol para buscar un estadio nuevo allí. Los A’s tampoco van a trasladarse a Fremont, California y nadie sabe cómo sería posible poner su sede en Sacramento.

En fin, todo eso da a entender que MLB esencialmente le ha dado luz verde a Wolff para que mude a sus Atléticos a un lugar lejos de la Bahía, área a la que pertenece el equipo desde 1968.

Por supuesto, hay mucha historia de los Atléticos en Oakland: Cuatro títulos de Serie Mundial, seis banderines de la Liga Americana y un sinnúmero de títulos divisionales. Las innovaciones del entonces dueño Charles O. Finley en los años 70 son cosa de leyenda, como por ejemplo los flamantes uniformes con verde, amarillo y blanco; las zapatillas blancas (que conserva el equipo hasta hoy en día); una mula en carne propia como mascota (que en ocasiones “hacía sus necesidades” en el mismo terreno de juego); las bolas anaranjadas; y el conejo mecánico para pasarles las bolas frescas a los árbitros…entre muchas otras cosas.

En términos de béisbol, los Atléticos de 1971 a 1975 fueron de los mejores equipos de la historia. Ganaron cinco títulos divisionales seguidos en ese lapso y tres Series Mundiales consecutivas de 1972 a 1974. Pero con la llegada de la agencia libre, todo “se fue a pique” y Finley vendió el equipo en 1980.

Otra época de oro llegó con Tony La Russa y Dave Duncan al final de la década de los 80. De 1988 a 1992, Oakland ganó cuatro títulos divisionales, tres banderines de la Liga Americana (en forma consecutiva del 88 al 90) y el título de la Serie Mundial de 1989.

Y por supuesto, la famosa era de “Moneyball” de Billy Beane, cuyos equipos clasificaron cuatro años consecutivos del 2000 al 2003, también puso a los Atléticos como un ejemplo a destacarse.

En fin, Oakland tiene un rico historial en el béisbol, pero mucho de eso ha sido contra viento y marea, sobre todo dentro de la realidad moderna de Grandes Ligas. San Francisco y sus Gigantes representan mucha competencia para los Atléticos en el Área de la Bahía, y si le quitas San José a las posibilidades del equipo del elefante, es muy, pero muy difícil competir con sus vecinos de la Liga Nacional.

Imagínense: Los Atléticos juegan en el mismo estadio desde 1968—y no estamos hablando de unas instalaciones bonitas como el Dodger Stadium, sino un Coliseo de Oakland que para mi gusto está bien, pero que para el estándar de hoy en día realmente no da la talla.

De quedarse en Oakland sin un estadio nuevo y sin otra opción viable en el norte de California, lo lógico sería que tuvieran que irse los Atléticos a otro lado, lejos de su hogar de hace 45 años.

En la cabeza de uno, eso está claro. Pero como fan nostálgico, sería bien penoso, debido a los tantos recuerdos que han dejado los Atléticos “rebeldes” y hasta revolucionarios de sus diferentes épocas.

¿Cuánto valdrá Josh Hamilton en el mercado?

PHOENIX – Fue simple y llanamente increíble lo que hizo Josh Hamilton contra los Orioles en Baltimore. Sus cuatro jonrones (cinco en dos días, ya que había conectado HR en su último turno del juego anterior), ocho empujadas y total de 18 bases alcanzadas fueron algo de leyenda.

Todos sabemos de lo que es capaz Hamilton. Llegó a esta fecha como líder de la Triple Corona de bateo con promedio de .406, 14 cuadrangulares y 36 empujadas por los Rangers.

De por vida en Grandes Ligas lleva OPS de .926 en cinco temporadas y un mes de ésta, su sexta. Fue Jugador Más Valioso de la Liga Americana en el 2010, año en que ganó el título de bateo del Joven Circuito. Hay muchas hazañas más, pero ya captamos todos la realidad: Josh Hamilton es un súper pelotero.

El 2012 es el último año del contrato vigente de Hamilton en Texas. Obviamente estará buscando un lujoso pacto con los Rangers o cualquier otro club para el siguiente invierno. Eso se sabe. Lo que está por verse es si Texas u otro equipo estarán dispuestos a hacer una inversión en Hamilton como se ha hecho con Albert Pujols, Matt Kemp o Mark Teixeira, por ejemplo.

A primera vista, cualquiera diría que sí, que Hamilton merece tanto o hasta más de lo que se le paga a aquellos jugadores, y durante más años. Pero el caso no es tan sencillo, algo destacado por múltiples analistas a la hora de medir el valor que podría tener el jardinero en el mercado.

Primero está la edad. Tiene 30 años ahora mismo, y por más productivo que sea a esta altura de su carrera, ¿por cuánto tiempo más rendirá a este nivel? Segundo, es propenso a las lesiones. Con la excepción del 2008, cuando participó en 156 juegos, Hamilton nunca ha jugado más de 133 partidos en una campaña. Y tercero, todavía está el tema de sus problemas con las drogas y el alcohol hace unos años.

Este último punto tal vez sea el más espinoso. En dos ocasiones en los últimos cuatro años, durante la temporada muerta, a Hamilton se le ha visto consumiendo alcohol en bares. ¿Es malo eso? Claro que no. Pero es el mismo Hamilton que ha manifestado que estar libre de esos vicios y estar con Dios han permitido salir su enorme talento en el terreno de juego.

Me parece que Texas se encuentra con un dilema de mayores proporciones. Los Rangers sí tienen dinero; lo han demostrado al contratar a nombres como Yu Darvish, Adrián Beltré y Joe Nathan, además de otorgarles extensiones jugosas a peloteros como Ian Kinsler, Nelson Cruz y Derek Holland, entre otros.

Con el poder adquisitivo de los Rangers, sería un gran fracaso del equipo ante sus aficionados dejar escapar a Hamilton, quien se ha convertido en una especie de príncipe en el área de Dallas y el Metroplex. Pero en puros términos empresariales, ¿sería lo indicado invertir unos ocho años y cerca de US$200 millones en un pelotero que 1) estará entrando en edad, 2) se lesiona bastante y 3) aún se le queda la duda en cuanto a los vicios?

Esa es la pregunta que tienen que hacerse Nolan Ryan, Jon Daniels y el resto de los “jefes” en Arlington. No hay una respuesta fácil, pero la tendremos en algún momento del próximo invierno. Será la novela de la temporada muerta, con matices interesantes y poco comunes.

¿Seguirán sorprendiendo los Orioles en el Este?

PHOENIX – En el Este de la Liga Americana, algo que se ha perdido un poco entre el lento comienzo de los Medias Rojas, las lesiones en los Yankees y el gran arranque de los Rays ha sido el sorpresivo inicio de los Orioles de Baltimore.

Para esta fecha, la tropa de Buck Showalter llevaba marca de 16-9 y estaba a juego y medio de los punteros Rays en su división, luego de llevarse dos de tres juegos ante los Yankees en el Bronx.

Cuando se habla de los Orioles, hay muchos escépticos—y con razón. El año pasado ganaron seis de sus primeros siete partidos, pero después de eso perdieron cinco al hilo. Luego del 15 de abril, nunca estuvieron con marca de .500 o más y terminaron con récord de 69-93 para repetir una vez más como sontaneros del Este.

La historia reciente de Baltimore es penosa, como todos saben: cuatro temporadas seguidas en el último lugar de su división, seis campañas consecutivas con al menos 90 derrotas y sin un récord positivo desde 1997, cuando clasificaron por segundo año consecutivo en la Liga Americana.

Pero ahora, con una rotación abridora encabezada por Jason Hammell, Jake Arrieta y Brian Matusz, los Orioles cuentan con su mejor pitcheo abridor en mucho tiempo—ni hablar de un bullpen con brillantes actuaciones de Jim Johnson, Darren O’Day, el mexicano Luis Ignacio Ayala y el dominicano Pedro Strop.

La ofensiva ha sido guiada por algunos nombres conocidos y otros no tanto: Adam Jones, Matt Weiters, Chris Davis, Robert Andino y Nolan Reimold, entre otros.

En el timón, Showalter—un veterano de 14 años en la cueva desde 1992—tiene un historial interesante en la segunda temporada de sus estadías con varios clubes.

Veamos:

En 1993, su segunda campaña con los Yankees, tuvo 88-74. Al año siguiente los Bombarderos registraron  la mejor marca de la Liga Americana (no hubo postemporada debido a la huelga). En 1995, su última temporada en el Bronx, sus Yankees clasificaron como comodín con 79-65.

En Arizona, tomó las riendas de un equipo de expansión en 1998. Pero en su segunda campaña en el desierto—gracias en gran parte a adquisiciones de lujo del equipo—ganó 100 juegos con los Diamondbacks y fue a playoffs.

Con los Rangers, el 2004 fue su segundo año al frente del equipo—y por supuesto, fue el año en que se fue Alex Rodríguez y llegó Alfonso Soriano. Esa temporada, contra todos los pronósticos, Texas terminó con marca de 89-73.

Con eso volvemos al presente. Antes del 2012, Showalter tenía 103-116 en temporada y media con Baltimore. Es decir, ésta es su segunda campaña completa al frente del equipo. ¿Seguirá el patrón positivo?

Eso depende más de los jugadores que del manager, a mi juicio. Está por verse si los Orioles continuarán sorprendiendo o si caerán a su nivel esperado y acostumbrado. Pero la verdad es que ha sido refrescante ver a una franquicia como Baltimore, una de las más sólidas de los años 60, 70 y principio de 80, estar arriba en las posiciones. Ojo con los “Oriolitos”.

Inicios alentadores para Matheny y Ventura

PHOENIX – Han pasado sólo tres semanas de la temporada, así que aún no se puede emitir un juicio definitivo sobre nada en torno al 2012.

Sin embargo, lo que sí llama la atención hasta ahora es la forma en que han respondido los Cardenales y los Medias Blancas ante un cambio tan drástico en cuanto al estilo de sus managers se refiere. Por supuesto, nos referimos a Mike Matheny y Robin Ventura, quienes sustituyen a grandes figuras como Tony La Russa y Ozzie Guillén en San Luis y Chicago, respectivamente.

Mucho se habló en el invierno sobre lo curioso que era contratar a Matheny y Ventura, quienes tenían poca o hasta ninguna experiencia dirigiendo a cualquier nivel. Los puntos a su favor eran que, a pesar de su falta de vivencia en el dugout, habían sido peloteros bien respetados a nivel de Grandes Ligas y que conocían el juego hasta el punto de poder manejar un equipo.

En ambos casos, era un gran riesgo.

En San Luis, la tarea se ve enorme. Llegar a un equipo que acaba de ganar la Serie Mundial nunca es fácil. Pero estamos hablando de sustituir a La Russa, un futuro Salón de la Fama que tenía 16 años al frente de San Luis. La Russa era conocido como un dirigente bien preparado y meticuloso (hasta el punto de ser acusado de sobre-dirigir), un piloto al que no se le iba ningún detalle.

Además de La Russa, también se fue  su “co piloto” de siempre, Dave Duncan, para acompañar a su esposa que sufre quebrantos de salud.

Y como si todo eso fuera poco, se fue de los Cardenales la superestrella dominicana Albert Pujols, la magna figura del equipo dentro del terreno durante 11 años.

Pero ahí está Matheny, ex cátcher de Grandes Ligas, ganándose poco a poco la confianza de una escuadra veterana que cuenta con peloteros astutos y maduros, pero todavía talentosos, como el boricua Yadier Molina, el también puertorriqueño Carlos Beltrán y Lance Berkman, entre otros. Los Cardenales han arrancado bien el 2012. ¿Seguirán arriba en la División Central de la Liga Nacional? Eso no se sabe. Pero ha sido un inicio alentador para los campeones defensores.

En Chicago, Ventura llegó a una situación no muy envidiable que digamos. Había señales mixtas sobre la dirección que tomaba la franquicia. Por una parte, cambiaron a Sergio Santos y Carlos Quentin, pero por otra firmaron a John Danks a un pacto multianual. ¿Reconstruían luego de un 2011 tan decepcionante, o hacían algunos ajustes nada más?

Para muchos “técnicos”, los Medias Blancas estaban destinados a estar en el sótano de la División Central de la Americana este año. Al fin y al cabo, podría ser el caso. Pero el equipo se ha visto muy bien hasta ahora, luchando por la cima de su división con Cleveland y Detroit. Claro, el buen rendimiento de A.J. Pierzynski, Paul Konerko y sobre todo Adam Dunn y Alexis Ríos—ambos un desastre la temporada pasada—combinado con un pitcheo brillante de Philip Humber, Jake Peavy (sí , está de regreso aparentemente) y Chris Sale ha sido la clave.

Pero más allá de los números, Ventura ha sido la antítesis de Guillén. El primero es comedido a la hora de hablar, protege con sus palabras a sus peloteros y casi nunca es el centro de atención. Al igual que Matheny, Ventura parece haberse ganado la confianza de un club de bastantes veteranos.

A veces duele cuando se va un “jefe” tan emblemático de un equipo. Pero hay otras en que el cambio es refrescante y representa la oportunidad de reinventar lo que es la química de un grupo de atletas. Creo que estamos viendo eso tanto en Cardenales como en Medias Blancas.

Ahora falta ver cómo serán los resultados a través de una temporada de 162 juegos.

Mellizos, una caída repentina al abismo

PHOENIX – Siempre es interesante y, si eres fanático de un equipo en particular, triste ver cómo un club de Grandes Ligas cae de la cima al abismo en tan poco tiempo, de una manera que parece tan repentina.

Tal es el caso de los Mellizos de Minnesota. Y lo más curioso es que la debacle de este equipo ha coincidido con su habilidad de por fin firmar a sus estelares a contratos multianuales.

En el 2008, con el nuevo Target Field a la vista, los Mellizos le dieron un pacto de seis años y US$80 millones al primera base Justin Morneau, quien fuera Jugador Más Valioso de la Liga Americana dos años antes de eso y quien seguía en su apogeo a los 26 años.

Dos años después la firma a largo plazo de Morneau, Minnesota logró asegurar los servicios de su otra superestrella, el héroe local Joe Mauer. El cátcher fichó en el 2010 por ocho años y US$184 millones.

Antes del 2008, los Mellizos parecían destinados a repetir la historia de dejar ir a sus mejores jugadores por limitaciones económicas, como fue el caso de Torii Hunter y del zurdo venezolano Johan Santana. Pero con el nuevo Target Field—inaugurado en el 2010—los Mellizos veían que habría más ingresos para pagarles a figuras como Morneau y Mauer, quienes siempre habían expresado su deseo de seguir jugando en Minneapolis.

Durante casi toda la década pasada, Minnesota fue lo que es Tampa Bay ahora: una franquicia con una gran finca, capaz de competir año tras año a pesar de la partida de algunas de sus figuras más importantes. Los Mellizos, con limitados recursos, fueron a playoffs seis veces entre el 2002 y el 2010—y eso que no clasificaron en el 2008 porque perdieron un desempate por el título de su división con los Medias Blancas.

La caída de los Mellizos desde el 2011 no puede atribuirse solamente a los contratos pesados de Morneau y Mauer, pero algo tienen que ver. Morneau se ha visto muy limitado desde julio del 2010, primero debido a una contusión cerebral y luego por otras lesiones. De su parte, los dolores en la espalda y en las rodillas de Mauer lo han convertido en un receptor a medio tiempo, pasándose éste una buena parte del tiempo en la primera base y como bateador designado—con tan sólo 28 años.

Claro está que con tanto dinero invertido en sólo dos jugadores, Minnesota se ve limitado a la hora de firmar a otros peloteros de renombre—sobre todo en el pitcheo, donde más ha hecho falta. Pero también es cierto que el sistema de liga menor de los Mellizos, que en una época producía mucho talento para sustituir a los veteranos idos, ha decaído bastante.

Por eso, entre otras, cosas, volvió a la gerencia general del equipo Terry Ryan y fue reasignado el GG anterior Bill Smith. Ryan había sido gerente general del equipo en los años 90 y hasta el 2007, con mucho éxito en sus últimos seis años. Pero con Smith bajó mucho el nivel de la finca y eso, combinado con muy poco pitcheo a nivel de Grandes Ligas ahora y limitaciones con el presupuesto debido a los contratos de Morneau y Mauer, resultó en el cambio de mando.

La historia reciente de los Mellizos puede ser una advertencia para muchos equipos—incluyendo a los Rojos con Joey Votto y Brandon Phillips, nuevos super-millonarios. El mensaje es éste: cuidado con los gastos a largo plazo. A cualquier gerente general y hasta dueño de equipo se le puede aguar los ojos con la habilidad de asegurar los servicios de una superestrella, sobre todo si eso significa complacer a una fanaticada exigente.

Pero con más y más frecuencia, descuidar la finca e invertir mucho en pocos peloteros ha sido la fórmula equivocada. Los Mellizos lo están viviendo en carne propia.

Otro mal arranque para los Medias Rojas

PHOENIX – Al igual que el año pasado, los Medias Rojas han arrancado muy mal la temporada regular.

Para esta fecha, Boston llevaba la peor efectividad colectiva de Grandes Ligas, 6.40. En la rotación, Josh Beckett y Daniel Bard no lucieron bien en sus primeras salidas. Ante la ausencia de Andrew Bailey—baja muy sensible para los Patirrojos—han tambaleado en el relevo el mexicano Alfredo Aceves y Mark Melancon.

Los Medias Rojas empezaron el 2012 con una encomienda difícil, jugando de visitante en Detroit y luego Toronto, dos equipos bastante fuertes en la Liga Americana. Y ahora, aunque les tocan varios juegos en casa, el camino no va a ser nada fácil. Los próximos tres oponentes de Boston en el Fenway Park serán los Rays, los Rangers y los Yankees—es decir, tres de los cuatro clasificados de la Liga Americana en el 2011.

Para la “Nación Medias Rojas”, los últimos siete meses han sido muy turbulentos. Todos recordamos el colapso histórico de septiembre, la salida del equipo de Terry Francona y Theo Epstein, más el ascenso de Ben Cherington al puesto de gerente general y la llegada de Bobby Valentine como manager.

El movimiento de más impacto que hizo Cherington en el invierno fue la adquisición de Bailey desde Oakland, para sustituir al cerrador Jonathan Papelbon. El perder a Bailey hasta por lo menos el Juego de Estrellas fue un golpe duro para Boston, pero hay más problemas.

No hay profundidad en la rotación abridora. Eso está claro. Para mí Beckett es una interrogante todavía. Y nadie sabe cómo lanzará Bard como abridor (ya vimos una primera muestra bastante desalentadora). Y sin Bailey, el bullpen es un misterio.

Además, la gran inversión que hizo Epstein en Carl Crawford luce como un desastre, entre bajo rendimiento y ahora una lesión del jardinero. Creo que hay un límite a lo que puede dar Kevin Youkilis. José Iglesias no está listo para batear en Grandes Ligas y mientras tanto, Mike Avilés es un torpedero del montón. ¿Y será Jarrod Saltalamacchia la solución a largo plazo en la receptoría? No me parece.

Claro, con nombres como Adrián González, Jacoby Ellsbury, Dustin Pedroia y David Ortiz, hay trueno en el lineup. Pero en las esquinas de los jardines, no convencen mucho Cody Ross y Ryan Sweeney como figuras que vayan producir en grande como se necesita en esas posiciones.

Aparte de todos estos factores, la competencia está fortísima en el Este de la Liga Americana. No sólo están los Yankees y los Rays, sino también unos Azulejos que lucen como un equipo que está listo para competir en serio.

Hasta el comodín extra a partir del 2012 podría ser difícil de alcanzar, con tanta calidad entre Rangers y Angelinos en el Oeste de la Liga Americana.

¿Pueden los Medias Rojas reaccionar y recuperarse de su mal inicio? Claro que sí, lo hicieron el año pasado y estuvieron arriba casi todo el tiempo antes de caer en septiembre. Pero en esta ocasión, veo más interrogantes que respuestas. Ya veremos.

Moyer, el “eterno” del montículo

PHOENIX – Mucho se ha hablado de lo que está haciendo Jamie Moyer con los Rockies de Colorado a sus 49 años de edad. Me tengo que unir a los que se han maravillado con la determinación del zurdo para seguir lanzando en el mejor béisbol del mundo.

Mucho había hecho Moyer al estar activo y en una rotación abridora hasta el 2010 a sus  47 años, estilo Phil Niekro. Pero el nudillista Niekro no sufrió una lesión devastadora en el codo de lanzar a esa edad, sino que finalmente se retiró. Moyer, en cambio, decidió rehabilitarse de una cirugía Tommy John, operación necesaria luego del veterano lastimarse por segunda vez en cuestión de meses…y en la liga invernal dominicana (sí, a sus 48 años).

¿Quién pudo haber pronosticado que Moyer iba a poder volver a tirar una pelota, mucho menos colarse en una rotación de Grandes Ligas a esta altura? ¿Quién pudo haber previsto una pretemporada de Moyer con efectividad de 2.50 en 18 innings?

Una de las palabras más sobre-usadas de nuestros tiempos es “increíble”. Pero lo hecho por Moyer, quien con una victoria más será el lanzador de más edad en ganar un juego de Grandes Ligas, es simple y llanamente increíble.

Recuerdo muy bien cuando Moyer debutó en Grandes Ligas con los Cachorros en 1986. En aquellos tiempos los Cubs salían en televisión todos los días por la cadena WGN  y por esa razón eran un equipo bien conocido por muchos. Moyer era una esperanza joven que sería acompañado pronto en Chicago por Greg Maddux, Rafael Palmeiro y Mark Grace, entre otros. Hace ya bastante tiempo que estos tres se retiraron, como es lógico por su edad. Pero ahí sigue Moyer, decidido a continuar activo y vigente en el terreno de juego.

Definitivamente, Jamie Moyer es el Julio Franco del montículo. Nadie sabe cómo le irá este año en Colorado con sus lanzamientos suaves, sobre todo en el ambiente montañoso del Coors Field de Denver. Pero el simple hecho de tener suficiente en la bola como para formar parte de una rotación a esta altura de su vida es digno de elogios. Es un caso a seguir…y seguir…y seguir.

Ya está llegando la hora de Héctor Sánchez

PHOENIX – Hace unas semanas conversé con el venezolano Héctor Sánchez acerca de sus aspiraciones para la temporada del 2012. Por supuesto, lo principal para el joven receptor era ganarse un puesto en el equipo grande de los Gigantes, donde hizo su debut en la Gran Carpa en el 2011.

Todos sabemos que la situación en San Francisco no es muy sencilla que digamos. Nadie sabe cómo vendrá Buster Posey de su lesión. Eli Whiteside es un sólido cátcher suplente a la defensa, a la vez que nadie sabe si Sánchez logrará un progreso suficiente detrás del plato para ameritar un lugar en el roster de 25 jugadores. Y hay que recordar que el manager de los Gigantes, Bruce Bochy, fue un buen receptor defensivo como jugador y que tiene un estándar bien estricto a la hora de evaluar a sus cátchers.

Sin embargo, hay que reconocer algo: Héctor Sánchez merece la oportunidad de estar en un lineup de Grandes Ligas todos los días, a ver si su rendimiento en liga menor es una realidad que lo llevará al éxito ofensivo en las mayores. Y cuando se trata de los Gigantes, ofensiva es lo que más le ha faltado al equipo.

En el 2011, cuando San Francisco quedó corto en sus aspiraciones de repetir como campeón, el motivo de su no clasificación estuvo claro: los Gigantes anotaron la menor cantidad de carreras en la Liga Nacional (570). En Grandes Ligas, sólo los Marineros tuvieron una ofensiva más anémica que la de San Francisco. Hasta el formidable pitcheo del equipo no lo salvó de esa realidad.

Claro, fue devastadora la ausencia de Posey desde finales de mayo con la fractura en el tobillo izquierdo. Ni siquiera la presencia de Carlos Beltrán en la recta final fue suficiente para un equipo con lesiones y bajo rendimiento de nombres como Andrés Torres, Miguel Tejada, Cody Ross y Aubrey Huff, entre otros.

Hay caras nuevas en San Francisco, como Angel Pagán y Melky Cabrera. Ellos deben de ayudar a los Gigantes. Pero tener disponible a un Héctor Sánchez, alguien que podría marcar la diferencia si batea como lo ha hecho en liga menor, es una gran ventaja que no debe desaprovecharse.

En San Francisco saben que el pitcheo va a estar ahí con Tim Lincecum, Matt Cain y compañía. Pero los Gigantes necesitan bateo a como dé lugar. Aunque no sería fácil acomodar las piezas, hay que buscar la forma de que Sánchez agote sus turnos a nivel de Grandes Ligas. Si no, el equipo debe explorar un cambio del venezolano a una organización que le pueda dar su oportunidad merecida.

Se nota la nueva era en Houston

Llamó bastante la atención la decisión de los Astros de enviar a Jimmy Paredes a liga menor y ponerlo como segunda base fijo de su sucursal de Triple-A en Oklahoma City.

Pero aclaremos algo: El hecho de ir a liga menor no es lo que sorprende. Lo que poca gente entiende al saber la noticia es por qué el dominicano Paredes va a ser preparado como intermedista, si Houston ya tiene a otro joven, el venezolano José Altuve, en dicha posición. Además, Delino DeShields Jr. también se perfila como segunda base de calidad en el futuro dentro de la organización de los “siderales”.

El nuevo gerente general de los Astros, Jeff Luhnow, lo explicó de la mejor manera posible:

“Lo venimos hablando desde hace un tiempo”, le dijo el ejecutivo a Brian McTaggart, quien cubre al equipo de Houston para MLB.com. “Cuando Paredes estaba con los Yankees (pasó a Houston en el canje por Lance Berkman en el 2010), fue titular en el campo corto y fue trasladado a la segunda base.

“Desde que llegué aquí trataba de explicarme por qué estaba en la tercera base, porque en realidad tiene todas las habilidades y todas las herramientas para jugar en el medio del cuadro. Me parecía que la decisión fue tomada para acomodar a otros jugadores como Altuve. Entonces, en la primavera nos hemos preguntado, ¿cuál es su posición natural?

“Es alguien que pensamos que podría ser un segunda base de impacto en el futuro. ¿Para qué esperar a hacerlo, si al final ésta será la posición que jugará durante mucho tiempo a nivel de Grandes Ligas? Pones a (Paredes) en la posición que más le conviene y dejas que las cosas salgan por sí solas.”

Es una postura bien interesante de parte de Luhnow. El año pasado, bajo el mando del GG Ed Wade, la filosofía fue bien diferente. Paredes fue colocado en la antesala justamente para que tuviera cupo en Grandes Ligas, estando Altuve en la segunda. Es decir que en ese momento los Astros buscaban cómo mover las fichas para que sus mejores jóvenes estuvieran en el equipo grande, sin importar sus posiciones naturales.

Ahora, con Luhnow, la idea es desarrollar al pelotero de acuerdo con sus habilidades, sin pensar tanto en cómo las piezas encajarán en el roster del equipo grande. Cuando la actitud es ésa, se puede ver la situación de la siguiente manera:

Nadie sabe lo que puede ocurrir en el futuro con Altuve ni con nadie. Puede haber lesiones. Puede haber bajo rendimiento. Puede producirse una combinación de estos factores con uno de los tres (Altuve, Paredes y DeShields), con dos o con todos. O con ninguno.

Si los tres llegaran a desarrollarse como se espera, entonces los Astros estarían en buena posición para cambiar a uno o dos de ellos por un buen talento a nivel de Grandes Ligas o liga menor, dependiendo de las necesidades y las circunstancias.

En el caso específico de Paredes, el dominicano no bateó en la Liga de la Toronja este año (.190 en 21 turnos). Pero el infielder sí se ha visto bien en el aspecto ofensivo durante toda su carrera, incluyendo .286 en 46 juegos al final del 2011 cuando fungió como tercera base titular del equipo grande. A sus 23 años, tiene tiempo todavía. Pronto debe de volver a recibir la oportunidad de jugar a diario en la Gran Carpa, sea con Houston o con otro equipo.

Mientras tanto, hay que seguir de cerca el progreso de Altuve, Paredes y DeShields en los diferentes niveles de la organización de los Astros. No habrá cupo para todos. Pero todos tendrán su máxima oportunidad de desarrollarse en sus posiciones indicadas. De eso se ha encargado Luhnow y el nuevo régimen de los Astros.

Brisas de cambio en Filadelfia

PHOENIX – Mientras sigo de cerca los entrenamientos aquí donde vivo, hay un tema en la Florida que me llama bastante la atención: los Filis de Filadelfia y una decadencia que podría apoderarse de ellos en el 2012.

Primero está el tema de Chase Utley y su rodilla derecha. Está claro que no hay fecha programada para que el segunda base estelar esté de regreso en el terreno de juego. Además, como da cuenta la nota enlazada, el manager Charlie Manuel afirmó, con mucha franqueza, que no cree que Utley jamás vuelva a estar en un 100% de condiciones.

Plácido Polanco ha sido un pelotero de muchas lesiones desde que llegó a Filadelfia. A sus 36 años de edad, el dominicano ya ha visto pasar sus mejores días. Nadie sabe cuándo Ryan Howard volverá a jugar, luego de la lesión que sufrió en la última jugada de la temporada del 2011 de los Filis, en playoffs vs. los Cardenales.

Además, Jimmy Rollins ya tiene 33 años. No creo que se pueda esperar de él lo que aportaba antes. Un punto luminoso del cuadro podría ser el venezolano Freddy Galvis, quien ha impresionado a muchos en estos entrenamientos y quien probablemente sea el segunda base titular de los Filis cuando empiece la campaña. Pero está por verse cuánto podrá contribuir el joven en sus inicios en Grandes Ligas.

En los jardines, me pregunto si Shane Victorino, Hunter Pence y ¿John Mayberry Jr.? representarán suficiente producción, sobre todo con lo antes mencionado. También están presentes en los entrenamientos Juan Pierre, Scott Podsednik y Laynce Nix, pero ninguno de ellos se perfila como un pelotero de mucho impacto a esta altura de sus respectivas carreras. ¿Y Domonic Brown? Filadelfia sigue a la espera del desarrollo del joven.

Usted dirá, “Bueno, todavía están Cliff Lee, Roy Halladay y Cole Hamels al frente de esa rotación.” Muy cierto. Pero hasta ha habido interrogantes acerca de Halladay en esta primavera. Además, nadie sabe cómo vendrán Vance Worley (segundo año en las mayores) y Joe Blanton (¿recuperado de sus lesiones?) para completar el cuerpo de abridores.

La gran interrogante ahora mismo es si los Filis, con un ataque tan afectado por las lesiones y la edad, podrán volver a ganar el Este de la Liga Nacional dependiendo tanto de tres brazos en su rotación. Y ni hablar de la competencia en la división con los nuevos Marlins, los reforzados Nacionales y unos Bravos que aún tienen un pitcheo abridor de calidad y en cantidad.

Desde el 2007, los Filis han representado la crema de la Liga Nacional, con cinco títulos divisionales, dos banderines del Viejo Circuito y un título de la Serie Mundial.  Pero este año el camino no luce nada fácil.

Definitivamente, hay brisas de cambio en Filadelfia, y no para bien del equipo ni sus fanáticos.

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