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Roberto Clemente, la voz que ha hecho tanta falta

SECAUCUS, New Jersey – Una pregunta que muchas personas se han hecho en las últimas décadas es la siguiente: ¿Qué hubiera pensado Roberto Clemente de los tantos honores que se le ha rendido a su memoria?

20150730_130138El estelar puertorriqueño de los Piratas de Pittsburgh, fallecido el 31 de diciembre de 1972, conoció la aceptación total en el béisbol como pelotero y como persona apenas en los últimos años de su vida.

La historia de Clemente se ha contado un sinnúmero de veces y los tributos son múltiples, desde el Premio Roberto Clemente que otorga MLB cada año hasta el museo en Pittsburgh que le rinde honor a su impacto en dicha ciudad. Y ni hablar de la manera en que Puerto Rico y hasta Nicaragua–el país al que Clemente trataba de ayudar cuando cayó su avión con provisiones para las víctimas del terremoto allí—han preservado la figura del colosal del béisbol.

Desde el Día Inaugural de esta temporada, la cadena MLB Network ha sido parte de ese esfuerzo con el Estudio 21, un set de televisión dedicado completamente a Clemente. En estos días tuve la oportunidad de estar presente para la primera visita de la familia de Clemente–Doña Vera, Roberto hijo y Luis– al Estudio 21. Para mí en particular, lo que jamás olvidaré fue lo expresado por Doña Vera al entrar al estudio, fuera de cámara y con plena espontaneidad: “He’s still with us.” (Él está con nosotros aún).

A Doña Vera se le hizo la misma pregunta de qué hubiera pensado Clemente sobre el tributo que representa el Estudio 21. La viuda de Roberto contestó que, por supuesto, le hubiera gustado el honor, pero que también por su humildad le hubiera parecido un poco excesivo.

En un panorama más generalizado, qué importante hubiese sido saber qué pensaría Clemente sobre la evolución de los peloteros latinoamericanos en el béisbol organizado de los Estados Unidos, desde los primeros niveles de liga menor hasta las Grandes Ligas. Lo más seguro es que hubiera comentado con franqueza lo bueno y lo malo, siempre en un marco de clase y dignidad.

Clemente falleció con tan sólo 38 años en esta tierra. Mucho había hecho como pelotero activo, pero a todos nos hubiese gustado ver qué hubiera podido hacer con su voz como figura venerada en el retiro.

Jackie Robinson, pionero afroamericano del béisbol, tuvo la oportunidad de hacer sentir su voz luego del retiro, pero también murió a la relativamente joven edad de 53 años.

En el boxeo, Muhammad Alí aún se encuentra en esta vida a sus 73 años, pero el mal de Parkinson lo calló hace mucho tiempo. De esa manera, tampoco tenemos el beneficio de escuchar a otro pionero reflexionar sobre su experiencia y opinar sobre los tiempos modernos.

De alguna manera es cierto lo dicho por Doña Vera: Clemente está con nosotros en memoria y como inspiración. Pero lo que nos hemos perdido al no contar con esa voz es lo que realmente le ha dolido al mundo del béisbol.

 

 

 

 

Pedro Martínez, entre números y grandes momentos

COOPERSTOWN, Nueva York – Cuando se menciona la carrera de Pedro Martínez en el béisbol de Grandes Ligas, se habla de uno de los mejores lanzadores en la historia. Eso ya se sabe. Y es por eso que el dominicano es uno de los exaltados al Salón de la Fama en este 2015.

Pedro MartinezPero ya con casi seis años desde el retiro del ex serpentinero, es fácil olvidar el dominio que exhibió el derecho en el montículo—y en plena era de esteroides, con tantos bateadores de fuerza artificial y temporadas sobradas de más de 50 jonrones.

Para tener una buena idea de lo que fue Pedro Martínez en su apogeo, es preciso darle un vistazo a la obra del oriundo de Manoguayabo, R.D. en términos de puros números.

De la escuela tradicional de estadísticas, se ve lo sobresaliente:

–Tres veces líder de su liga en porcentaje de ganados y perdidos y con .687 de por vida, superado en ese sentido sólo por Whitey Ford (.690) entre los lanzadores con al menos 150 victorias desde 1900.

–Cinco títulos de efectividad

–Tres veces líder de su liga en ponches, con nueve temporadas de 200 o más

–En total, marca de 219-100, efectividad de 2.93 y 3,154 ponches en 18 campañas

–Tres Premios Cy Young, una Triple Corona de pitcheo en 1999 y ocho convocaciones al Juego de Estrellas, entre muchos otros reconocimientos.

Para los que gustan de los números más modernos, las proezas de Pedro se ven más grandes todavía.

–Cinco veces líder de su liga en ERA+, efectividad ajustada a los estadios donde lanza un pitcher

–Seis veces campeón de WHIP (bases por bolas más hits por inning lanzado) y siete veces con ese número de menos de 1.0.

–Cinco veces autor de la menor cantidad de hits permitidos por cada 9.0 entradas

–Tres veces líder en menos jonrones concedidos por cada 9.0 capítulos

–Cinco veces con la mejor proporción de ponches por cada 9.0 innings

–Y cuatro veces con la mejor proporción de ponches por boleto otorgado, incluyendo 4.15 de por vida, la tercera mejor cifra de todos los tiempos

Los números dicen mucho, pero no completan el panorama del impacto de Martínez en sus equipos, en los estadios donde tiró y en su país.

Luego de establecerse como todo un as y ganar su primer Cy Young en los Expos de Montreal, Martínez se adueñó del Fenway Park al integrarse a los Medias Rojas. Con una fanaticada bien apasionada en toda Nueva Inglaterra, además de la comunidad hispana (con fuerte presencia dominicana) de Boston, las aperturas de Martínez se convirtieron en todo un espectáculo. Las pancartas de apoyo y las banderas dominicanas se vieron en todas partes en esos juegos, en su gran mayoría victorias para Pedro y los Patirrojos.

En la República Dominicana, todo un país se fijaba en las aperturas de Martínez por televisión, con el famoso “toque de queda” para sentarse a ver cómo le iría.

Sobran los momentos para el recuerdo:

–Su juego “perfecto” de 27 outs seguidos en San Diego en 1995, antes de permitir un doble en el décimo inning y perder la distinción de un juego perfecto o un no-hitter oficial.

–Su primer Cy Young en 1997, bajo la dirección de su compatriota Felipe Rojas Alou, el primer manager dominicano en Grandes Ligas

–Su manera de ponchar y dominar por completo a Barry Larkin, Larry Walker, Sammy Sosa, Mark McGwire y Jeff Bagwell en el Juego de Estrellas de 1999, ante su fanaticada en el Fenway

–Limitado por una lesión, la valentía con la que entró como relevista y tiró 6.0 innings sin hit ni carrera para eliminar a los Indios en el Juego 5 de la Serie Divisional entre Boston y Cleveland en 1999

–Sus 7.0 ceros en San Luis en el Juego 3 de la Serie Mundial del 2004, parte íntegra del campeonato de los Medias Rojas que le puso fin a una sequía de 86 años de Boston sin un título

–Y su última gloria de postemporada a los 37 años en el 2009, cuando les tiró 7.0 ceros a los Dodgers lanzando por los Filis en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional

Martínez superó muchos obstáculos rumbo a la inmortalidad del béisbol.

Además de criarse en condiciones bien humildes, tuvo que salir de la sombra de su hermano Ramón en la organización de los Dodgers como prospecto.

Nunca se ganó la confianza de la gerencia de los Dodgers en torno a su futuro a largo plazo, debido a su falta de corpulencia. Por eso fue cambiado a los Expos en el invierno de 1993-94 por el segunda base Delino DeShields.

Como dicen muchos, “el resto es historia”. Efectivamente, toda esa motivación por hacer quedar mal a los que dudaron de él, combinada con su inmenso talento y extraordinaria inteligencia como lanzador, le ha resultado en una placa en Cooperstown, la segunda de un jugador dominicano después de Juan Marichal.

Cincinnati, una ciudad de puro béisbol

CINCINNATI – Cada año una ciudad en particular tiene la oportunidad de exhibir lo mejor que tiene como sede del Juego de Estrellas de MLB. En el 2015, le toca a Cincinnati, donde juega el equipo de más años en Grandes Ligas.

920x920Definitivamente, Cincinnati es lo que se puede definir como una verdadera “ciudad beisbolera”.

Con el nombre de “Calcetas Rojas” (Red Stockings), el primer club de béisbol profesional en Cincinnati fue fundado el 1866. Al final, lo que quedó del equipo se trasladó a Boston y se convirtió en los Bravos. Hubo par de versiones más de la franquicia, pero en 1876 los Rojos—tal como los conocemos hoy en día—fueron uno de los equipos fundadores de la Liga Nacional.

Algo interesante de la historia de los Rojos es que el primero de sus nueve banderines conquistados de la Liga Naciona y su primer título de Serie Mundial fueron en 1919, año de los famosos “Medias Negras” de Chicago, que supuestamente perdieron el Clásico a propósito a cambio de dinero de apostadores. El “beneficiario” del escándalo fue el equipo de Cincinnati.

Los Rojos siempre han gozado de un buen apoyo de parte de sus fanáticos, pero en la década de los 60 empezaron a hacerse sentir en dos modos: 1), ganaron el banderín de la Nacional en 1961 y tuvieron buenos equipos en años posteriores. 2), empezaron a contar con algunos de los mejores peloteros afroamericanos, luego de la integración racial de Grandes Ligas al final de la década de los 40.

Con Frank Robinson, Tommy Harper y Vada Pinson, entre otros, los Rojos causaron un impacto en ese sentido. Y ni hablar de la presencia latinoamericana desde finales de los años 60 con Tany Pérez y luego David Concepción, Cesarín Gerónimo y Pedro Borbón, entre muchos otros.

Y claro, cuando se habla de ese último grupo, se recuerda la famosa “Gran Maquinaria Roja” que ganó cuatro banderines de la Nacional y dos Series Mundiales seguidas, en 1975 y 1976. Con Johnny Bench, Joe Morgan, Pérez, Concepción, Gerónimo, George Foster, Ken Griffey padre y el imbatible Rey de los Hits Pete Rose, esos Rojos eran prácticamente invencibles.

EL CASO PETE ROSE

Y hablando de Rose…el flamante líder de todos los tiempos en hits está en boca de muchos en estos días, con su presencia en Cincinnati—su ciudad natal—y su homenaje programado para este Juego de Estrellas. Rose sigue siendo una figura venerada en Cincinnati, un “hombre del pueblo” en todos los sentidos.

De fácil acceso y casi siempre buen trato, Rose tiene muchas cosas a su favor aparte de sus logros como jugador:

–Los que jugaron con él, en su gran mayoría, dicen una que otra vez que fue tremendo compañero de equipo, a pesar de su obsesión por acumular números individuales.

–Como hombre blanco en una sociedad aún bastante segregada en los 60, Rose siempre fue amigo y apoyador de los compañeros afroamericanos y latinos.

–Luego como manager, sus jugadores—en su mayoría—lo quisieron mucho, elogiando su forma de darles confianza y subir su nivel de juego.

–Su trato con los fanáticos y la prensa fue de primera categoría. Siempre tuvo tiempo para hablar de béisbol con ellos, algo poco visto en ese entonces y mucho menos ahora.

¿Y lo malo?

–Apostó juegos de béisbol siendo manager de los Rojos (y según los últimos informes, como manager-jugador también). Eso es una clara violación de las reglas del béisbol organizado, una ofensa que amenaza con la integridad del deporte. ¿Qué si apostó siempre a favor de su equipo? Bien, pero como manager durante 162 juegos, tu forma de dirigir se ve alterada día a día y al final perjudicas a tu escuadra.

–Se dice que Rose llegó a deberles decenas de miles, o tal vez cientos de miles de dólares a corredores de apuestas ilegales. ¿Y si esos delincuentes hubieran tenido un macabro acceso a Rose, con influencia para afectar sus decisiones desde la cueva? Eso es bien peligroso y totalmente inaceptable.

–Al fin y al cabo, Rose se aprovechó de mala manera del béisbol, que tanto le había brindado en su vida, para tratar de fortalecerse económicamente de la forma más viciosa (e ilegal, por cierto) posible. Abusó del béisbol.

CUNA DE LIGAMAYORISTAS

El área de Cincinnati ha producido más de 300 jugadores de Grandes Ligas a través de los años. Sólo el área de Tampa, Florida ha sido cuna de más. Con Rose, el Salón de la Fama Barry Larkin (figura clave del último equipo campeón de Cincinnati en 1990 y embajador especial de este Juego de Estrellas), Dave Parker, Kevin Youkilis, Kent Tekulve, Don Zimmer y tantos otros—sin incluir hijos de jugadores de los Rojos como Ken Griffey Jr. y Eduardo Pérez—Cincinnati es tierra fértil para el béisbol.

En esta quinta celebración del Juego de Estrellas en Cincinnati—la primera desde 1988 y por vez primera en el Great American Ballpark—el Clásico de Media Temporada está en buenas manos, con mucho que hacer, mucho que recordar y mucho que celebrar.

Arizona, un hueso duro de roer como equipo sorpresa

PHOENIX – Muy poco se esperaba de los Diamondbacks de Arizona llegando al 2015. Viniendo de perder 98 juegos, el equipo tenía nuevo “jefe de béisbol”, Tony La Russa; nuevo gerente general, Dave Stewart; y nuevo vicepresidente de operaciones de béisbol, De Jon Watson.

Aunque La Russa es un Salón de la Fama, sus éxitos habían sido como manager, no como ejecutivo. Y con el nuevo dirigente Chip Hale–una figura relativamente discreta antes de este año–más un roster en reconstrucción, los Diamondbacks estuvieron proyectados como cuartos o quintos en el Oeste de la Nacional para esta campaña.

Sin embargo, llegando a la última semana de junio, esta edición de Arizona ha sorprendido a muchos. Con récord de 34-35, es una escuadra que aún puede considerarse un contendiente en el Oeste—por más insólita que suene esa aspiración.

Ni los Dodgers y ni los Gigantes se han despegado con un súper récord en dicha división. Los Padres, con sus tantos nombres nuevos, no han dado la talla. Y una vez más, los Rockies siguen tratando de hallar el camino positivo.

Con sus próximos 13 juegos contra equipos del Oeste de la Nacional, los Diamondbacks pretenden ganar terreno.

“Es una gran oportunidad de demostrarle a la gente lo que podemos hacer en esta división”, dijo durante el fin de semana Hale, cuyos pupilos tienen marca de 18-16 vs. sus rivales del Oeste. “Los vemos durante toda la primavera y los hemos visto temprano en la temporada. Es cuestión de seguir luchando y hacer los ajustes. Los otros equipos están haciendo los ajustes contra nosotros. Pero es una gran oportunidad para posicionarnos mejor en la división”.

Con siete victorias en sus últimos 10 juegos para esta fecha, la explicación de los recientes éxitos es fácil: El pitcheo abridor. La rotación de los Diamondbacks ha producido siete “salidas de calidad” (6.0 entradas o más y tres carreras o menos permitidas) en siete de sus últimos nueve choques. Eso, combinado con el bateo de figuras como Paul Goldschmidt, A.J. Pollock y el cubano Yasmany Tomás, le ha dado esperanzas a la fanaticada del desierto.

“Si el pitcheo abridor nos da la oportunidad de ganar, creo que somos muy buen equipo”, dijo Hale. “Eso le da la oportunidad de descansar a nuestro bullpen y los bateadores se sienten bien, sin la presión de estar abajo.

“Estos muchachos han hecho un gran trabajo a la hora de mantenernos en juego. Ahí empieza todo”.

Curiosamente, los Diamondbacks han tenido un obstáculo bastante persistente: Volver a la marca de .500 desde finales de abril. En nueve ocasiones desde entonces, se han encontrado con un juego por debajo de .500. Y en cada oportunidad, han perdido su siguiente partido.

¿Será ahora su momento para irse por encima de .500 y empezar a competir en serio?

“Lo he pensado mucho”, dijo Hale sobre el particular. “Hay que seguir luchando hasta que te llegue tu racha, quizás una cadena de siete, ocho, nueve o 10 triunfos. Hay que ser lo suficientemente buenos para hacerlo. Queremos jugar de manera consistente todas las noches”.

Aún hay tiempo para hacerlo.

Castillo y De la Rosa, de San Isidro al desierto

PHOENIX – Cuando se menciona la localidad de San Isidro, próxima a Santo Domingo, de lo primero que llega a la mente es la Base Aérea Dominicana y la fuerte población militar en dicho lugar.

rubby-castilloPero ahora se encuentran bien lejos de ese mundo dos muchachos que en su infancia allí jugaron béisbol juntos en la década de los 90. Estamos hablando de Welington Castillo y Rubby de la Rosa, quienes se han reunido en Grandes Ligas en los Diamondbacks de Arizona.

“El mundo da muchas vueltas y hoy estamos aquí”, dijo Castillo, quien fue cambiado de los Marineros a los Diamondbacks el 3 de junio. “Es un orgullo para mí compartir en el mismo equipo con él, salir del mismo barrio, del mismo lugar y tratar de poner en alto de donde nosotros venimos”.

Efectivamente, Castillo ha dado muchas vueltas en cuestión de unas semanas. Luego de perder la titularidad en la receptoría de los Cachorros durante el invierno con la llegada a Chicago del venezolano Miguel Montero y de David Ross, el quisqueyano fue canjeado por los Cubs a Seattle el 19 de mayo. Dos semanas después, fue enviado a Arizona.

De su parte, De la Rosa está lanzando con su tercera organización de Grandes Ligas y ésta es su primera temporada en los Diamondbacks. Aunque ambos llevan ya varios años en las Mayores, aún luchan por terminar de establecerse como fijos en un lineup o una rotación abridora.

Al menos por ahora, lo pueden hacer juntos en el desierto como compueblanos, de San Isidro el Bonito al desierto de Arizona.

“Es una gran ventaja para mí, que hable mi idioma y que venga del mismo barrio”, comentó De la Rosa.

Aunque no se criaron propiamente como amigos, como fue el caso de sus compatriotas Carlos Martínez y Oscar Taveras en Puerto Plata, Castillo y De la Rosa siempre se han llevado bien desde aquellos tiempos de su niñez en San Isidro. Y a pesar de que se han visto poco desde entonces—Castillo sigue viviendo en dicho pueblo durante el invierno, mientras que De la Rosa se ha radicado en los Estados Unidos—ahora se han reunido en el mejor lugar posible: las Grandes Ligas.

“Estoy más que contento de compartir con él en el mismo equipo y tener la oportunidad de cacharlo también”, dijo Castillo. “La relación sigue muy buena y mutua”.

 

Sigue la tradición venezolana en los Diamondbacks

PHOENIX – En dos ocasiones la temporada pasada, hubo 10 participantes venezolanos en choques entre los Diamondbacks y los Gigantes, un récord para dicho país en Grandes Ligas.

Arizona Diamondbacks' Ender Inciarte has bubble gum dumped on him by David Peralta after a walk-off RBI single to end a 10-inning  baseball game against the Los Angeles Dodgers, Friday, April 10, 2015, in Phoenix. The Diamondbacks won 4-3. (AP Photo/Matt York)

Ender Inciarte y David Peralta (AP /Matt York)

Del lado de Arizona, el acontecimiento sirvió para acentuar el impacto venezolano aquí desde que debutaron los Diamondbacks en las Mayores en 1998. En años recientes, nombres como Miguel Montero, Gerardo Parra, Martín Prado, Henry Blanco y Juan Carlos Gutiérrez estuvieron en boca de los fanáticos del equipo en el Chase Field. Y en particular, Montero y Parra fueron figuras sumamente populares entre la afición del desierto.

En el 2014, se unieron a Montero, Parra y Prado sus compatriotas David Peralta y Ender Inciarte. Pero cuando fueron canjeados los primeros tres entre julio y agosto del año pasado, quedaron los últimos dos para seguir la tradición venezolana en Arizona.

“Una de las mejores partes del año pasado fue que había muchos venezolanos en el equipo”, dijo Peralta. “Compartíamos mucho y siempre estábamos unidos. Siempre tratamos de estar unidos”.

La tradición venezolana en los Diamondbacks remonta a los primeros años de vida del club. El zurdo Omar Daal fue uno de los “originales” del equipo en 1998, siendo precisamente las primeras dos campañas de Arizona las dos mejores en la carrera del maracaibero.

También hay que recordar que unos meses después de que Ozzie Guillén se convirtiera en el primer manager venezolano en Grandes Ligas con los Medias Blancas, Alfredo Pedrique fue el segundo al ser nombrado de manera interina por los Diamondbacks en medio de aquel 2004.

En estos momentos, Peralta e Inciarte—con casilleros uno al lado del otro en el clubhouse–son dos de las figuras más relevantes en un equipo de Arizona que ha enseñado una mayor garra de lo esperado. Ambos han expresado que echan de menos el ambiente que fomentaban Montero, Parra y Prado, pero al mismo tiempo pretenden seguir la tradición venezolana y latina en el desierto con su trabajo en el terreno de juego.

“Tratamos de mantenernos unidos todos los latinos”, dijo Inciarte, “ayudándonos unos a los otros y manteniendo esa familia”.

 

 

 

Los bolazos, algo cíclico del béisbol

PHOENIX – Estuvo en boca de todos en estos días los incidentes con los Reales de Kansas City, frecuentes víctimas de bolazos en las primeras tres semanas de la temporada.

Yordano VenturaPor supuesto, lo hecho por el dominicano Yordano Ventura y su compatriota Kelvin Herrera y sus respectivas suspensiones han sido tema de muchos debates. Pero las riñas por pelotazos no representan nada nuevo. Y aunque el manager de los Diamondbacks, Chip Hale, habla de una “epidemia” de bolazos, la realidad es otra.

La frecuencia de bateadores golpeados por lanzamientos ha subido un poco, pero nada que ver con “epidemia” (el número redondea las 0.35 por cada partido). De hecho, lo que provocó las incidencias de hace poco más de una semana entre Kansas City y Oakland no fue propiamente un bolazo, sino un fuerte deslizaje de Brett Lawrie en la segunda con el venezolano Alcides Escobar cubriendo dicha almohadilla.

La gente puede criticar las normas no escritas del béisbol de tener que proteger a los compañeros con bolazos. La gente puede criticar lo que se percibe como un exceso de sensibilidad de parte de los equipos—y sobre todo los lanzadores—cuando un jugador admira o celebra de más sus batazos largos. Y del otro lado, se puede argumentar que los bateadores ya se creen dueños de la parte interna del plazo y la caja de bateo, algo que imposibilita tirarles adentro sin provocar alguna clase de incidente.

Algo está claro: Esa “cultura” del béisbol al más alto nivel no va a cambiar. Vean lo expresado por Hale, en su primera temporada como dirigente de Grandes Ligas.

“Si los tuyos siguen siendo golpeados, vas a tener que darle un bolazo a alguien (del equipo contrario)”, expresó el piloto durante el fin de semana.

También existe la idea de cómo hacer eso. Lo primordial, según los jugadores, coaches y managers, es no tirarle a la cabeza a nadie, sino golpearlo donde no haya peligro de hacer mucho daño.

“Hay que hacerlo la manera correcta, en la parte inferior del cuerpo”, afirmó Hale.

Este fin de semana en Arizona, el tema de los pelotazos estuvo sobre el tapete por otro motivo con la serie entre Piratas y Diamondbacks. En agosto del año pasado, el colombiano Ernesto Frieri le puso fin a la temporada de Paul Goldschmidt con un lanzamiento que le fracturó la mano izquierda. En el siguiente juego, el panameño Randall Delgado le dio un bolazo en la espalda a Andrew McCutchen, quien una semana después sufrió una lesión en el costado que lo envió a la lista de lesionados. Se especuló que el pelotazo de Delgado pudo haber contribuido a dicha dolencia.

“Es una guerra territorial”, manifestó el manager de los Piratas, Clint Hurdle, en ocasión del regreso de Pittsburgh al Chase Field por primera vez desde aquellos sucesos. “Son cada vez más los equipos que tratan de lanzar adentro. Esa es una gran parte de nuestra filosofía de pitcheo”.

Agregó Hale: “Tienes que pitchar adentro, eso es parte del béisbol. Si no pitchas adentro, te van a hacer bastante daño porque los bateadores son demasiado buenos. Entonces, hay que tirar adentro pero también hay que saber hacerlo de la manera correcta”.

Se acepta que hay que lanzar adentro. Y cuando sucede algo percibido como injusticia, hay que devolverle fuego al otro equipo y lo más común son los bolazos. ¿Es correcto eso? En el papel no, pero ni ustedes ni yo vamos a cambiar esa parte del juego en un futuro cercano.

Lo que sí duele es ver la ausencia de superestrellas como Goldschmidt y McCutchen debido a este tipo de incidentes que, al fin y al cabo, no son lesiones de puro béisbol.

La justicia impuesta con bolazos siempre ha sido una táctica peligrosa. Pero no es más peligrosa ahora que hace un año ni hace dos décadas. Las medidas drásticas vendrán cuando alguien sufra un verdadero daño cerebral en la caja de bateo. Hasta entonces, será algo cíclico, como ha sido siempre.

 

Inciarte da de qué hablar contra lanzadores zurdos

PHOENIX – Los Diamondbacks, proyectados para terminar bien por debajo de la marca de .500 para el 2015, tuvieron una primera semana alentadora de la temporada.

Ender InciarteArizona dividió sus primeros seis juegos, incluyendo dos victorias en tres encuentros ante los poderosos Dodgers en el Chase Field. Son muchas las figuras que fueron protagonistas de los triunfos, pero una en particular ha llamado la atención por su forma de aportar: Ender Inciarte.

El jardinero venezolano dio sencillo de oro contra los Dodgers el viernes ante el relevista J.P. Howell y, menos de 24 horas después de eso, realizó un turno de suma calidad vs. el as Clayton Kershaw para empujar una carrera. Lo más llamativo es que ambos batazos fueron a lanzadores zurdos.

Inciarte, bateador zurdo, ha hecho mucho daño contra pitchers zurdos en el 2015 desde la Liga del Cactus.

“Me concentro más porque sé que no es fácil zurdo contra zurdo”, dijo Inciarte acerca de sus éxitos en ese sentido. “Simplemente trato de ver bien la bola y darle por el medio del terreno. Trato de no hacerle swing a esos sliders”.

Los números son abrumadores. En la pretemporada, Inciarte bateó de 14-6 (.429) ante los zurdos, con porcentaje de embasarse de .500. Y en lo que va de la campaña regular, el oriundo de Maracaibo lleva de 11-6 en dicha situación.

Lo interesante es cómo el manager de los Diamondbacks, Chip Hale, va a dividir tiempo de juego entre Inciarte, su compatriota David Peralta y Mark Trumbo en los jardines (A.J. Pollock está fijo como guardabosque central y primer bate).

Algo sí está claro: Inciarte se ha ganado el derecho de estar en el lineup ante los abridores zurdos.

“Él va a ser titular contra los zurdos. Ha demostrado que es un out difícil para ellos”, dijo Hale.

Inciarte, firmado por los Diamondbacks en el 2008, reclamado por los Filis en el draft de la Regla 5 del 2012 y reclamado de vuelta por Arizona en el mismo proceso al año siguiente, se ha ganado un espacio en el equipo del desierto desde el 2014. Con su bateo cada vez mejor, además de su velocidad en las bases y buena defensa en los jardines, el joven de 24 años se ha convertido en una figura de mucha popularidad en el Chase Field. Y por supuesto, su rendimiento contra los zurdos sigue asombrando.

“Trato de hacer lo mejor posible, sea contra zurdo o derecho. Es bueno ayudar al equipo bateándole bien a los zurdos”, dijo Inciarte. “Quiero seguir así”.

Gigantes quieren evitar la “resaca” del año impar

SCOTTSDALE, Arizona – Los años pares han sido de máxima gloria para los Gigantes de San Francisco desde el 2010. Con títulos de Serie Mundial en el 2010, el 2012 y el 2014, los dirigidos por Bruce Bochy han hecho historia con tres campeonatos en cinco temporadas.

Bruce Bochy, Gregor Blanco¿Y los otros años en ese trecho? Entre lesiones y bajo rendimiento de algunos estelares, los Gigantes terminaron con 86-76 (2do lugar en el Oeste de la Nacional) en el 2011 y con 76-86 (3er lugar) en el 2013. Es decir, después del champán han llegado las “resacas”.

En el 2015, la misión es evitar otra caída y dar una mejor pelea. No es una tarea fácil, pero estos Gigantes por lo menos tienen la experiencia y quieren corregir esas fallas.

“Algo nos pasó en el 2013 que no queremos que pase en esta ocasión”, nos contó el venezolano Grégor Blanco, parte íntegra de los campeones del 2012 y del 2014. “Cuando quedamos campeones en el 2012 vinimos como muy tranquilos para el 2013. Nunca pudimos engranar como equipo al 100%, con esa química ganadora”.

Otro venezolano que vivió en carne propia lo sucedido hace dos años es Héctor Sánchez. El “Imán” lucha ahora mismo por volver bien de dos conmociones cerebrales sufridas la temporada pasada y no fue parte del roster de 25 de los campeones de hace un año. Pero sí tuvo una participación bastante relevante en la corona del 2012, así que puede hablar con propiedad sobre el particular.

“Después de una Serie Mundial viene el año difícil, porque todo el mundo va a venir con todo contra los campeones”, dijo Sánchez, quien en estos entrenamientos busca recuperar su puesto como receptor sustituto de los Gigantes luego de rebajar unas 20 libras durante el invierno. “Pero nosotros tratamos de tener el mismo plan de juego, la misma mentalidad en consecuencia de lo que pasó el año pasado. Son bonitos recuerdos y fue una experiencia maravillosa, pero le damos la vuelta a la página este año y nos toca prepararnos para dar el 200%, para seguir consiguiendo victorias”.

Como alguien que vive por primera vez esta parte de ser campeón, el dominicano Juan Carlos Pérez trata de ver la situación de manera pragmática.

“Todo empieza aquí, como todos los años”, dijo Pérez. “En los entrenamientos hay que preparar al equipo para hacer bien las cosas pequeñas, porque las cosas pequeñas son grandes al final de la temporada”.

Ningún equipo ha repetido como campeón de la Serie Mundial desde que los Yankees ganaron tres al hilo de 1998 al 2000. No es fácil clasificar después de 162 juegos (a pesar de la expansión de los playoffs) y luego ganar 11 (o 12, en el caso de San Francisco en el 2014) más para coronarse—y mucho menos dos años seguidos.

Los Gigantes por lo menos quieren dar el primer paso, que es clasificar al año siguiente de quedar campeones.

“Tenemos que buscar la manera de otra vez estar unidos, con la misma mentalidad de positivismo y buscar ganar los partidos como sea”, dijo Blanco.

Padres exhiben suma confianza en la pretemporada

Bud BlackPEORIA, Arizona – Desde que perdieron de manera dolorosa un juego de desempate por el comodín de la Liga Nacional en el partido número 163 del 2007, los Padres de San Diego han tenido una sola campaña positiva: El 2010, cuando al igual que tres años antes, vieron morir sus esperanzas en el último día de la temporada.

Pero para el 2015, los Padres se han reforzado en grande con unos jardines totalmente renovados (Matt Kemp, Wil Myers y Justin Upton), una receptoría nueva (Derek Norris y el boricua Wil Nieves) y la adición del agente libre James Shields—entre otras adiciones.

Ahora falta salir al terreno y tratar de darles la pelea a los Dodgers y los Gigantes en el Oeste de la Liga Nacional.

“Es un equipo mucho más competitivo”, opinó el venezolano Alexi Amarista, quien llegó a los entrenamientos con el carril de adentro para ser torpedero titular de San Diego. “Es un lineup que va a estar muy fuerte. Es un equipo que va a dar de qué hablar en esta temporada”.

Por supuesto, ha sido dramática la transformación del roster de los Padres bajo la dirección del nuevo gerente general A.J. Preller. Son muchos nombres sonoros que han llegado para reforzar una ofensiva que en el 2014 fue la peor de Grandes Ligas con apenas 535 carreras anotadas.

Claro que hay interrogantes. Kemp, Myers y Upton no representan el mejor trío defensivo de guardabosques en el béisbol. Y entre el venezolano Yangervis Solarte, Will Middlebrooks y el cubano Yonder Alonso, no se ve mucho trueno desde las esquinas del cuadro interior. Tampoco se ve un auténtico primer bate en el grupo dirigido por Bud Black.

Pero todo eso aparte, el ambiente de los Padres en Peoria se nota mucho más movido que en varios años–diría yo desde que el mexicano Adrián González pisaba estos terrenos de práctica.

“Este año veo que todo el mundo está muy contento, preparándose bien para competir”, dijo el cerrador de San Diego, el dominicano Joaquín Benoit. “Este año tenemos una muy buena ofensiva. Si el pitcheo responde como respondió el año pasado, con par de adiciones más como James Shields, (Brandon) Morrow, (Shawn) Kelley–lanzadores que todo el mundo tiene en la mira por la calidad que tienen—además del grupo que ya tenemos aquí, vamos a dar de qué hablar”.

Por supuesto, la competencia en el Oeste de la Liga Nacional es una de las más fuertes en Grandes Ligas, con los Dodgers y Gigantes representando dos de los equipos élite de las Mayores. Pero ahora los Padres pueden mencionarse en ese grupo—por lo menos en el papel.

“Creo que vamos a estar batallando el primer lugar y la clasificación”, dijo Amarista. “Vamos a luchar por ese primer lugar”.

Agregó Solarte, en su primera temporada completa en San Diego después de llegar en el cambio que envió a Chase Headley a los Yankees: “Siempre uno quiere llegar el Spring Training para seguir trabajando y luchando por lo que uno quiere y, con las nuevas adquisiciones, más todavía. Hay talento y todo lo que necesita el equipo para seguir aspirando a lo que se quiere, que es World Series.

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