Evoluciona el uso de video en el desierto

PHOENIX – La semana pasada tuve la oportunidad de presenciar la primera prueba de la tecnología para utilizar el video en la evaluación de jugadas cantadas y la opción de cambiarlas.

mlbf_31206913_th_13La famosa “repetición instantánea” para tratar de corregir las fallas de los árbitros va a toda marcha a esta altura del invierno, con los primeros experimentos llevados a cabo en dos juegos de la Liga Otoñal de Arizona. Los partidos en el Salt Rivers Field y el Scottsdale Stadium contaron con las cámaras especiales en un tráiler y una comunicación directa entre un directivo de Grandes Ligas y el umpire principal. Un total de 11 jugadas fueron cuestionadas por los managers de ambos equipos y tres de ellas fueron cambiadas, siendo confirmadas por el video las otras ocho.

La pregunta en boca de todos es la siguiente: ¿Cuánto demorará los partidos este nuevo elemento, que será implementado en mayor medida en Grandes Ligas a partir del 2014?

El primer día, el 5 de noviembre, las cuatro jugadas cuestionadas fueron confirmadas de manera bien eficiente…casi no se sintiieron las interrupciones en el encuentro.

“Creo que nos fue bien”, dijo esa noche Joe Garagiola Jr., el encargado de operaciones de béisbol dentro del terreno de Major League Baseball. “Fue un poco de historia”.

Es cierto. Se palpitó la idea de que ese partido entre Mesa Solar Sox y Salt River Rafters representaba mucho más que otra fecha para cumplirse en el calendario de la liga. Se sabía que se haría historia esa noche y así fue.

Al día siguiente, con las tres jugadas cambiadas, se tuvo que esperar un poco más y el juego se demoró bastante. Ese es el miedo de todos. Es más, en una sola jugada se tuvo que observar el video no una vez, sino dos porque fueron desafiados dos aspectos diferentes de un mismo corrido de bases. Eso tendrá que cambiarse y hay consciencia en ese sentido desde lo más alto de MLB. Por eso las pruebas de lugar se están realizando en la Liga Otoñal.

“El Comisionado (Bud Selig) ha querido hacer esto desde hace un par de años, pero no podemos (implementarlo sobre la marcha)”, dijo Joe Torre, vicepresidente ejecutivo de operaciones de béisbol de MLB. “Queríamos procurar que no fuera a afectar el ritmo del juego”.

Torre, al igual que los otros directivos de Grandes Ligas, se expresaron complacidos con lo ocurrido en el primer partido. El segundo fue otra cosa. Entonces, habrá que seguir de cerca el caso a ver cómo evolucionará el proceso.

Todo el mundo quiere que las jugadas sean cantadas y apreciadas de la manera correcta. El uso de video remonta casi tres décadas en el fútbol americano de la NFL. El básquet de la NBA tiene su sistema también para ciertas cosas y otras ligas como la NHL (hockey sobre hielo) llevan años con la ayuda de la repetición en video.

“El béisbol no es como los otros deportes”, dijo Torre al respecto. “El fútbol americano y el baloncesto tienen sus límites en cuanto a qué puede afectar un juego. En realidad no tenemos eso. Son muchos los aspectos que tenemos que ver y saber cómo manejar”.

No será nada fácil. El deseo de acertar en cada jugada podría chocar con otra meta de Grandes Ligas, que es de acortar la duración de los partidos. El equilibrio entre esos dos elementos será clave.

“Creo que esto satisfará al público, en el sentido de que estamos complaciendo a los que creen que la repetición (para decidir jugadas) debe ser parte de nuestro juego”, dijo Torre. “No podemos ignorar la tecnología que existe”.

Luis Tiant: “Yo necesito un anillo nuevo”

BOSTON – En medio de la celebración del no muy amplio clubhouse de los Medias Rojas en el Fenway Park, se tiraba champán entre gritos de felicidad y entrevistas para destacar el ascenso meteórico Boston del sótano en el 2012 a la Serie Mundial este año.

Tiant_595Había que buscar protagonistas del equipo como David Ortiz, Shane Victorino, Clay Buchholz, Xander Bogaerts y Mike Napoli—entre muchos otros. Pero en la orilla del mar de personas con botellas, cámaras y micrófonos, se encontraba una figura que, a sus 72 años, para mí lucía tan grande como cualquiera de las estrellas del momento: Luis Tiant.

La leyenda cubana, quien brillara en el montículo por los Medias Rojas en la década de los 70, estaba celebrando el título de la Liga Americana del equipo con su acostumbrado puro y una botella de champán. Tuvo la gentileza de dejar el festejo por un momento para charlar con un servidor.

“Para mí es un orgullo trabajar con la organización y ver a estos peloteros y el trabajo que hicieron”, dijo Tiant, quien sigue formando parte de los Medias Rojas como consultor. “En realidad yo creo que nadie pensó que ellos iban a hacer lo que hicieron hasta ahora”.

Eso es así. Y Tiant sabe de triunfos inesperados de los Medias Rojas. En 1975, el cubano fue uno de los pilares de una rotación abridora que ayudó a Boston a eliminar sorpresivamente a los Atléticos—tricampeones en ese momento—en la Serie de Campeonato de la Liga Americana. Y nadie podrá olvidar aquella Serie Mundial vs. los Rojos, que se fue al máximo de siete partidos e incluyó el famoso cuadrangular de oro de Carton Fisk en el duodécimo inning del Juego 6.

En esa postemporada, Tiant ganó los tres partidos que inició en el montículo—uno sobre Oakland y los otros dos vs. Cincinnati—con dos juegos completos en el Clásico de Otoño ante la “Gran Maquinaria Roja”, que al final se llevó la corona.

“Los juegos que uno jugó, cómo fue la serie contra Oakland, después contra Cincinnati”, dijo Tiant al recordar ese octubre inolvidable para los bostonianos de esas generaciones. “Uno se siente orgulloso de poder estar participando en la Serie Mundial”.

En la región de Nueva Inglaterra, Tiant sigue siendo una figura relevante. Aún reside en el estado de Massachusetts y se le ve en el Fenway recibiendo el trato digno de sus aportes en los anales de la franquicia.

La historia de Tiant se ha contado en muchas ocasiones por diversos medios, pero la joya es la película del 2009 The Lost Son of Havana que recuenta su vida y su carrera mientras las cámaras lo siguen en su regreso a Cuba.

En cuanto a béisbol se refiere, los números dicen bastante.

Con su estilo único de dar casi una vuelta entera antes de lanzar, terminó una carrera de 19 temporadas de Grandes Ligas con récord de 229-172, efectividad de 3.30 y 2416 ponches en 573 presentaciones y 3,486.1 entradas lanzadas. Fue a tres Juegos de Estrellas y ganó dos títulos de efectividad en la Liga Americana.

Y para los que gustan de las estadísticas más modernas, fue primero en WHIP (bases por bolas más hits por cada inning lanzado) en el Joven Circuito una vez, líder en hits permitidos por cada nueve innings en una ocasión y primero en WAR para pitchers (según BaseballReference.com) para una temporada.

De paso, tiró cuatro blanqueadas consecutivas en 1966 con los Indios—sólo Don Drysdale, Bob Gibson, Orel Hershiser y Gaylord Perry han lanzado cuatro o más en la era después de la expansión de Grandes Ligas en 1962.

La última vez que Tiant estuvo en la boleta para el Salón de la Fama fue el 2002—nunca recibió más del 31% de los votos (del 75% necesario), y eso fue en su primera oportunidad en 1988.

Ha habido uno que otro movimiento entre la fanaticada de los Medias Rojas para promover su campaña para Cooperstown, pero en realidad el legado de Tiant está sellado—tanto en Estados Unidos como Venezuela (donde brilló en la pelota invernal y es inmortal del béisbol) y, por supuesto, Cuba.

Ahora la leyenda tiene una meta más para este mes: “Yo necesito un anillo nuevo”.

Tiant puso de su parte en eso hace 38 años. Ahora les toca a los barbudos de estos Medias Rojas.

Oakland: Sorpresa no, impresionante sí

OAKLAND – El hecho de ya saberse de la hazaña de los Atléticos de hacer más con menos no la hace ni menos impresionante ni menos digna de elogios.

Jason Giambi To Return To Oakland A's Next SeasonAquí no tenemos que recontar todo lo que ha hecho el gerente general Billy Beane con estos Atléticos desde 1998. El sagaz ejecutivo ha sabido construir rosters en Oakland que han clasificado para los playoffs en siete ocasiones desde el 2000, con nóminas discretas y muchos peloteros que, aunque son desconocidos por muchos fuera del Área de la Bahía, han sido grandes protagonistas en los éxitos del equipo.

Por ejemplo, este año los “verdes” ganaron 96 juegos en la temporada regular para llevarse su segundo título divisional en forma consecutiva, con la cuarta menor nómina (según USA Today) en Grandes Ligas.

Sí son nombres reconocidos Bartolo Colón, Coco Crisp y Yoenis Céspedes, para mencionar a algunos de los integrantes del equipo de más perfil. Pero la verdad es que si uno quiere hablar de Oakland, hay que destacar los aportes de jugadores como Josh Donaldson, Brandon Moss, Jed Lowrie, Derek Norris, A.J. Griffin, Jarrod Parker, Dan Straily y Grant Balfour—y hasta con esa lista se queda corto.

Ahora bien, estos Atléticos no son puro “Moneyball—la versión del libro y más adelante, con menos precisión, la película sobre la edición de Oakland de hace 11 años. Recuerden que los esfuerzos de Beane y sus pupilos en la gerencia no rindieron muchos frutos entre el 2007 y el 2011, cuando una serie de movimientos a nivel de Grandes Ligas—empezando con el fallido experimento de tener a Bob Geren como manager—no produjeron ni una sola temporada ganadora.

Los éxitos de los Atléticos desde el 2012 se deben a varios factores. Uno de ellos es el manejo magistral de un equipo de muchas piezas intercambiables de parte del dirigente Bob Melvin, el sucesor de Geren. Otro son las firmas astutas de agentes libres como el dominicano Colón, el cubano Céspedes y Crisp. Pero si uno busca un momento que definió lo que sería el inicio de la inesperada jerarquía de Oakland en el Oeste de la Americana, hay que recordar diciembre del 2011.

Ese mes, Beane hizo tres cambios de impacto con el clásico modelo de un equipo que estaba en plena reconstrucción y sin pretensiones de ganar un futuro cercano. El primer canje fue con los Diamondbacks, que enviaron a Oakland a Parker, Ryan Cook y Colin Cowgill por Trevor Cahill y Craig Breslow.  Más adelante, justo antes de las navidades, Beane cambió al zurdo Gio González y a Robert Gilliam a los Nacionales por Morris, Tommy Milone, Brad Peacock y A.J. Cole. Y a fines de dicho mes, Oakland envió al cerrador Andrew Bailey y a Ryan Sweeney a Boston por el valioso toletero Josh Reddick, Miles Head y el derecho dominicano Raúl Alcántara.

Si se habla de los aportes de Parker, Reddick, Milone, Norris y Cook, se habla de gran parte de la cara de estos nuevos Atléticos. Y pensar que en esos momentos, todo el mundo esperaba temporadas perdidas en Oakland durante varios años. El mismo Beane expresó en varias ocasiones que hizo aquellos movimientos pensando en una reacción del equipo para el 2014, cuando posiblemente la franquicia estuviera en San José o en otra localidad fuera de la ciudad de Oakland. Pero aquí están, recibiendo otra serie de playoff en el Coliseo (ahora conocido como el O.co Coliseum).

Lo logrado por Beane y su staff gerencial ya no es sorpresa, con un total de 190 victorias en campaña regular en los últimos dos años. Pero en el caso de los Atléticos tiene otro matiz, ya que los obstáculos son bastante grandes en cuanto a recursos económicos se refieren.

Ahora, con otra postemporada, este equipo busca por fin hacerse sentir en octubre y llegar a la Serie Mundial por primera vez bajo el mando de Beane.

¿Inicio de una era oscura en el Bronx?

PHOENIX – La última vez que los Yankees no clasificaron para los playoffs fue la temporada del 2008.

Eduardo Nunez, Brendan Ryan, Robinson Cano, Mark Reynolds¿Cuál fue la reacción de la gerencia, ya dominada para ese entonces por Brian Cashman y con el aval de los Steinbrenner para gastar mucho dinero? El equipo invirtió US$423 millones para firmar a CC Sabathia, A.J. Burnett y Mark Teixeira. El resultado fue el deseado: En el 2009 Nueva York ganó 103 juegos en la temporada regular, rumbo al título de Serie Mundial número 27 de la franquicia.

¿Puede suceder algo parecido del 2013 al 2014? Muy difícil, por no decir imposible. En vez de sumar, los Yankees de estos tiempos se han acostumbrado a dejar ir al talento más caro.

Es conocido por todos el deseo de los dueños, encabezados por Hal Steiinbrenner, de evitar el impuesto de lujo para la próxima temporada, lo cual implica tener una nómina de US$189 millones o menos. Por eso el equipo dejó de firmar a Russell Martin y a Eric Chávez, por ejemplo, en la última temporada muerta. Ambos hubiesen ayudado sobremanera a los Yankees del 2013.

De hecho, la edición de Nueva York de este año hizo mucho al estar en la pelea hasta el miércoles, sin nombres como Curtis Granderson, Alex Rodríguez, Derek Jeter, Mark Teixeira y Francisco Cervelli—para nombrar a sólo algunos—durante largos trechos de la campaña.

Sabemos que lo más probable es que se vaya Granderson. Además, es casi seguro que Rodríguez no juegue en el 2014, debido a su inminente suspensión por el vínculo con la Clínica Biogénesis. Se retiran Mariano Rivera y Andy Pettite. Y por supuesto, Robinson Canó exigirá un mega-contrato, algo que los Yankees—por más increíble que pareciera hace unos pocos años—pueden no estar dispuestos a pagar. Y si vuelve a jugar Derek Jeter, ¿en qué condiciones estará a sus 40 años?

Desde 1994 (cuando terminaron con el mejor récord de la Americana pero no hubo postemporada por la huelga), los Yankees han sido la crema de Grandes Ligas, con cinco títulos de la Serie Mundial y una participación en los playoffs en cada temporada menos una. Hace cinco años cuando no fueron a postemporada, fue cosa de una sola campaña. Ahora podría ser el inicio de una época oscura para los “Bombarderos del Bronx”.

Todo dependerá de la disposición de Hal Steinbrenner y los que controlan el dinero en el Bronx. Si los últimos 10 meses son un indicio, los fanáticos de los Yankees—tan acostumbrados a las victorias—podrían vérselas feas en los próximos años.

Los números no mienten…pero tampoco lo dicen todo

PHOENIX – Siempre es interesante ver el debate entre los que creen en las estadísticas tradicionales del béisbol y la denominada “Sabermetría”, un término utilizado para referirse a la serie de números y fórmulas que usan los nuevos analistas para evaluar a los peloteros.

1142352000_7597Traigo a colación este tema porque me llamaron la atención los comentarios de Mark Trumbo, toletero de los Angelinos que da batazos largos y empuja carreras, pero sin los grandes números que buscan los analistas de ahora. En el caso particular de Trumbo, su “Talón de Aquiles” es un bajo porcentaje de embasarse.

Dice Trumbo que entiende por qué se le critica en ese sentido, tomando en cuenta el criterio de los analistas modernos. Pero yo me pregunto, ¿dónde está la verdad en todo esto? ¿Son los números “viejos” una forma tonta de evaluar a un jugador, sin análisis profundo e inteligente? ¿O son Bill James (visto en esta foto) y sus discípulos unos nerds demasiado obsesionados con los números, sin experiencia en el terreno de juego y por ende sin el conocimiento de las idiosincrasias de un juego de pelota?

Nadie es dueño de esa verdad, por supuesto. De mi parte, creo que el debate es algo bien positivo para fomentar el análisis y la comprensión del béisbol, uno de los deportes más complicados del mundo, con elementos muy sutiles que impactan el resultado de cada partido.

Por ejemplo, en el caso de Trumbo y los bateadores, la famosa Triple Corona–Promedio, jonrones y empujadas—no lo dice todo. Para impulsar carreras, se necesita de otros jugadores que se embasen. Y promedio puede ser un número incompleto, si no se toma en cuenta cuánto un jugador se embasa o en qué momento da sus batazos. Los cuadrangulares son bien emocionantes, pero el resultado más importante es cómo contribuye ese palo a las victorias de un equipo día por día. Se necesita más análisis.

Números como OPS (ya estándar en las estadísticas populares), Carreras Creadas y Promedio Con Bolas En Juego—para nombrar sólo tres– completan el panorama un poco más, para crear el famoso y controversial WAR (que aplica en el caso tanto de bateadores como lanzadores).

Pero del otro lado, ¿podemos ver los números fríos para saberlo todo? Todos sabemos que el lineup de los Angelinos no es ahora lo que se suponía iba a ser, con Albert Pujols fuera y Josh Hamilton ni la sombra de lo que fue en Texas. Mike Trout es una superestrella y el prototipo de lo que elogian los del análisis moderno. Pero alguien como Trumbo, como amenaza para mandar la bola lejos en cualquier momento, pone su granito de arena en una alineación—que no quepa la menor duda de eso, ni tampoco de su valor para un equipo. Y lo haría más si los otros elementos de los Angelinos estuvieran más presentes.

Hace varias décadas, con sus números de jonrones y empujadas, Trumbo era una estrella. Ahora, no tanto…buen bateador de poder sí, estrella no.

Del lado de pitcheo, ha avanzado mucho el análisis de un lanzador con las estadísticas “independientes de la defensa”, EFE + y promedio de bolas puestas en juego—entre muchas otras, por supuesto.

En 1990, Bob Welch fue el Cy Young de la Liga Americana, cuando claramente merecía el premio Roger Clemens. ¿Cuál fue el factor determinante a favor de Welch? Sus 27 victorias.

Desde siempre, la cantidad de victorias ha sido algo dudoso para evaluar a un pitcher. Pero increíblemente, hoy en día, existen quienes le ponen importancia. En estos días escuché a un conductor de la sección de deportes de un noticiero local de televisión calificar a Homer Bailey como “un lanzador de .500”. Pues sí, su récord es de 10-10, pero descartarlo como un “lanzador de .500” no toma en cuenta su perfil general (y mucho menos sus dos no-hitters). Esa es la clase de análisis superficial que ya no debería caber en nuestro mundo.

Y por supuesto, en el 2010 vimos el avance del criterio cuando Félix Hernández ganó el Cy Young con récord de 13-12.

Pero llegando a los extremos, ha habido campañas promovidas por “sabermetristas” en Twitter como #KillTheWin, es decir, “matar la victoria” como medida de un abridor.

En un principio no suena mal, pero hago la siguiente pregunta: ¿Cuánto valor tiene un juego lanzado por un pitcher que permitió cinco carreras en los primeros dos innings pero se repuso para llegar a tirar cinco ceros después de eso, y que su equipo remontó para ganar? En otras palabras, tuvo las agallas (por no usar otro término) y la fortaleza mental para brindarle a su equipo esos siete episodios, sabiendo la situación, para adjudicarse la victoria. No se dio por vencido. ¿Habrá tenido esa actitud que ver con el despertar ofensivo de sus compañeros? Esa pregunta no la puede contestar nadie, y mucho menos un analista que ni vio el juego.

Los mismos Angelinos representan un buen ejemplo del choque entre los tradicionalistas y los modernistas. El manager Mike Scioscia (tradicionalista) y el GG Jerry Dipoto (modernista) no se han puesto de acuerdo en muchas cosas, y se especula que uno de los dos (probablemente Dipoto) se irá del equipo. Pero de poder combinar ambas filosofías sin conflicto sería la manera de encontrar el punto medio más conveniente.

Los números no mienten…pero tampoco lo dicen todo.

Los Rangers, reconstruidos “sobre la marcha”

PHOENIX – Cuando los Rangers de Texas conquistaron en el 2011 su segundo banderín de la Liga Americana en forma consecutiva, contaban con los siguientes nombres: Josh Hamilton, C.J. Wilson, Neftalí Féliz, Matt Harrison, Alexi Ogando, Michael Young, Colby Lewis y Nelson Cruz.

Jon DanielsEn estos momentos, por diversos motivos—lesiones, partidas vía la agencia libre y hasta una suspensión por dopaje—el equipo de Texas está sin los servicios del grupo antes mencionado.

El gerente general de los Rangers, Jon Daniels, ha tenido que hacer malabares para mantener por el sendero positivo a Texas. Y lo ha hecho con un éxito admirable.

Es cierto que la organización cuenta ahora con más recursos económicos que nunca. Fue por eso que se pudo firmar al derecho japonés Yu Darvish en el invierno del 2011-12. Sin embargo, lo que más se destaca es cómo Daniels ha llenado los huecos uno por uno, sin hacer mucha bulla, para que los Rangers sigan como un equipo ganador y puntero este año. De hecho, en estos momentos Texas lleva la mejor marca de la Liga Americana.

¿Se fueron Mike Napoli y el venezolano Yorvit Torrealba? Llegaron A.J. Pierzynski y el boricua Geovany Soto. ¿Se fue Josh Hamilton? Ahí estaba el cubano Leonys Martín (y sí, como han jugado ambos este año, es una comparación justa, aunque sean diferentes clases de peloteros). ¿Se lesionaron Lewis, Harrison y Féliz? Han puesto su granito de arena en el montículo Tanner Scheppers, el venezolano Martín Pérez y ahora Matt Garza, ni hablar de la firma del cerrador Joe Nathan hace dos inviernos. ¿Fue suspendido el dominicano Cruz? Fue adquirido el guardabosque puertorriqueño Alexis Ríos.

Ya captan la idea. Ante las tantas lesiones y una salida inesperada de Hamilton (Daniels fue tomado de sorpresa durante un almuerzo con los reporteros, que informaron al ejecutivo sobre el acuerdo del toletero con los Angelinos), además de la dolorosa situación con Cruz, la gerencia de Texas ha sabido moverse y renovar su roster sin perder el ritmo en el terreno de juego.

Siempre hay cambios en un equipo de año a otro; así es el negocio del béisbol desde hace mucho tiempo. Pero llama la atención lo diferente que es el plantel de Texas ahora al del 2010, cuando el equipo del manager Ron Washington fue a su primera Serie Mundial.

De los jugadores de posición titulares, de aquella edición de los Rangers sólo quedan Ian Kinsler, el venezolano Elvis Andrus y Mitch Moreland (y considerar a Moreland “titular” en ese entonces es tema de debate).

En la Serie Mundial de hace tres años, los abridores de Texas fueron Cliff Lee (dos veces), Wilson, Lewis y Tommy Hunter. Sólo queda Lewis en la nómina del equipo, y éste no ha tirado ni una sola entrada en el 2013.

Nunca es fácil conformar un equipo exitoso año tras año. Pero los Rangers ganaron 87, 90, 96 y 93 partidos, respectivamente, entre el 2009 y el 2012, con tres clasificaciones y dos títulos de la Liga Americana. Y con 74-53 en estos momentos, parecen estar rumbo a otra campaña exitosa—aunque claro, está por verse cómo terminarán su lucha con los Atléticos por el Oeste del Joven Circuito y la pelea por los comodines.

Cuando se habla de reconstruir sobre la marcha, nadie lo ha hecho mejor en los últimos dos años que Jon Daniels y los Rangers de Texas.

Suspensiones por dopaje: Quedan más interrogantes

PHOENIX – Ya con unos días para procesar el bombazo de las suspensiones resultantes de la investigación de la Clínica Biogénesis por Major League Baseball, llaman la atención algunos puntos con el tema del dopaje en el béisbol.

Dopaje_480_4y65jsod_19eys1msPrimero, con la agresividad de MLB en su investigación y la severidad de los castigos—ni hablar de imponer sanciones sin pruebas positivas—el régimen de Bud Selig ha completado su giro de 180 grados en torno a los esteroides.

Recuerden que hace 15 años, en medio de la magia de la competencia entre los jonroneros Mark McGwire y Sammy Sosa, fueron muy pocos los que hablaron en voz alta sobre la presencia de los esteroides—con todo y el increíble auge de jonrones en las Grandes Ligas y, más asombroso, aun después de que un reportero descubriera un frasco de Androstenedione en el casillero de McGwire.

La fiesta jonronera y de toleteros fornidos de manera casi ridícula continuó unos años más, pero en el 2002 por fin el sindicato aceptó un programa de pruebas por esteroides en el nuevo acuerdo colectivo con los dueños. De ahí surgió la serie de pruebas positivas del 2003 (anónimas hasta el 2009) y la implementación de pruebas oficiales al año siguiente.

Pero no fue hasta el 2005, cuando Selig tuvo que soportar la humillación de ser convocado al Congreso de Estados Unidos y ser criticado fuertemente en el Capitolio, que MLB se puso en serio con el tema del dopaje. El Informe Mitchell del 2007—por más limitado que haya sido– fue un esfuerzo admirable de revelación y autocrítica, algo jamás visto en los otros deportes principales de Norteamérica.

Los resultados se han visto con los números. No vemos ni una fracción de los cuadrangulares que se conectaron entre 1998 y el 2002. Hay más pitcheo, más velocidad y, en sentido general, vemos un juego más parecido al que se jugó durante muchas décadas del Siglo XX.

El segundo punto preocupa más. Si hubo tantos suspendidos (y casi todos reconocieron su error), ¿por qué no se vieron más pruebas positivas? Si todos estos peloteros en algún momento se doparon, ¿se puede decir que se escaparon de la detección del programa de MLB? Claro que sí.

Si Porter Fischer no se hubiera desencantado con Tony Bosch como socio, el periódico Miami New Times no hubiera dado su “palo” en enero con el reportaje sobre Biogénesis, lo que desató la investigación de MLB. Entonces, los suspendidos ahora pagan el precio no por salir positivos en pruebas, sino por estar vinculados a la clínica.

De ahí surge  la siguiente interrogante: ¿Cuántos ligamayoristas más se han dopado sin salir positivos en pruebas, con médicos, clínicas o allegados que simple y llanamente no han sido revelados por un periódico semanal?

Eso es exactamente lo que sucedió con el Informe Mitchell. Dicho trabajo se basó básicamente en tres fuentes: La investigación federal de la clínica BALCO (Barry Bonds, Jason Giambi y otros atletas del Área de la Bahía en California), Kirk Radomski (clubhouse de los Mets) y Brian McNamee (clubhouse de los Yankees). Si un jugador no pertenecía a ninguno de estos tres lugares, no había manera de descubrirlo como consumidor de esteroides. ¿Quién sabe cuántos peloteros se escaparon de la red del Informe Mitchell? Y ahora no sabemos cuántos más se han dopado en el presente, simple y llanamente porque nadie le informó a un periódico sobre sus suplidores—como en el caso de Biogénesis.

El último punto es sabido por todos. Se dice que los médicos y los químicos dedicados al dopaje en el deporte siempre le llevan uno o dos pasos a las entidades regidoras de las diferentes ligas. El caso de Biogénesis parece confirmar esa idea. Lo que inició como una venganza de un socio a otro en un negocio mal manejado terminó creando este escándalo de mayores proporciones para MLB.

¿No deben ser las pruebas del mismo programa antidopaje lo que revela el consumo de sustancias prohibidas?  ¿Cuántas figuras como Tony Bosch existen ahora, y con cuáles peloteros?

Diamondbacks en peligro de hundirse en el Oeste

PHOENIX – Los Diamondbacks están en una situación bien precaria, luego de un inicio tan alentador de la temporada del 2013.

Kirk GibsonPara el 7 de julio, Arizona tenía ventaja de 4.5 juegos sobre los Dodgers en el Oeste de la Liga Nacional. Quince días después, ya estaban en el segundo lugar de la división y, empezando la última jornada de julio, se encontraban a 4.0 partidos del puntero Los Angeles, el equipo más encendido de la Liga Nacional durante el último mes y medio.

¿Qué ha pasado con el equipo del desierto?

Aunque los Diamondbacks llegaron a esta fecha quintos en carreras anotadas en la Liga Nacional con 441, la tropa de Kirk Gibson está novena en el Viejo Circuito con promedio de .244 con corredores en posición de anotar.

En la lomita, el bullpen  de Arizona ha malogrado 19 oportunidades de salvamento—sólo los Cachorros han desperdiciado más en la Nacional.

Entonces, cuando lanzan bien, no anotan. Y cuando anotan con un buen pitcheo abridor, ha faltado un relevo confiable, sobre todo en la novena entrada.

Desde el 2011, el estilo de Gibson y del gerente general  Kevin Towers ha sido de rotar a muchos jugadores en pocas posiciones. Por ejemplo, de momento ha habido cinco jardineros para tres puestos y cinco infielders para las tres posiciones del cuadro que no sean la primera base.

Dicha fórmula dio buenos resultados hace dos años, cuando los Diamondbacks fueron campeones del Oeste. Pero desde entonces, ha habido fallas. En el bateo, un vistazo a los números explica bastante.

De los titulares del lineup, sólo Paul Goldschmidt y Aaron Hill llevan OPS (porcentaje de embasarse más slugging) por encima de .800. Eso significa que toleteros de peso como Jason Kubel, el venezolano Miguel Montero y Cody Ross no han rendido como se hubiera esperado.

El venezolano Gerardo Parra puso de su parte en la primera mitad, pero se ha visto un declive en su producción ahora. Recuerden que este año se puede calificar como su primera campaña verdaderamente “completa” a nivel de Grandes Ligas, en cuanto a turnos se refieren.

Con el bate, aún se ven algo verdes los jardineros jóvenes Adam Eaton y A.J. Pollock, mientras que Didi Gregorius, otra promesa de Arizona, también está en desarrollo . Lo que tienen en común estos tres es la inconsistencia, algo de esperarse cuando se trata de peloteros que apenas empiezan sus carreras a este nivel.

En cuanto al pitcheo, ya vimos el cambio de Ian Kennedy a los Padres. Es una pena lo que ha sucedido con el derecho, quien en el 2011 ganó 21 juegos y 15 más hace un año. Pero esta temporada no cumplió como el as que querían ver los Diamondbacks.

La ida de Kennedy parece abrirle camino en la rotación abridora al panameño Randall Delgado, quien después del nuevo as de facto Patrick Corbin ha sido el mejor lanzador de Arizona desde la tercera semana de junio. Pero en el desierto hacen falta mayores aportes de Trevor Cahill y Brandon McCarthy, lesionados en estos momentos pero cuyas actuaciones han producido resultados mixtos hasta ahora.

Y ni hablar del bullpen. Se necesita que la combinación de J.J. Putz y David Hernández vuelva a lo que fue en el 2011 y el 2012. En el cambio por Kennedy llegó el zurdo Joe Thatcher, quien debe de ayudar en ese sentido.

Para los Diamondbacks no es tarde todavía. Hasta ahora se han salvado por pertenecer a una división sin un equipo dominante. Pero con el ascenso de los Dodgers, es hora de apretar el paso. Si no, en unas pocas semanas la gerencia de Arizona podría estar pensando en el 2014.

Juego de Estrellas: Todos los ojos puestos en Queens

NUEVA YORK – Una vez más, el Clásico de Media Temporada vuelve a la Gran Urbe.

2013-Mets-ASG-Logo-Drop-Shadow-ver2.0-1280x1024El Juego de Estrellas del béisbol de Grandes Ligas se efectuará el martes en el Citi Field de Queens, sede de los Mets de Nueva York.

Es la novena ocasión en que el partido se realiza en la “Gran Manzana”, un récord. En el 2008, los Yankees despidieron al viejo Yankee Stadium con la celebración del 79 Juego de Estrellas—la última vez que la crema de la Gran Carpa se reunió en Nueva York a mediados de una campaña. Dicho estadio recibió el evento un total de cuatro veces, mientras que el Polo Grounds (Gigantes de Nueva York) fue sede en dos ocasiones y el Ebbets Field (Dodgers de Brooklyn) fue anfitrión para un solo Clásico.

Esta es la segunda vez en su historia que los Mets cumplen dicho papel. La primera fue en 1964, año en que se inauguró el Shea Stadium.

Para la novena de Queens, este Juego de Estrellas es, sin lugar a dudas, el punto luminoso del Citi Field desde que el estadio fue inaugurado en el 2009. Los Mets nunca han tenido récord positivo desde que se trasladaron del Shea Stadium al Citi Field (la nueva instalación fue construida en el mismo lugar de la vieja, en la localidad de Flushing). Después de los desplomes del 2007 y del 2008, que lamentablemente para los fans de aquí resultaron ser un último recuerdo bien amargo del Shea, los Metropolitanos han cambiado de gerente general y de manager, además de sufrir un golpe económico al ser la familia Wilpon—dueños mayoritarios de la franquicia–una de las víctimas del colosal fraude cometido por Bernard Madoff.

Pero ahora, por lo menos en estos días, a los Mets les toca enseñar lo mejor que tienen. Primero está David Wright, estelar tercera base y cara de la franquicia. El toletero es el mayor embajador del equipo, nombrado capitán de la Liga Nacional para el Festival de Jonrones y la figura más reconocible de los anfitriones. También está Matt Harvey, sensación del montículo y una de las piezas que le dan esperanzas a una fanaticada que ha visto apenas dos postemporadas desde 1988 y que en Nueva York ha tenido que soportar la alegría de los seguidores de los Yankees, el equipo más exitoso en la historia de Grandes Ligas.

La última vez que el Juego de Estrellas se realizó en Nueva York, fue uno de los grandes acontecimientos de la temporada del 2008. El tema primordial era la despedida del viejo Yankee Stadium, la instalación más famosa y de más éxitos en la historia del béisbol. Pero después de todo eso, los eventos en el terreno fueron iguales de emocionantes que la romántica idea de decirle adiós a la “Casa que Construyó Babe Ruth”.

Primero fue el Festival de Jonrones, evento en el que Josh Hamilton—la gran sensación ese año no sólo por sus hazañas como pelotero, sino también por haber superado la adicción a las drogas y al alcohol—maravilló a todos con 28 cuadrangulares en la primera ronda, un récord al que nadie jamás se acercará (desde mi óptica). Curiosamente, por los reglamentos de la competencia en aquel entonces, Hamilton no fue el ganador, ya que fue superado en la última fase por Justin Morneau.

Luego, en el mismo partido, se vio una serie de cosas sin precedente. Se establecieron récords para un Juego de Estrellas entre ambos equipos en ponches (34), bases robadas (7), corredores dejados en circulación (28), lanzadores (23) y jugadores participantes (63). El encuentro se decidió en 15 entradas, lo que empató una marca de innings para el evento (1967), y duró 4.50 horas–también un récord.

Al final, ganó la Liga Americana con un elevado de sacrificio de Michael Young que empujó desde la tercera a Morneau en el cierre del 15to capítulo.

Por más que les duela a los fanáticos de Queens, los Yankees siempre han puesto el estándar en el béisbol neoyorquino—aquel Juego de Estrellas en el Bronx no fue la excepción en cuanto a emociones se refieren. Pero ahora los Mets y su fanaticada tienen la oportunidad de destacarse como anfitriones y como protagonistas en un evento tan “brillante” como el Juego de Estrellas.

Definitivamente, es el momento para que el Azul y Anaranjado le robe el show al Uniforme Rayado.

La dura realidad del sistema divisional

PHOENIX – Por más que se haya expandido el sistema de playoffs en Grandes Ligas—ahora son un total de 10 equipos que clasifican, incluyendo los dos comodines—las divisiones siguen siendo un elemento crucial para determinar cuáles equipos llegan a jugar en octubre.

MattinglyGibbons595Si no lo creen, los Dodgers de Los Angeles y los Azulejos de Toronto lo están demostrando claramente en el 2013.

Los Dodgers y los Azulejos son dos casos muy parecidos este año. Ambos llegaron a la temporada con tremendas nóminas (en el caso de Los Angeles, un récord) y enormes expectativas. Y por los motivos que fueran—lesiones, bajo rendimiento y falta de acoplamiento—empezaron bastante mal.

El equipo californiano, al igual que la escuadra canadiense, ha realizado un tremendo repunte desde el mes de junio. Los Dodgers llegaron a esta fecha con ocho victorias en sus 10 juegos anteriores, mientras que los Azulejos se vieron por encima de .500 hace unos días, antes de caer a 41-44. Toronto supera a Los Angeles (40-44) por medio juego en cuanto a récord se refiere.

Ahí es que llegamos a la gran diferencia y lo que define el fracaso de los Azulejos y la gran oportunidad de los Dodgers: El sistema de las divisiones.

Los Angeles, con todo y sus cuatro juegos por debajo de .500, están a apenas 3.5 partidos del primer lugar del Oeste de la  Liga Nacional, división que ha sorprendido de mala manera a muchos con un solo equipo con récord ganador, los punteros Diamondbacks (44-41).

Además de la decepción de los Dodgers en la primera mitad, vemos cómo los campeones Gigantes han decaído. Con un lineup afectado por las lesiones y un pitcheo que ha bajado al undécimo lugar de la Liga Nacional en efectividad colectiva, San Francisco se encuentra en el sótano del Oeste. San Diego ha tenido rachas buenas y rachas malas, pero no se perfila como un contendiente serio, al igual que los Rockies. Los mismos Diamondbacks tienen claras debilidades, sobre todo en el bullpen.

Entonces, el Oeste de la Nacional está para cualquiera, pero más para un equipo tan talentoso y tan encendido como el de los Dodgers—con todo y su pésimo comienzo.

Es totalmente lo contrario en el Este de la Liga Americana, especie de “Valle de la Muerte” para los Azulejos. Desde que se reorganizaron las divisiones en 1994, Toronto nunca ha ganado el Este—y en esta temporada tampoco lo hará.

En dicha división, los punteros Medias Rojas tienen el mejor récord de la Liga Americana y no dan indicios de aflojar. Los Orioles, viniendo de clasificar en el 2012, acaban de reforzarse con Scott Feldman y se ven bien fuertes. Los Yankees, con todo y las lesiones, tienen siete juegos por encima de .500 y pretenden seguir luchando. Y los Rays, siempre calladitos, son amenaza de subir en las posiciones a base de su pitcheo, sobre todo ahora con el regreso del as David Price.

En otras palabras, ya es tarde para los Azulejos. Si Toronto perteneciera a otra división, no sería así.

El béisbol de Grandes Ligas sigue diferenciándose a otras ligas, como el básquet de la NBA por ejemplo, en el sentido de darle importancia a las divisiones y por ende las rivalidades geográficas. ¿Es justo eso para los Azulejos? Se puede decir que no. Pero es la realidad que castiga una vez más al equipo canadiense y que a la vez favorece este año a los azules de Don Mattingly.

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