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Oakland: Sorpresa no, impresionante sí

OAKLAND – El hecho de ya saberse de la hazaña de los Atléticos de hacer más con menos no la hace ni menos impresionante ni menos digna de elogios.

Jason Giambi To Return To Oakland A's Next SeasonAquí no tenemos que recontar todo lo que ha hecho el gerente general Billy Beane con estos Atléticos desde 1998. El sagaz ejecutivo ha sabido construir rosters en Oakland que han clasificado para los playoffs en siete ocasiones desde el 2000, con nóminas discretas y muchos peloteros que, aunque son desconocidos por muchos fuera del Área de la Bahía, han sido grandes protagonistas en los éxitos del equipo.

Por ejemplo, este año los “verdes” ganaron 96 juegos en la temporada regular para llevarse su segundo título divisional en forma consecutiva, con la cuarta menor nómina (según USA Today) en Grandes Ligas.

Sí son nombres reconocidos Bartolo Colón, Coco Crisp y Yoenis Céspedes, para mencionar a algunos de los integrantes del equipo de más perfil. Pero la verdad es que si uno quiere hablar de Oakland, hay que destacar los aportes de jugadores como Josh Donaldson, Brandon Moss, Jed Lowrie, Derek Norris, A.J. Griffin, Jarrod Parker, Dan Straily y Grant Balfour—y hasta con esa lista se queda corto.

Ahora bien, estos Atléticos no son puro “Moneyball—la versión del libro y más adelante, con menos precisión, la película sobre la edición de Oakland de hace 11 años. Recuerden que los esfuerzos de Beane y sus pupilos en la gerencia no rindieron muchos frutos entre el 2007 y el 2011, cuando una serie de movimientos a nivel de Grandes Ligas—empezando con el fallido experimento de tener a Bob Geren como manager—no produjeron ni una sola temporada ganadora.

Los éxitos de los Atléticos desde el 2012 se deben a varios factores.. Uno de ellos es el manejo magistral de un equipo de muchas piezas intercambiables de parte del dirigente Bob Melvin, el sucesor de Geren. Otro son las firmas astutas de agentes libres como el dominicano Colón, el cubano Céspedes y Crisp. Pero si uno busca un momento que definió lo que sería el inicio de la inesperada jerarquía de Oakland en el Oeste de la Americana, hay que recordar diciembre del 2011.

Ese mes, Beane hizo tres cambios de impacto con el clásico modelo de un equipo que estaba en plena reconstrucción y sin pretensiones de ganar un futuro cercano. El primer canje fue con los Diamondbacks, que enviaron a Oakland a Parker, Ryan Cook y Colin Cowgill por Trevor Cahill y Craig Breslow.  Más adelante, justo antes de las navidades, Beane cambió al zurdo Gio González y a Robert Gilliam a los Nacionales por Morris, Tommy Milone, Brad Peacock y A.J. Cole. Y a fines de dicho mes, Oakland envió al cerrador Andrew Bailey y a Ryan Sweeney a Boston por el valioso toletero Josh Reddick, Miles Head y el derecho dominicano Raúl Alcántara.

Si se habla de los aportes de Parker, Reddick, Milone, Norris y Cook, se habla de gran parte de la cara de estos nuevos Atléticos. Y pensar que en esos momentos, todo el mundo esperaba temporadas perdidas en Oakland durante varios años. El mismo Beane expresó en varias ocasiones que hizo aquellos movimientos pensando en una reacción del equipo para el 2014, cuando posiblemente la franquicia estuviera en San José o en otra localidad fuera de la ciudad de Oakland. Pero aquí están, recibiendo otra serie de playoff en el Coliseo (ahora conocido como el O.co Coliseum).

Lo logrado por Beane y su staff gerencial ya no es sorpresa, con un total de 190 victorias en campaña regular en los últimos dos años. Pero en el caso de los Atléticos tiene otro matiz, ya que los obstáculos son bastante grandes en cuanto a recursos económicos se refieren.

Ahora, con otra postemporada, este equipo busca por fin hacerse sentir en octubre y llegar a la Serie Mundial por primera vez bajo el mando de Beane.

Atléticos de Oakland, el milagro del 2012

PHOENIX – ¿Qué se puede decir sobre los Atléticos de Oakland del 2012? Son un equipo increíble…asombroso…imponente…resistente… ¿qué más?

Cuando se habla de un equipo que a mediados de la temporada estaba a 13 juegos del primer lugar, con la segunda menor nómina en Grandes Ligas, que había cambiado a Gio González, Andrew Bailey y Trevor Cahill, además de dejar ir a Josh Willingham, y que superó a contrincantes de sumo poder económico como Rangers y Angelinos…pues es algo para la historia.

Los Atléticos, encabezados por nombres como Tommy Milone, Jarrod Parker, Grant Balfour, Ryan Cook y Sean Doolittle en el pitcheo y en el bateo por Josh Reddick, Yoenis Céspedes, Seth Smith, Coco Crisp y Brandon Moss, le han dado un shock de mayores proporciones al mundo del béisbol.

Hace unas semanas dije que la edición de Oakland de este año era el verdadero Moneyball del gerente general Billy Beane. Pues eso es así. Este año no hubo un ganador de más de 13 juegos en la rotación, muy diferente a aquellos años con Zito, Hudson y Mulder. Esta temporada hubo que cambiar de cerrador a medio camino, cuando Balfour asumió la responsabilidad en lugar de Cook.

Hubo muchas adversidades. Brandon McCarthy estuvo ausente mucho tiempo por lesión y al final quedó fuera por el pelotazo en la cabeza. Fue suspendido por dopaje Bartolo Colón, pieza importante de la rotación durante la mayor parte de la campaña. Jemile Weeks no rindió. Tampoco lo hicieron Cliff Pennington y Adam Rosales como hubieran esperado los Atléticos.

Después dejar ir tanto talento en el invierno como parte de una reconstrucción, la mejor de las proyecciones de Oakland para este año era ver algo de progreso de los jóvenes, a ver si el equipo podía aspirar a competir en el 2014 jugando tal vez en San José, Fremont u otra localidad.

Un récord de más de 75 victorias hubiese sido algo positivo. Terminar por encima de .500 parecía mucho pedir. ¿Playoffs? Jamás. ¿Ganador del Oeste por encima de Rangers y Angelinos? Impensable. Pero ahí está la tropa de Bob Melvin, demostrando una vez más que cuando se dan ciertas condiciones, cuando el talento madura en el momento preciso y cuando existe la dirigencia y la química indicadas, es posible casi cualquier cosa en el béisbol.

Nadie sabe qué le espera a los Atléticos en la postemporada. Pero el simple hecho de poner a gozar al Coliseo de Oakland esta semana es algo bien positivo y bien refrescante.

Al principio de esta temporada, se informó que MLB ya permitiría que los Atléticos buscaran opciones fuera del Área de la Bahía para trasladar al equipo. En otras palabras, los Atléticos prácticamente habían sido dejados por muertos en Oakland y su antiguo estadio.

Pero ahora, por el momento, hay mucha vida en ese Coliseo tan criticado. Qué bueno.

Estos Atléticos representan el verdadero “Moneyball”

PHOENIX – Se han hecho muchos análisis sobre los Atléticos de Oakland y cómo han sorprendido a todo el mundo con su excelente 2012. Si la temporada terminara hoy, el equipo del gerente general Billy Beane y del manager Bob Melvin clasificaría vía uno de los comodines de la Liga Americana.

Obviamente, nadie esperaba esto. Suficiente es decir que, con los aportes de los jóvenes que llegaron en los cambios por Gio González, Trevor Cahill y Andrew Bailey, más la llegada del cubano Yoenis Céspedes, los Atléticos se ven como un equipo formidable de cara al último mes de la campaña. Es algo que ni el mismo Beane ni su mano derecha David Forst veían venir.

Ahora bien, en esta columna sobre la edición de Oakland del 2012, se tocó el tema del libro y la película Moneyball, una especie de crónica y análisis de lo que hizo Beane y su staff para mantener a los Atléticos como un equipo de playoff en el 2002 tras la partida de estelares como Jason Giambi, Johnny Damon y Jason Isringhausen.  Como bien se destaca, el Oakland de hace una década todavía contaba con varios nombres de peso, incluyendo al dominicano Miguel Tejada, Eric Chávez y Jermaine Dye. Y ni hablar del pitcheo abridor, que era llevado por el formidable trío de Barry Zito, Tim Hudson y Mark Mulder. El resultado fue una racha de 20 victorias consecutivas en agosto, una temporada de 103 triunfos y un título del Oeste de la Americana.

Sí, fue impresionante cómo Beane en esa época se las ingenió para llenar algunos huecos en el equipo con la adquisición de Billy Koch (buen cerrador en un principio…no tan bueno al final y en playoffs), Ray Durham y John Mabry, entre otros. Y claro, Scott Hatteberg fue de gran protagonismo en Moneyball como un ejemplo de la nueva “sabermetría” de aquel entonces.

Pero es injusto afirmar que los Atléticos del 2002 ganaron “sin nada”. Tejada fue el Jugador Más Valioso de la Liga Americana ese año. Zito ganó el Cy Young (a pesar de las protestas de los fanáticos de Boston y Pedro Martínez). En otras palabras, hubo talento pulido y de primera categoría en esa escuadra del dirigente Art Howe.

Siempre he respetado lo que ha hecho Beane en Oakland con tan poco presupuesto. Es más, en los últimos años he “pujado” un poquito por los Atléticos, por ese mismo motivo. Jugando al lado de los Gigantes–un equipo de cierto poder económico que a veces parece dominar el mercado del Área de la Bahía de San Franicisco–Oakland se ve como el héroe de la película, el pobre que se supera para triunfar.

En el 2012, esa percepción se siente más fuerte que nunca y para mí, el concepto de Moneyball tiene mayor relevancia este año que en el 2002. No va a haber un JMV en esta edición de los Atléticos, ni un Cy Young. Lo que sí hay es un pitcheo abridor de gran nivel, un bullpen que poco a poco ha encontrado su ritmo y un bateo que ha hecho lo suficiente para respaldar a los brazos.

¿Y con qué han hecho todo esto? Con el talento joven que acumuló Beane y Forst, más algunas adquisiciones bien astutas. Según el USA Today, Oakland tiene la segunda menor nómina de Grandes Ligas, poco más de US$55 millones. Eso se llama Moneyball de verdad.

Peligran los Atléticos en Oakland

PHOENIX – La noticia de que el Comisionado Bud Selig esencialmente le dejó en manos del dueño Lew Wolff la decisión de mudar o no a sus Atléticos del Área de la Bahía fue de mucho peso para los fans de Oakland.

Todo luce indicar que la localidad de San José es territorio de los Gigantes de San Francisco y, por ende, los Atléticos no cuentan con el apoyo del béisbol para buscar un estadio nuevo allí. Los A’s tampoco van a trasladarse a Fremont, California y nadie sabe cómo sería posible poner su sede en Sacramento.

En fin, todo eso da a entender que MLB esencialmente le ha dado luz verde a Wolff para que mude a sus Atléticos a un lugar lejos de la Bahía, área a la que pertenece el equipo desde 1968.

Por supuesto, hay mucha historia de los Atléticos en Oakland: Cuatro títulos de Serie Mundial, seis banderines de la Liga Americana y un sinnúmero de títulos divisionales. Las innovaciones del entonces dueño Charles O. Finley en los años 70 son cosa de leyenda, como por ejemplo los flamantes uniformes con verde, amarillo y blanco; las zapatillas blancas (que conserva el equipo hasta hoy en día); una mula en carne propia como mascota (que en ocasiones “hacía sus necesidades” en el mismo terreno de juego); las bolas anaranjadas; y el conejo mecánico para pasarles las bolas frescas a los árbitros…entre muchas otras cosas.

En términos de béisbol, los Atléticos de 1971 a 1975 fueron de los mejores equipos de la historia. Ganaron cinco títulos divisionales seguidos en ese lapso y tres Series Mundiales consecutivas de 1972 a 1974. Pero con la llegada de la agencia libre, todo “se fue a pique” y Finley vendió el equipo en 1980.

Otra época de oro llegó con Tony La Russa y Dave Duncan al final de la década de los 80. De 1988 a 1992, Oakland ganó cuatro títulos divisionales, tres banderines de la Liga Americana (en forma consecutiva del 88 al 90) y el título de la Serie Mundial de 1989.

Y por supuesto, la famosa era de “Moneyball” de Billy Beane, cuyos equipos clasificaron cuatro años consecutivos del 2000 al 2003, también puso a los Atléticos como un ejemplo a destacarse.

En fin, Oakland tiene un rico historial en el béisbol, pero mucho de eso ha sido contra viento y marea, sobre todo dentro de la realidad moderna de Grandes Ligas. San Francisco y sus Gigantes representan mucha competencia para los Atléticos en el Área de la Bahía, y si le quitas San José a las posibilidades del equipo del elefante, es muy, pero muy difícil competir con sus vecinos de la Liga Nacional.

Imagínense: Los Atléticos juegan en el mismo estadio desde 1968—y no estamos hablando de unas instalaciones bonitas como el Dodger Stadium, sino un Coliseo de Oakland que para mi gusto está bien, pero que para el estándar de hoy en día realmente no da la talla.

De quedarse en Oakland sin un estadio nuevo y sin otra opción viable en el norte de California, lo lógico sería que tuvieran que irse los Atléticos a otro lado, lejos de su hogar de hace 45 años.

En la cabeza de uno, eso está claro. Pero como fan nostálgico, sería bien penoso, debido a los tantos recuerdos que han dejado los Atléticos “rebeldes” y hasta revolucionarios de sus diferentes épocas.

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