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Los Dodgers: muchas expectativas, mucha presión

NUEVA YORK – Con la firma de Zack Greinke por seis años y US$147 millones, los Dodgers lucen como uno de los claros favoritos en la Liga Nacional para el 2013—con todo y el hecho de que juegan en la misma división que los actuales campeones, los Gigantes de San Francisco.

Mark Walter, Stan Kasten, Magic JohnsonEso es muy, pero muy peligroso. Desde que empezó la agencia libre a mediados de la década de los 70, sobran los ejemplos de equipos que en el papel tenían un trabuco pero que en el terreno de juego quedaron cortos. En el mismo 2012 tuvimos el caso extremo de los Marlins y, en menor grado, el de los Angelinos. El año anterior vimos cómo los Medias Rojas, proyectados como la crema de la Americana, se perdieron los playoffs. Ese año en la Nacional los Filis, a pesar de todo ese pitcheo, no pasaron de la primera ronda de la postemporada.

Si la campaña del 2013 empezara hoy, la nómina de los Dodgers sería de unos US$225 millones. Claro, eso puede cambiar de aquí al Día Inaugural, pero está claro que el equipo azul de Los Angeles se perfila como la nueva versión de los Yankees en los tiempos más impulsivos del fenecido George M. Steinbrenner.

El Grupo Guggenheim, que adquirió a los Dodgers este año, está decidido a gastar lo que sea necesario para armar el mejor equipo del planeta. Increíblemente para muchos, asumió casi los contratos enteros del mexicano Adrián González, Carl Crawford y Josh Beckett, parte de esos mismos Medias Rojas del 2011 que al final decepcionaron a todos. Con Greinke y el recién firmado Hyun-Jin Ryu ya en sus filas para acompañar a los antes mencionados, más Clayton Kershaw, Matt Kemp, el dominicano Hanley Ramírez y Andre Ethier, entre muchos otros, nadie podrá superar a los Dodgers, ¿verdad?

Bueno, ya hemos visto esta película.  La gran interrogante para los Dodgers es si todas estas piezas de lujo encajarán para producir un béisbol ganador en el terreno. Es muy posible que sí. Pero también es posible que no, y ahí está el peligro para el equipo de Los Angeles: La decepción del fracaso sería algo sin precedente, tal como los gastos que están realizando los dueños ahora mismo.

En teoría, el pitcheo abridor está sólido con Kershaw, Greinke, Kyu, Beckett, Chad Billingsley, Aaron Harang, Tedd Lilly y Chris Capuano…se dice que por lógica al menos uno o dos de ellos podrían ser cambiados, algo que traería más talento aun.

En el bullpen, hace falta un cerrador de verdad. Brandon League no es la respuesta. No se sabe qué podrá dar Kenley Jansen luego de sus problemas cardíacos. Ojo con el noveno inning para los Dodgers.

Se supone que con tantos bates de calidad, Los Angeles anotará muchas carreras. Se supone eso, pero después de la llegada de Ramírez, Shane Victorino y González, la ofensiva de los Dodgers nunca terminó de arrancar en el 2012. No hay garantías de que lo haga la próxima temporada tampoco.

De un año a otro es difícil saber cuánto va a rendir un pelotero. Más complicado es pronosticar los ganados y perdidos de todo un equipo.

Los nuevos propietarios de los Dodgers han creado unas enormes expectativas en Los Angeles. ¿Y si no se cumplen?

Ese es el peligro para el manager Don Mattingly, quien tendrá que lidiar con todas esas personalidades dentro del clubhouse. Mattingly se ha visto como un aliado de los jugadores en su tiempo como piloto; ahora tendrá que emplear todo su talento como motivador y manejador de estrellas del béisbol (algo que él mismo fue como pelotero).

Para Mattingly y los Dodgers, el potencial se ve  ilimitado…pero por más grandes que puedan ser los éxitos, así de contundentes se verán los fracasos si no se gana con una nómina bien por encima de los US$200 millones.

Los Marlins: ¿Mucha espuma y poco chocolate?

PHOENIX – En una temporada de gratas sorpresas como los Orioles, Nacionales y Piratas, los Marlins de Miami representan el otro lado de la moneda.

Todos vimos cómo los Marlins, junto a los Angelinos, se robaron el show de la temporada baja, primero con el cambio de nombre oficial en noviembre y luego sus movimientos agresivos en diciembre, durante las Reuniones Invernales, con la firma de José Reyes, Heath Bell y Mark Buehrle.

En total los Marlins gastaron US$191 millones en ese trío de estelares—y querían hacer más, ya que tenían en la mira a Albert Pujols, quien finalmente firmó por US$240 millones con los antes mencionados Angelinos.

Con el flamante manager Ozzie Guillén a la cabeza, junto a un equipo repleto de talento con Hanley Ramírez, Giancarlo Stanton y Josh Johnson–entre muchos otros–para acompañar a las nuevas adquisiciones, Miami parecía estar destinado a tener una gran temporada.

Sin embargo, hasta la fecha hay un solo adjetivo que describe a estos Marlins: Inconsistentes. Tuvieron 8-14 en abril, 21-8 en mayo (un récord de la franquicia para victorias) y en junio llevan 4-14, para un decepcionante récord global de 33-36.

Si vemos los números colectivos del equipo, hay algunas explicaciones. Los Marlins han anotado la tercera menor cantidad de carreras en la Liga Nacional (254). Es algo insólito cuando se trata de un lineup con Reyes, Ramírez, Stanton y Omar Infante.

Sí es verdad que ha hecho mucha falta Emilio Bonifacio, lesionado desde hace unas semanas. Pero Hanley batea .255 y se ha visto casi nulo en la ruta. Reyes ha puesto números decentes, pero nada que ver con la superestrella que fue el año pasado con los Mets. Gaby Sánchez ha decepcionado en grande, hasta el punto de ser enviado a liga menor por un tiempo.

En fin, la ofensiva de Miami no ha sido lo que se esperaba en el papel. Eso está claro.

En el pitcheo, los Marlins están en el 13er lugar de la Liga Nacional en efectividad colectiva (4.25). Su bullpen tiene el segundo peor promedio de carreras limpias del Viejo Circuito con 4.55, mientras que los abridores (4.11) ocupan en undécimo puesto de la liga.

De las nuevas adquisiciones del montículo, Bell ha salvado 14 juegos pero con efectividad de 5.68 y cuatro oportunidades de salvamento malogradas. Buehrle lleva un decente promedio de carreras limpias de 3.82, pero con marca de 5-8. Del resto, Carlos Zambrano y Aníbal Sánchez han tenido algunos buenos momentos, pero no ha sido suficiente. Ricky Nolasco ha sido un desastre, mientras que Johnson, señalado como el as de la rotación, tiene EFE de 4.18 y marca de 4-5.

En estos días el dueño del equipo, Jeffrey Loria—el mismo que gastó tantos millones en el invierno y un propietario conocido por su poca paciencia—sostuvo una reunión con los jugadores mientras el Miami era barrido por los Medias Rojas en Boston. Dicha junta no pareció dejar mucho efecto que digamos.

En estos momentos los Marlins están a ocho juegos de la cima del Este de la Nacional. Hay tiempo todavía para una recuperación, sobre todo con un comodín adicional desde esta temporada. Pero tampoco será fácil.

Si tratamos de sacar algunas conclusiones de lo que han sido los Marlins del 2012, llegamos a dos interrogantes:

¿Representa Miami otro ejemplo de la idea de que “no se puede comprar un título”?

¿Tiene Guillén la culpa de todo esto? Por segundo año consecutivo  al venezolano se le ha brindado un roster bien talentoso, sin los resultados deseados (así fue en los Medias Blancas del 2011). El manager no lanza ni batea, pero en algún momento hay que cuestionar los resultados que ha sacado Guillén en los años después de su mágica postemporada del 2005.

Urge un regreso de Bonifacio. Urge una mayor producción de Ramírez y Reyes. Urge un mejor pitcheo. Si las cosas no mejoran en Miami, nadie sabe cuál será el futuro que se veía tan brillante en la Pequeña Habana hace unos pocos meses.

¿Bomba de tiempo en Miami?

PHOENIX – Faltando poco tiempo para que todos los equipos inicien los entrenamientos, uno de los temas más candentes es el de Hanley Ramírez y su cambio de posición en los Marlins.

Como bien señaló el manager de Miami, el venezolano Ozzie Guillén, han sido muchos los estelares que se les ha pedido que jueguen otra posición en medio de sus carreras. Este mismo año Miguel Cabrera tratará de volver a la tercera base con los Tigres, con la firma de Prince Fielder.

Por supuesto, la llegada del dominicano José Reyes a los Marlins hace necesario que su compatriota Ramírez haga la transición a la tercera. Todo luce indicar que Hanley no está muy entusiasmado con la situación.

En la historia reciente vimos cómo Alex Rodríguez, en pleno apogeo de su carrera, aceptó ir del short a la antesala para poder jugar con los Yankees al lado del torpedero Derek Jeter. Antes de eso, Cal Ripken Jr. y Robin Yount, dos inmortales de Cooperstown, llegaron a abandonar el campo corto para jugar otras posiciones.

Ripken, al igual que A-Rod, fue de las paradas cortas a la antesala (Yount se convirtió en jardinero). Pero diferente a Rodríguez, Ripken ya estaba en decadencia y los Orioles veían que en esa etapa de su carrera no reunía las condiciones para ser torpedero a nivel de Grandes Ligas durante 162 partidos (y sí, cuando se hablaba de Ripken, eran 162 juegos cada temporada). De su parte, A-Rod tenía exactamente la misma edad que Ramírez, 28 años, cuando hizo la transición a la tercera.

Ahora bien, la gran diferencia entre Rodríguez y Ramírez es que el primero se ofreció para cambiar de posición. En el caso de Hanley, los Marlins quieren imponérselo.

En varias ocasiones me ha tocado tratar con Hanley y nunca hubo ningún problema. Pero nadie puede negar que el estelar infielder se ha ganado una fama de no ser la persona más llevadera del mundo. Recuerden su famoso choque con el entonces manager Fredi González, luego de una jugada en que Ramírez parecía no correr fuerte hacia la pelota. También se dio el dime y direte, a raíz de dicho incidente, entre Hanley y Jeff Conine con el tema de quién debe ser visto como la figura principal de la franquicia. Y por supuesto, el nuevo anuncio de Powerade, en que Ramírez le “manda fuego” a sus críticos, es otra faceta polémica en el historial del toletero.

Con esos antecedentes, más su aparente falta de entusiasmo por moverse del short, me pregunto cómo será la dinámica en los predios de los Marlins en esta primavera. Hay elementos totalmente nuevos, por supuesto. Con el tanto dinero que el equipo ha gastado en Reyes, Mark Buehrle y Heath Bell, además del estadio que se inaugurará en abril, los Marlins están en la mira de todos. Además, la llegada de Guillén como manager le da otro matiz a un equipo que estará bajo más escrutinio que nunca.

¿Llegará Ramírez con buena actitud y dispuesto a aceptar en un 100% su traslado a la antesala? ¿Tendrá Guillén el tacto y las palabras correctas para facilitar ese proceso? Si los Marlins empiezan mal la temporada, con tantas expectativas, ¿se verá aun más fea la situación?

Con tanto talento en el papel, los Marlins pueden llegar lejos. Nadie duda de eso. Pero en el equipo de Miami también veo elementos explosivos que le pueden “estropear” la temporada a cualquiera.

Hay que estar atento…muy atento.

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