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La montaña rusa de los Marlins

PHOENIX – Hace menos de un año, todo el mundo se sentó en un salón del Hilton Anatole Hotel de la ciudad de Dallas para observar a los “nuevos” Marlins presentar al dominicano José Reyes y a Heath Bell, dos de sus nuevas firmas. También había fichado con los Peces Mark Buehrle, quien esencialmente había acompañado a su manager Ozzie Guillén del sur de Chicago hasta Miami.

Reyes lucía su sonrisa de siempre mientras el propietario de los Marlins, Jeffrey Loria, describía junto a sus mayores ejecutivos Larry Beinfest y David Samson—además del venezolano Guillén–cómo había convencido al torpedero a firmar con Miami y ayudar al equipo a inaugurar su nuevo estadio en la Pequeña Habana.

Lo que más recuerdo de aquellas ruedas de prensa es la felicidad que se percibía entre Loria, Beinfest, Samson, Reyes y Bell. Nada ni nadie podía aguarle la fiesta a los Marlins, que hasta nuevo nombre (Miami Marlins, en vez de Florida Marlins) y nuevos uniformes presumían. Y pensar que Loria y su grupo también tenían pretensiones de firmar a la superestrella Albert Pujols.

Ahora, a poco más de 11 meses de aquellas Reuniones Invernales del 2011, vemos cómo el equipo ha quedado desbaratado después de la desastrosa temporada del 2012. Con el mega-cambio que envía a Reyes, Buehrle, John Buck, el dominicano Emilio Bonifacio y Josh Johnson a los Azulejos, no queda nada del optimismo de aquellos Marlins del invierno pasado.

Además de los antes mencionados, ya se habían ido de la organización el dominicano Hanley Ramírez (quien en una ocasión había expresado su deseo de ser el “Marlin Mayor”), Guillén, Bell y los venezolanos Omar Infante y Aníbal Sánchez.

Definitivamente, antes de finalizar el mes de junio era obvio que los Marlins del 2012 eran “mucha espuma y poco chocolate”.

Lo ocurrido con los Peces no es totalmente nuevo. Entre 1996 y 1997, los Marlins hicieron grandes adquisiciones con el régimen del entonces dueño Wayne Huizenga. Para aquella época, procuraron los servicios del dominicano Moisés Alou, Bobby Bonilla, Al Leiter, Kevin Brown y Devon White, entre otros.

En el 97, los Marlins se coronaron campeones y ese mismo invierno salieron de casi todos sus estelares.

Pero ganaron la Serie Mundial de aquella temporada bajo la dirección del manager Jim Leyland y el gerente general Dave Dombrowski—los mismos de los exitosos Tigres de Detroit de la actualidad.

A mi juicio, ahí está la diferencia.

Loria, Beinfest y Samson no se comparan con Dombrowski (y Leyland) en el conocimiento del béisbol ni en el juicio de saber cuáles elementos tienen que incluirse para producir un equipo ganador y sostenible. Desde mi punto de vista, Loria y su grupo se portaron como unos “nuevos ricos” de Grandes Ligas, por fin con los recursos para comprar buen talento pero sin la sagacidad ni la experiencia para tomar buenas decisiones.

Obviamente, los Marlins se ven muy, pero muy mal ahora después de inaugurar un estadio cuya construcción se pagó con fondos públicos en un 70%, hacer mucha “bulla” con sus firmas y luego desbaratarlo todo en menos de un año. El mercado del deporte profesional en Miami siempre se ha percibido como algo caprichoso. Ahora, ¿quién se va a atrever a apoyar a la franquicia como nuevo abonado?

Una de las lecciones de esta triste historia en Miami es cómo pueden cambiar las cosas de manera tan drástica en menos de un año. Para los Marlins, la historia se ha repetido de la peor manera posible.

Los Marlins: ¿Mucha espuma y poco chocolate?

PHOENIX – En una temporada de gratas sorpresas como los Orioles, Nacionales y Piratas, los Marlins de Miami representan el otro lado de la moneda.

Todos vimos cómo los Marlins, junto a los Angelinos, se robaron el show de la temporada baja, primero con el cambio de nombre oficial en noviembre y luego sus movimientos agresivos en diciembre, durante las Reuniones Invernales, con la firma de José Reyes, Heath Bell y Mark Buehrle.

En total los Marlins gastaron US$191 millones en ese trío de estelares—y querían hacer más, ya que tenían en la mira a Albert Pujols, quien finalmente firmó por US$240 millones con los antes mencionados Angelinos.

Con el flamante manager Ozzie Guillén a la cabeza, junto a un equipo repleto de talento con Hanley Ramírez, Giancarlo Stanton y Josh Johnson–entre muchos otros–para acompañar a las nuevas adquisiciones, Miami parecía estar destinado a tener una gran temporada.

Sin embargo, hasta la fecha hay un solo adjetivo que describe a estos Marlins: Inconsistentes. Tuvieron 8-14 en abril, 21-8 en mayo (un récord de la franquicia para victorias) y en junio llevan 4-14, para un decepcionante récord global de 33-36.

Si vemos los números colectivos del equipo, hay algunas explicaciones. Los Marlins han anotado la tercera menor cantidad de carreras en la Liga Nacional (254). Es algo insólito cuando se trata de un lineup con Reyes, Ramírez, Stanton y Omar Infante.

Sí es verdad que ha hecho mucha falta Emilio Bonifacio, lesionado desde hace unas semanas. Pero Hanley batea .255 y se ha visto casi nulo en la ruta. Reyes ha puesto números decentes, pero nada que ver con la superestrella que fue el año pasado con los Mets. Gaby Sánchez ha decepcionado en grande, hasta el punto de ser enviado a liga menor por un tiempo.

En fin, la ofensiva de Miami no ha sido lo que se esperaba en el papel. Eso está claro.

En el pitcheo, los Marlins están en el 13er lugar de la Liga Nacional en efectividad colectiva (4.25). Su bullpen tiene el segundo peor promedio de carreras limpias del Viejo Circuito con 4.55, mientras que los abridores (4.11) ocupan en undécimo puesto de la liga.

De las nuevas adquisiciones del montículo, Bell ha salvado 14 juegos pero con efectividad de 5.68 y cuatro oportunidades de salvamento malogradas. Buehrle lleva un decente promedio de carreras limpias de 3.82, pero con marca de 5-8. Del resto, Carlos Zambrano y Aníbal Sánchez han tenido algunos buenos momentos, pero no ha sido suficiente. Ricky Nolasco ha sido un desastre, mientras que Johnson, señalado como el as de la rotación, tiene EFE de 4.18 y marca de 4-5.

En estos días el dueño del equipo, Jeffrey Loria—el mismo que gastó tantos millones en el invierno y un propietario conocido por su poca paciencia—sostuvo una reunión con los jugadores mientras el Miami era barrido por los Medias Rojas en Boston. Dicha junta no pareció dejar mucho efecto que digamos.

En estos momentos los Marlins están a ocho juegos de la cima del Este de la Nacional. Hay tiempo todavía para una recuperación, sobre todo con un comodín adicional desde esta temporada. Pero tampoco será fácil.

Si tratamos de sacar algunas conclusiones de lo que han sido los Marlins del 2012, llegamos a dos interrogantes:

¿Representa Miami otro ejemplo de la idea de que “no se puede comprar un título”?

¿Tiene Guillén la culpa de todo esto? Por segundo año consecutivo  al venezolano se le ha brindado un roster bien talentoso, sin los resultados deseados (así fue en los Medias Blancas del 2011). El manager no lanza ni batea, pero en algún momento hay que cuestionar los resultados que ha sacado Guillén en los años después de su mágica postemporada del 2005.

Urge un regreso de Bonifacio. Urge una mayor producción de Ramírez y Reyes. Urge un mejor pitcheo. Si las cosas no mejoran en Miami, nadie sabe cuál será el futuro que se veía tan brillante en la Pequeña Habana hace unos pocos meses.

¿Bomba de tiempo en Miami?

PHOENIX – Faltando poco tiempo para que todos los equipos inicien los entrenamientos, uno de los temas más candentes es el de Hanley Ramírez y su cambio de posición en los Marlins.

Como bien señaló el manager de Miami, el venezolano Ozzie Guillén, han sido muchos los estelares que se les ha pedido que jueguen otra posición en medio de sus carreras. Este mismo año Miguel Cabrera tratará de volver a la tercera base con los Tigres, con la firma de Prince Fielder.

Por supuesto, la llegada del dominicano José Reyes a los Marlins hace necesario que su compatriota Ramírez haga la transición a la tercera. Todo luce indicar que Hanley no está muy entusiasmado con la situación.

En la historia reciente vimos cómo Alex Rodríguez, en pleno apogeo de su carrera, aceptó ir del short a la antesala para poder jugar con los Yankees al lado del torpedero Derek Jeter. Antes de eso, Cal Ripken Jr. y Robin Yount, dos inmortales de Cooperstown, llegaron a abandonar el campo corto para jugar otras posiciones.

Ripken, al igual que A-Rod, fue de las paradas cortas a la antesala (Yount se convirtió en jardinero). Pero diferente a Rodríguez, Ripken ya estaba en decadencia y los Orioles veían que en esa etapa de su carrera no reunía las condiciones para ser torpedero a nivel de Grandes Ligas durante 162 partidos (y sí, cuando se hablaba de Ripken, eran 162 juegos cada temporada). De su parte, A-Rod tenía exactamente la misma edad que Ramírez, 28 años, cuando hizo la transición a la tercera.

Ahora bien, la gran diferencia entre Rodríguez y Ramírez es que el primero se ofreció para cambiar de posición. En el caso de Hanley, los Marlins quieren imponérselo.

En varias ocasiones me ha tocado tratar con Hanley y nunca hubo ningún problema. Pero nadie puede negar que el estelar infielder se ha ganado una fama de no ser la persona más llevadera del mundo. Recuerden su famoso choque con el entonces manager Fredi González, luego de una jugada en que Ramírez parecía no correr fuerte hacia la pelota. También se dio el dime y direte, a raíz de dicho incidente, entre Hanley y Jeff Conine con el tema de quién debe ser visto como la figura principal de la franquicia. Y por supuesto, el nuevo anuncio de Powerade, en que Ramírez le “manda fuego” a sus críticos, es otra faceta polémica en el historial del toletero.

Con esos antecedentes, más su aparente falta de entusiasmo por moverse del short, me pregunto cómo será la dinámica en los predios de los Marlins en esta primavera. Hay elementos totalmente nuevos, por supuesto. Con el tanto dinero que el equipo ha gastado en Reyes, Mark Buehrle y Heath Bell, además del estadio que se inaugurará en abril, los Marlins están en la mira de todos. Además, la llegada de Guillén como manager le da otro matiz a un equipo que estará bajo más escrutinio que nunca.

¿Llegará Ramírez con buena actitud y dispuesto a aceptar en un 100% su traslado a la antesala? ¿Tendrá Guillén el tacto y las palabras correctas para facilitar ese proceso? Si los Marlins empiezan mal la temporada, con tantas expectativas, ¿se verá aun más fea la situación?

Con tanto talento en el papel, los Marlins pueden llegar lejos. Nadie duda de eso. Pero en el equipo de Miami también veo elementos explosivos que le pueden “estropear” la temporada a cualquiera.

Hay que estar atento…muy atento.

Nuevo comienzo para los Marlins

PHOENIX – Algo que llama la atención en la Liga Nacional ahora mismo es la expectativa en Miami, donde los Marlins se preparan para un 2012 con todo diferente y fresco.

Hay nuevo estadio, nuevo manager (el venezolano Ozzie Guillén), nuevos uniformes y hasta un nombre nuevo—ya no serán los Marlins de la Florida, sino los Marlins de Miami.

Con su propia sede en la Pequeña Habana, donde ya no tienen que compartir un estadio con los Dolphins del fútbol americano, parece haber ingresos adicionales para invertir en nuevos peloteros y para retener a sus propias estrellas en caso de que fuera necesario. Me recuerda a lo que hicieron los Mellizos de Minnesota, que después de conseguir su propio estadio por fin en Minneapolis, tuvieron el dinero para “amarrar” a su estelar Joe Mauer durante muchos años.

Los Marlins han sido un caso curioso desde que nacieron en 1993. En sus primeros 11 años de existencia ganaron dos Series Mundiales (1997, 2003), algo fuera de serie cuando se habla del historial de equipos de expansión. De hecho, nunca han perdido una serie de playoff; las dos veces que clasificaron lo ganaron todo.

Pero aparte de aquellas temporadas con el mayor de los éxitos, la imagen que se lleva la mayoría de los fanáticos fuera del sur de la Florida es de un estadio prácticamente vacío, sin ambiente motivador. Y ha sido así tanto cuando el equipo ha estado por el suelo como cuando ha estado luchando por el respeto, con 80 y pico de victorias.

Mucho se podrá hablar de la difícil ubicación del estadio de los Dolphins—llámese el Sun Life, el Pro Player o el nombre corporativo del momento que sea—la verdad es que la apatía demostrada con los Marlins no habló nada bien de la fanaticada de Miami, ciudad en que se juega un gran béisbol a nivel de escuela secundaria y universitario.

La gerencia del equipo ha hablado de ser agresiva en el mercado de agentes libres en este invierno. Ya veremos si será verdad o no, pero de antemano se ven cosas positivas en el terreno de juego. Con juventud como Logan Morrison, Mike Stanton, Chris Coghlan y Gaby Sánchez, hay una base fuerte para apoyar a estelares como el dominicano Hanley Ramírez y Josh Johnson. Si éstos últimos dos están en salud y son acompañados por talento traído del mercado, los Marlins darán de qué hablar en el 2012.

Tradicionalmente, cuando hay un estadio recién inaugurado la gente va a los juegos, aun si no lo hacían antes, por la pura novedad. Probablemente sea el caso de los Marlins la próxima temporada. Pero lo que quiero ver es si de verdad se creará un ambiente digno del béisbol en el 2013, el 2014 y el 2015.

Miami no ha sido fácil para el deporte profesional en cuanto a asistencia se refiere. Antes de llegar LeBron James y Chris Bosh a Miami Heat—y hasta después de eso, al principio de la temporada 2010-11—el equipo de básquet jugaba ante públicos bien discretos. Claro, las cosas fueron diferentes en la primavera de este año porque el Heat llegó hasta la final de la NBA.

En el hockey sobre hielo hubo buenas asistencias al principio—por la novedad—y cuando el equipo llegó a la final en 1996…y ya. Sólo los Dolphins de la NFL llenan su estadio. Pero el fútbol americano es bien distinto a los otros deportes en ese sentido, porque hay apenas ocho fechas en casa que son casi todos en la tarde del domingo.

Por eso quiero ver de una vez por todas si Miami es un lugar adecuado para ser sede de un equipo de Grandes Ligas. Hace muuuuchos años, cuando el primer propietario Wayne Huizenga vendió el equipo en 1998, éste dijo que hacía falta un nuevo estadio para que el club pudiera regresar a la Serie Mundial. Bueno, en ese sentido estuvo equivocado, porque los Marlins volvieron a coronarse en el 2003. Pero su mensaje fue claro y desde el 2012, 14 años después, tendremos la prueba.

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