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Nuevo formato: ¿Más emocionante pero menos justo?

HERMOSILLO – Tanto en el 2011 como el 2012, el ganador de la Serie del Caribe se decidió sin el campeón cerrando una victoria para celebrar en el terreno. El sistema “todos contra todos” era anticuado y le quitaba emociones al evento..al menos así se decía.

Francisco PenaPara Hermosillo 2013, se tomó la decisión de agregarle un día extra al certamen y crear una final que se disputará entre el equipo de primer lugar y el de segundo, para así decidir el campeón del Clásico Caribeño.

Los Leones del Escogido, en representación de la República Dominicana, llegaron a asegurar su pase a dicha final en la cuarta fecha del certamen el martes al poner su récord en 4-1, mientras que confirmaron su condición de líder absoluto del torneo con otro triunfo el miércoles para terminar la ronda “regular” con 5-1.

De ahí viene la siguiente pregunta: ¿Es justo obligar a un equipo que haya dominado la serie de esa manera jugar un partido de vida o muerte—en el que puede pasar cualquier cosa–para coronarse campeón?

“Creo que no ha sido una buena decisión de la parte gerencial de la organización de aquí de la Serie del Caribe”, dijo de manera contundente el veterano dominicano Julio Lugo, quien posiblemente se esté despidiendo del béisbol profesional en este torneo. “No creo que un equipo que haya ganado (cinco) partidos y que pierda ante otro que haya ganado tres deba irse por esa puerta. Eso no está bien. Eso no se ha manejado bien.”

En lo personal, estoy de acuerdo con Lugo. Entiendo la necesidad de asegurar un final emocionante de la serie, ni hablar de una fecha extra que puede aumentar los ingresos económicos locales que genera el evento, tanto en el estadio como para la ciudad anfitriona en general.

Sin embargo, siempre me gustó la idea de premiar a un equipo que a través de seis juegos demostrara un dominio sobre los otros. Sí, en ocasiones se producían conclusiones sin bombos y platillos, pero después de cada edición del torneo se sabía que salía premiado el grupo que había jugado mejor a lo largo del certamen.

En el 2013, se ha dado la posibilidad de que un equipo con 3-3, como bien señala Lugo, le gane un juego a otro con 5-1 para conquistar el título.

El equipo dominicano en Hermosillo es el primero en enfrentar esta situación. La mayoría de los jugadores se expresaron un poco más diplomáticos que Lugo al hablar del tema.

“Nosotros no controlamos eso, la Serie del Caribe fue hecha así”, dijo Hanley Ramírez. “Es un juego más. Vamos a venir positivos y seguir jugando nuestro béisbol. El equipo está luchando y se mantiene así hasta que el juego se acaba. Tenemos que venir (el jueves) a ganar la Serie del Caribe con Dios por delante.”

Francisco Peña, cuyo jonrón en el noveno inning el miércoles esencialmente eliminó a los Navegantes del Magallanes (Venezuela), entiende la parte de agregarle sabor a la serie. Pero no deja de imaginar lo que hubiese sido celebrar ya la victoria de su equipo.

“Si hubiese sido antes ya seríamos campeones”, expresó, “pero eso le da más emoción ahora. Le da más gusto, como dice la gente, más carácter a la serie creo. Ahora tenemos que jugar un juego, cualquiera puede ganar un juego y hay que venir (el jueves) a jugar fuerte.”

Luis Jiménez, quien se fue de 4-3 en el juego vs. Venezuela para poner su promedio en .455, también dijo aceptar la situación…aunque sus comentarios fueron acompaños por muchos “Imagínate” que transmitían resignación más que otra cosa.

“Así lo hizo la liga y ya tenemos que estar dispuestos a lo que venga”, manifestó Jiménez. “Yo nunca había visto eso, pero imagínate, hay que jugar. Ahora con esa regla que pusieron tenemos que venir y seguir jugando el béisbol fuerte.”

No hay de otra. Si gana Dominicana el jueves, este tema no será de importancia, por lo menos este año. ¿Y si no? Más debate, más polémica, algo que la Serie del Caribe justamente trata de evitar.

La cuna del estrellato

SANTO DOMINGO – Además de los grandes eventos como playoffs/Serie Mundial, Juegos de Estrellas y Series del Caribe, una de las asignaciones que más satisfacción me dan es la de cubrir el accionar de los jóvenes y los prospectos, sobre todo en el contexto latinoamericano.

De visita en la República Dominicana para la Serie del Caribe, me tocó pasar un día inolvidable en el complejo de los Mets de Nueva York, en ocasión del showcase (una especie de demostración de habilidades) de la Dominican Prospect League ante los escuchas de casi todos los equipos de Grandes Ligas. Es bien interesante ver de cerca cómo estos muchachos tan jóvenes, de 15 a 18 años de edad más o menos,  responden ante una situación que puede significar la oportunidad de transformar sus vidas de una manera dramática. Es mucho peso para un muchacho…y eso es lo que son, puros muchachos.

La liga de prospectos parece haber ganado un buen impulso en R.D., con la lógica de poner a los peloteros de más talento a exhibir sus condiciones no sólo pruebas ante escuchas, sino también en situaciones de juego. Vi de cerca la organización de la liga y la presencia masiva de los scouts de la Gran Carpa. Ahí comprobé que es la DPL es una entidad que todo el mundo toma en serio y que debe de crecer en el futuro.

Pero más allá de eso, respiré el ambiente de la juventud beisbolera, lo que se vive antes de la fama y el gran dinero. Los prospectos latinoamericanos—firmados o no—en su mayoría son bien tímidos, pero una vez superada esa parte, te hablan con una sinceridad que después se les va quitando al subir en los circuitos minoritarios y sobre todo al llegar a Grandes Ligas. Se sabe que la gran mayoría de los muchachos con los que te topas a este nivel no va a llegar tan lejos—es cuestión de matemática y porcentajes.

Algunos sí se convertirán en ligamayoristas y hasta estrellas de la Gran Carpa, y eso es lo interesante de este tipo de eventos. Nunca sabes quién va a ser el próximo Albert Pujols, el próximo David Ortiz o el próximo Pedro Martínez. Y siempre es curioso ver cómo cambian su personalidad con el paso del tiempo. Claro, todos cambiamos, sobre todo de los 16 años a los 23, 24. Pasamos de ser niños a ser adultos. Mientras unos se convierten en el estereotipo del atleta frío y hasta hostil con la prensa, otros mantienen las mismas cualidades positivas que hacen de una superestrella un ser humano tratable también. No es que actúen igual a cuando tenían 17 años—las exigencias de su estatus jamás lo permiten—sino que siguen siendo personas conscientes del punto de vista del otro, no sólo el de ellos.

Ver a Albert Pujols conectar tres jonrones en un juego de Serie Mundial y a Nelson Cruz poner récords de cuadrangulares en postemporada es algo grande que no cambiaría por nada. Pero estar presente en la cuna del estrellato, como fue el caso (posiblemente) en el complejo de los Mets y la liga de prospectos, no tiene precio.

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