Results tagged ‘ Salon de la Fama ’

Lee Smith merece un lugar en Cooperstown

PHOENIX -
En esta época del año en Grandes Ligas, además de todos los rumores, firmas y
cambios
, arde el tema del Salón de la Fama y las votaciones que siempre se
anuncian durante la primera semana de enero.

En esta ocasión
hay tres nombres sonoros en su primera oportunidad: los boricuas Roberto Alomar
y Edgar Martínez, más Barry Larkin. Además, vuelven fuertes candidatos como
Andre Dawson, Bert Blyleven y Jack Morris.

Pero hay
otra figura que me llama la atención en particular, por la falta de apoyo que
ha recibido de parte de los integrantes de la Asociación de Cronistas de
Béisbol de Estados Unidos: El ex relevista Lee Smith.

En seis años
en la papeleta, Smith nunca ha recibido más del 45% de los votos (se necesita
un mínimo de 75% para ser elegido) en un año determinado, y él no sabe por qué
se le ha dado tan poco apoyo. Yo tampoco entiendo.

En una época
en que ya hemos empezado a valorar lo que es el cerrador en el béisbol–véase los
Salón de la Fama Bruce Sutter, Rich “El Ganso” Gossage y Rollie Fingers, además
de Dennis Eckersley, que aparte de taponero brilló como abridor–Lee Smith ha
sido prácticamente ignorado por los votantes.

De 1993 al
2006, Smith fue líder de todos los tiempos en juegos salvados en la Gran Carpa,
y terminó su carrera con un total de 478. Ahora está en el tercer lugar, detrás
del panameño Mariano Rivera (526) y Trevor Hoffman (591), ambos activos.  

Todo el
mundo sabe que Rivera y Hoffman van directo a Cooperstown a los seis años de su
retiro de Grandes Ligas. Smith debería estar allí esperándolos, pero quién
sabe.

Es algo
difícil de comprender.

Aunque
Smith perteneció mayormente a la generación que realizó los salvamentos de una
sola entrada–diferente a Sutter, Gossage y Fingers–hay que ver los números.

Con 478
juegos salvados
, lleva  178 más que
Sutter, 168 más que Gossage y 137 más que Fingers. Si ellos son Salón de la
Fama, también lo es Smith. Sí, su récord negativo (71-92) es algo en su contra,
pero también estuvieron por debajo de .500 en ganados y perdidos Fingers
(114-118) y Sutter (68-71). Claro, en el puesto de taponero, siempre estás en
posición para perder, y pocas veces para ganar.

Lee Smith
fue un lanzador dominante en sus mejores tiempos, con una recta superpesada en
el noveno inning. Se le recuerda mayormente con los Cachorros, pero también
brilló con los Medias Rojas, Cardenales, Orioles y Angelinos.

Diferente a
Sutter, Gossage y Fingers, quienes cerraron al menos una victoria de Serie
Mundial cada uno, Smith nunca llegó a lanzar en un Clásico de Otoño. ¿Será algo
en su contra ante los ojos de los votantes? No debería.

Hace unos años
yo hubiese pensado que la elección de Lee Smith al Salón de la Fama era algo
seguro. Ahora no se sabe. Es una pena…y una gran injusticia si no llega algún
día.

Hasta la Próxima, Desde el Desierto.

 

Un reconocimiento justo

INDIANAPOLIS
- La elección al Salón de la Fama de White Herzog de parte del Comité de
Veteranos aquí en las Reuniones Invernales llama la atención por algo: la forma
en que ganó tanto durante los años 70 y 80 la “Rata Blanca”, como se le
conocía.

Herzog conquistó
seis títulos divisionales, dos banderines de la Liga Nacional y una Serie
Mundial entre los Reales y los Cardenales. También dirigió a los Rangers de
Texas y brevemente a los Angelinos de California.

Pero la
verdad es que Herzog se ganó sus credenciales para Cooperstown en  San Luis. Con un equipo construido a su manera
al principio de la década de los 80, tuvo sumo éxito con los Cardenales,
asistiendo a tres Series Mundiales y alzando el trofeo de campeón en 1982.

Siendo
gerente general al igual que manager, hizo los cambios por el también Salón de
la Fama Ozzie Smith, por Willie McGee, Bruce Sutter y Lonnie Smith, entre
muchos otros que lo ayudaron a convertirse en manager campeón. Herzog sabía qué
tipo de estadio tenía, un Busch Stadium demasiado amplio para dar muchos
jonrones (y sin la ayuda de los esteroides en ese entonces), así que optó por
un béisbol situacional: Mucha velocidad, mucha defensa y un pitcheo adecuado
entre los abridores y brillante en el bullpen con el inmortal Bruce Sutter. En
otras palabras, “Whitey Ball”.

Los
campeones de 1982 no contaron ni con un solo bateador de 20 cuadrangulares. Se
robaron 200 bases. Jugaron una gran defensa. Y ganaron.

El
Comisionado del Béisbol, Bud Selig, dijo lo siguiente sobre la elección de
Herzog: “Whitey tuvo un gran impacto sobre nuestro juego, dirigiendo equipos
ganadores de manera consistente con la combinación de velocidad y defensa.”

Selig lo
sabe bien. Fueron los Cerveceros, de su propiedad en aquel entonces, que fueron
derrotados por Herzog y San Luis en la Serie Mundial de 1982.

Tuve el
privilegio de ver a diario los equipos de Herzog en San Luis en los años 80, y
ahora su labor ha sido premiada con el máximo reconocimiento. A mí me consta
que es un honor bien merecido.

 

Hasta la
Próxima, Desde…Indianápolis

 

  

Hay que reconocer la dura realidad

PHOENIX -
Es bien interesante el debate sobre el bateador designado y su lugar–o no–en el
Salón de la Fama, ya que el boricua Edgar Martínez aparece por primera vez en
la papeleta de los votantes
este año.

En este
tipo de discusiones, hay dos preguntas fundamentales: Una es si un jugador llegará
o no, y la otra es que si debería ser elegido.

Para mí la
primera es fácil de contestar.  Creo que
a Martínez se le hará muy difícil llegar en una primera oportunidad, aunque sí
pienso que recibirá suficientes votos para seguir en la boleta durante unos años.
Pero mi pronóstico es que no llegará a Cooperstown.

La segunda
pregunta, que si debería ser exaltado al Salón, es más difícil de analizar.
Pero ahí va:

No.

Por más que
hiciera con el madero en Grandes Ligas, no.

Edgar
Martínez ha sido el bateador designado más productivo desde que se implementó
la regla en la Liga Americana en 1973 (el dominicano David Ortiz pretende
alcanzarlo, pero quién sabe…). Fue uno de los bateadores derechos más finos de
nuestra generación, con una combinación de promedio, porcentaje de embasarse y
un poder ocasional y muy oportuno.

Los logros
individuales son muchos: Dos títulos de bateo de la Americana, cinco Bates de
Plata, siete participaciones en el Juego de Estrellas, tres veces líder de
porcentaje de embasarse (una estadística subestimada hasta hoy en día) y dos
veces líder en dobles.

Martínez
formó parte de varios equipos exitosos de los Marineros, incluyendo la edición
del 2001 que ganó 116 partidos en temporada regular.

PERO, el
mismo “prejuicio” que algunos alegan que hay en contra del bateador designado
para Cooperstown es lo que lo va a mantener fuera del Salón. Esencialmente
después de 1992, cuando ganó su primer título de bateo como tercera base de
Seattle, Martínez fue designado. Y por más que haya rendido en ese rol, no fue
suficiente para que se convierta en inmortal del béisbol.

Se supone
que el designado está para batear y ya. Por ende, debería tener números tan
buenos o hasta superiores a los tradicionales que son “automáticos” para
ingresar al Salón. Martínez no los tiene.

El
puertorriqueño terminó con promedio de por vida de .312, pero con solamente 309
jonrones (se supone que con 500 HR se llega). Dio 514 dobles, pero su total de
hits fue de 2,247 (se supone que 3,000 es el número mágico).

Por
supuesto, cuando un pelotero haya amasado números que se acercan a los tradicionales
para ser considerados Salón de la Fama, hay otros factores que a veces los
catapultan hacia Cooperstown, como por ejemplo la defensa.

Pero ahí
está el problema.

Martínez
nada más tiene a su favor lo que hizo con el bate. Y sus números, por más
impresionantes que hayan sido en un momento de su carrera, no van a ser
suficientes.

Hasta la
Próxima, Desde el Desierto

Tiempo de readmitir a Pete Rose?

Administrator
12.00

Administrator
12.00

PHOENIX -
Con la noticia de la posible readmisión de Pete Rose al béisbol, para nosotros
llega una serie de ideas y opiniones encontradas.

 

Por un
lado, existe el argumento de que es un absurdo dejar fuera del Salón de la Fama
al autor de la mayor cantidad de hits en la historia de Grandes Ligas. Por
otro, se dice que lo que hizo Rose, un confeso apostador de los juegos de los
Rojos (a favor siempre, afirma) que él mismo dirigía al final de los años 80,
es algo infame que atenta contra la integridad del deporte, y que por ende su
castigo debe ser el mayor posible.

 

Entiendo
ambos argumentos, y de alguna manera u otra, estoy de acuerdo con los dos.

 

Vamos por
partes

 

Hace 10 años,
escribí que era una vergüenza no incluir al líder de hits de todos los tiempos
en Cooperstown. Pero ponderando más el caso, los útiles de Rose en el Salón–incluyendo
uniformes, bates, guantes y demás reconocimiento de sus hazañas en el terreno–en
cierto modo le hacen justicia a lo que hizo en el diamante. Lo que no tiene es
una de esas placas tan deseadas por todo pelotero de la Gran Carpa.

 

Pero el que
visite Cooperstown sí sabrá quién es Pete Rose y la magnitud de su carrera.

 

La ofensa
de Rose al béisbol es algo bien grave. Como fanáticos del deporte, lo que más
nos puede desilusionar al ver los partidos es la idea de que un juego esté “arreglado”
o que un equipo se haya “vendido”. Claro que eso ha ocurrido en Grandes Ligas,
sobre todo en las primeras dos décadas del Siglo XX. Pero todos nos criamos
pensando que eso había quedado bien en el pasado.

 

Rose
siempre trató de argumentar que al apostar a
favor
de su equipo, no estaba desnaturalizando el deporte.

 

 No creo en nada de eso.

 

Para los
días que tenía dinero apostado por los Rojos, puedes estar seguro de que hacía
todo lo posible por ganar ese partido. Pero,
al hacer eso no estaba dirigiendo a Cincinnati para la temporada, sino para ese
día. Nunca se me olvida cuando Rob Murphy, relevista del conjunto, se quejó
públicamente en 1987 de la forma en que Rose explotaba el bullpen. Repito,
hacía todo lo posible por ganar ese día, sin pensar en las consecuencias para
el día siguiente, o para una campaña de 162 juegos.

 

De 1985 a
1989, se decía que los Rojos tenían todo el talento para conquistar la División
Oeste de la Liga Nacional. Del 85 al 88, terminaron segundos en cuatro
temporadas seguidas bajo la dirección de Rose, y nadie entendía cómo no ganaban…

 

En 1989,
después de la suspensión de Rose, se hundieron. Pero en 1990, con Lou Piniella,
por fin llegaron a su potencial y ganaron la Serie Mundial.

 

Para mí, es
el mayor ejemplo de una desnaturalización del béisbol hasta la era de los
esteroides.

 

A Rose se
le ha castigado con 20 años de humillaciones. ¿Es suficiente?

 

Quisiera
saber la opinión de ustedes. Favor de dejar sus comentarios en la sección de “Comments”
abajo.

 

Hasta la
Próxima, Desde el Desierto.

 

 

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.