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Yankees tratan de navegar aguas totalmente nuevas

SAN DIEGO – Hubo una época en que los Yankees no dejaban ir a nadie si no querían hacerlo. De hecho, era Nueva York que les quitaba jugadores a los otros equipos, fuera por la agencia libre y vía cambios muy poco equilibrados.

Masahiro TanakaSin embargo, desde el 2012, a los Yankees se les ha ido varios jugadores de renombre vía el mercado al mejor postor: Russell Martín, el dominicano Robinson Canó. el quisqueyano Rafael Soriano, Phil Hughes, Curtis Granderson y David Robertson son sólo algunos ejemplos de ello.

En las épocas de oro del equipo del Bronx bajo la meticulosa y a veces pintoresca dirección del dueño George Steinbrenner—fallecido en el 2010—los Yankees hacían lo que fuera necesario para tener los mejores nombres en sus filas, sin importar el costo.

En el invierno del 2008-09, Nueva York gastó US$423.5 millones en los agentes libres CC Sabathia, Mark Teixeira y A.J. Burnett y ganó la Serie Mundial al año siguiente. Y hace un año, el gerente general Brian Cashman les dio contratos con un valor total de US$283 millones a Jacoby Ellsbury, el boricua Carlos Beltrán y Brian McCann.

Pero a pesar de esos dos ejemplos, las cosas claramente han cambiado en el Bronx.

“Muchas veces tiene que ver con diferentes situaciones y hacia dónde sentimos que vamos”, dijo al respecto el manager del equipo, Joe Girardi.

Efectivamente, un equipo como los Piratas—los “pobres” de la década de los 90 y la primera de este siglo—les quitó a los Yankees a Martin vía la agencia libre hace dos inviernos, algo impensable hace unos pocos años.

“Es la naturaleza de lo que pueden hacer los equipos con el compartir de ingresos y los contratos de TV”, comentó Girardi al respecto. “Creo que el juego ha cambiado en comparación con hace 20 años”.

Quedó evidente eso mismo en esta semana cuando Cashman afirmó que los Yankees no estaban dispuestos a firmar tanto a Andrew Miller como a Robertson. Al relevista zurdo Miller le dieron cuatro años y US$36 millones, mientras que Robertson recibió US$46 millones por cuatro años de parte de los Medias Blancas.

“La adquisición de Miller junto a la selección del draft (compensación por la ida de Robertson) era la mejor ruta, sin importar lo bueno que ha sido Robertson como preparador y cerrador”, dijo Cashman. “Puede que no sea la decisión más popular, pero sí creo que es la mejor”.

Con George Steinbrenner, hubiera sido difícil escuchar un argumento semejante de parte de la gerencia. Pero con su hijo Hal y Cashman al frente, ésa es la filosofía reinante.

“Nos gustaría hacer negocios de calidad, si se nos presentan”, dijo Cashman. “Créanme, hemos presentado muchas ideas que no han sido aceptadas y a mí me han presentado muchas ideas que yo no he aceptado.

“Eso no significa que no podamos hacer algo (ahora), pero no hay garantías tampoco de que algo vaya a hacerse en esta semana (de las Reuniones Invernales)”.

Aún están disponibles en el mercado los agentes libres de cartel Max Scherzer y James Shields. Nadie sabe si Nueva York podría dar la sorpresa, como hicieron hace un año cuando decidieron firmar a Beltrán, McCann y Ellsbury y pasar de los US$189 millones–límite para no ser sancionado con el impuesto del lujo.

Pero por ahora, el equipo enfrenta la realidad de no contar con un cerrador probado, una enorme interrogante en la tercera base, una falta de profundidad en la rotación abridora y, por supuesto, Didi Gregorius en el campo corto en lugar del retirado Derek Jeter.

“Estoy abierto a las cosas que sean trabajables, pero hay muchas cosas que estamos buscando”, dijo Cashman. “Estamos interesados en acumular la mayor cantidad de bienes posible”.

Festival de rumores en las Reuniones Invernales

SAN DIEGO – Las Reuniones Invernales siempre generan muchos rumores de cambio, especulaciones e intrigas en general.

UTI1767923_1_t730Con la presencia de tantos gerentes generales, representantes de peloteros y demás figuras del béisbol—además de la prensa—siempre habrá mucho movimiento de informaciones y maniobras de parte de los clubes de Grandes Ligas.

El evento vuelve a la ciudad de San Diego por primera vez desde 1985. Los temas en agenda incluyen los siguientes:

¿Con quién firmará el zurdo Jon Lester? Los Medias Rojas, Yankees, Cachorros, Gigantes y Dodgers se han mencionado como los favoritos para procurar los servicios del abridor. Una vez decida Lester cuál será su próximo uniforme, mucho más podrá decirse sobre los otros dos pitchers de más nombre en el mercado de los agentes libres: Max Scherzer y James Shields.

¿Qué está pasando con los Orioles? El equipo más ganador en el Este de la Liga Americana desde el 2012 acaba de perder los servicios del dominicano Nelson Cruz, Nick Markakis y Andrew Miller. Ahora resulta que el gerente general del equipo, Dan Duquette, podría tener un pie fuera de Baltimore con la presidencia de los Azulejos en la mira…manténganse en sintonía.

¿Cómo se verá el Este de la Americana a partir del 1ro de enero? Siguiendo con lo que se ha definido desde hace muchos años como la división más competitiva de Grandes Ligas, el Este podría perfilarse bien diferente en unos pocos días. No sólo se encuentran en una encrucijada los Orioles, sino también que los Medias Rojas se han reforzado en grande con las firmas del venezolano Pablo Sandoval y del dominicano Hanley Ramírez—y con otras movidas aún en agenda. Mientras tanto, los Yankees y los Azulejos se ven listos para hacer más movimientos de impacto, posiblemente aquí mismo en San Diego.

¿Qué harán los Dodgers con tantos jardineros? Los Dodgers, con sus nuevos jefes de operaciones de béisbol Andrew Friedman y Farhan Zaidi, tienen un superávit (¿exceso?) de jardineros con el cubano Yasiel Puig, Carl Crawford, Matt Kemp, Andre Ethier, Scott Van Slyke y Joc Pederson. Los rumores indican que Kemp y/o Ethier podrían ser cambiados por Los Angeles, que estaría buscando más pitcheo—e inclusive firmar a Lester como otro movimiento aparte.

¿Podrán los Mets adquirir un nuevo torpedero para el 2015? Todo el mundo sabe que los Mets buscan a un parador en corto establecido para la próxima temporada, ya que el equipo de Queens se perfila como contendiente en el Este de la Liga Nacional por primera vez en varios años. Aquí podrían iniciarse o cobrar fuerza pláticas acerca de un cambio por Troy Tulowitzki o el venezolano Elvis Andrus, o la firma de un agente libre como el también venezolano Asdrúbal Cabrera, Jed Lowrie o Stephen Drew.

Los temas mencionados aquí son sólo algunos de muchísimos que se tratarán en el Manchester Grand Hyatt Hotel de San Diego. Que comiencen las intrigas.

Vuelve a cuestionarse la entrega de Canó. ¿Será justo?

PHOENIX – Fue la comidilla del día lo expresado por el futuro Salón de la Fama, Mariano Rivera, acerca de su ex compañero de los Yankees, Robinson Canó.

World Series Phillies Yankees BaseballLos comentarios son parte de un libro del panameño, “The Closer”, por publicarse en los próximos días. El periódico New York Daily News dio a conocer algunos extractos del libro que incluyen lo que dejó a muchos con la boca abierta: Rivera, el mejor cerrador de la historia y ganador de cinco anillos con los Yankees, preferiría en la segunda base a Dustin Pedroia, de los Medias Rojas, por encima de Canó en un juego de vida o muerte.

“Si tuviera que ganar un juego, para mí sería difícil elegir a alguien por encima de Dustin Pedroia como mi segunda base”, manifestó Rivera en el libro, destacando lo duro que juega el fogoso pelotero de Boston.

Obviamente lo escrito por Rivera tiene que interpretarse, en cierto modo, como una crítica de Canó. El dominicano jugó los primeros nueve años de su carrera junto al istmeño, antes del retiro de éste. De su parte, Canó dejó Nueva York durante el invierno del 2013-14 para firmar un pacto de 10 años y US$240 millones con los Marineros.

Así se expresó Rivera acerca de Canó para explicar su “selección” de Pedroia en la intermedia:

“El muchacho tiene tanto talento, no sé ni por dónde comenzar. No hay dudas de que es calibre Salón de la Fama. Es sólo cuestión de si encuentra la entrega que se necesita para llegar hasta ahí.

“No creo que Robby tenga ese fuego para ser el mejor…no se le ve esa pasión al rojo vivo que se le ve a la mayoría de los jugadores élite”.

Si se trata de una comparación entre Canó y Pedroia en los puros números, el dominicano gana esa partida de manera relativamente fácil. Andrew Marchand de ESPNNewYork.com expone eso muy bien en su columna, que precisamente es para argumentar que Rivera se equivoca al elegir a Pedroia por encima de Canó.

Pero como también expresa Marchand y otros reporteros—y como digo yo también—Rivera estuvo en medio de todo con Canó durante esos nueve años. Los números dicen mucho, pero como siempre, no cuentan toda la historia.

Jamás cuestionaría lo observado por un pelotero que está en el bullpen, en el dugout, en el clubhouse (en horarios sin la prensa) y en todo lo demás donde los de fuera—incluyendo a los reporteros—simple y llanamente no están presentes.

Tampoco voy a poner un argumento aquí de quién es “mejor” entre Canó y Pedroia. Son dos peloteros distintos que aportan mucho a sus respectivos equipos. En otro momento podría hacerse un análisis exhaustivo…pero hasta eso no definiría el debate de una vez por todas.

Lo que sí voy a cuestionar es que todos tengan que encajar en un modelo para ser considerados “entregados” o “fogosos” o, en el argot beisbolero, gamers. La idea es que si un pelotero no se ve con una mala mirada, no grita mucho, no choca con una pared a toda velocidad o hasta no es lo suficientemente “sangrón” (en buen mexicano), tiene menos deseo de ganar o de progresar a nivel individual.

Siempre me ha chocado el concepto de que un atleta tiene que ser de ese molde para ser considerado un jugador con “fuego competitivo” o entrega para triunfar. Todo el mundo es diferente. Todo el mundo se expresa distinto con sus palabras, su forma y su estilo.

Claro, el “joseo” de Canó ha sido cuestionado en algunos momentos. En el 2008 el manager Joe Girardi lo sacó de un juego por no correr duro hacia la primera al dar un rodado. Esta primavera el coach de bateo de los Yankees, Kevin Long, tocó ese mismo tema al referirse al dominicano.

Ahora bien, ¿es Canó un ganador? En siete de sus nueve años con Nueva York, lo Yankees clasificaron para los playoffs. Por supuesto, Canó estuvo rodeado de mucho talento en esa época, pero el dominicano fue parte íntegra de aquellas ediciones de los Bombarderos. Canó manejó el último out de la victoria de los Yankees en la Serie Mundial del 2009. Y recuerden que el año pasado, rodeado de mucho menos talento en Nueva York, terminó con 27 jonrones, 107 empujadas y OPS de .899 mientras los diezmados Yankees se mantuvieron en la pelea hasta mediados de septiembre.

En Seattle, Canó no ha tenido un inicio espectacular. A esta altura de su carrera, nadie sabe cómo seguirá produciendo. Pero el punto es el siguiente: ¿Ha dado lo mejor de sí Robinson Canó en su carrera? Sólo lo sabe él mismo. La mejor pregunta es ésta: ¿Aceptarías lo que ha dado Robinson Canó si fueras manager de Grandes Ligas? Todos sabemos la respuesta.

No todo el mundo es igual, ni encaja en la imagen que hemos creado para los atletas. Creo que es hora, después de tantos años, de aceptar lo que es Robinson Canó, su estilo y lo que ha brindado en el terreno de juego. Y punto.

Canó pondrá el “esfuerzo” de la producción en Seattle

PEORIA, Arizona – El 14 de septiembre del 2008 en un partido entre los Yankees y los Rays, Robinson Canó no le llegó a un rodado conectado por Cliff Floyd, quien aprovechó para llegar a la segunda base cuando el dominicano no corrió fuerte hacia la bola en los jardines.

Robinson CanoEl manager de Nueva York, Joe Girardi, sentó a Canó para el resto de dicho juego y para el día siguiente.

Al fin y al cabo fue un incidente que no tuvo mayores consecuencias, por lo menos a corto plazo. Canó reanudó su excelente producción en el 2009 para ayudar a los Yankees a ganar la Serie Mundial y continuó siendo un pilar del lineup neoyorquino hasta que se fue a Seattle vía la agencia libre este invierno.

Sin embargo, en días pasados el coach de bateo de los Yankees, Kevin Long, revivió la controversia de una supuesta falta de “joseo” de Canó al alegar que el segunda base no le corre con suficiente esfuerzo a la primera base al conectar rodados de out y que eso lo hace lucir mal.

En su primer día con su nuevo equipo, Canó no quiso hablar del tema al preguntársele por el particular.

“No voy a hacerle caso a eso”, dijo el pelotero de 31 años, que empieza la primera temporada de un contrato de 10 años y US$240 millones que firmó con los Marineros. “Sólo quiero hablar de Seattle. Lo que sea que hayan dicho ellos, no voy a ponerle caso”.

Canó tiene el talento para hacer lucir muy fácil lo que para muchos es bien difícil. La imagen del dominicano casi “flotando” hacia un rodado por la segunda almohadilla y haciendo un tiro fuerte y preciso a la primera se convirtió en una constante en el Bronx desde el 2005 hasta el año pasado.

A veces se produce la idea de que Canó no se está esforzando mucho. “Ese es mi estilo”, nos dijo el intermedista durante los playoffs del 2009, a poco más de un año de la mini-controversia con Girardi.

Ese “estilo” rindió no sólo un gran alcance y un fuerte brazo en la segunda base—Canó ganó Guantes de Oro tanto en el 2010 como el 2012—sino también un bate que solía producir unos 30 jonrones, 100 empujadas, promedio de .300 y OPS (porcentaje de embasarse más slugging) entre .850 y .910 durante la mayor parte de su carrera en los Yankees.

“En el gran panorama, ¿preferiría tener a un muchacho que juegue 160 partidos bateando .300 y empujando más de 100? Aceptaré eso”, dijo el nuevo manager de Canó en Seattle, Lloyd McClendon.

En otras palabras, McClendon quiere que Canó, todo un veterano, sea su propio “policía” en ese sentido. Y si llega a dejar de correr al 100% de vez en cuando si el out es seguro–con tal de mantenerse bien de las piernas y con una energía aceptable durante una temporada maratónica–que así sea.

“Hay un elemento humano en este juego”, dijo McClendon después de la primera práctica de Canó con los Marineros. “Si das un rodado a la segunda, te baja la cabeza y estás decepcionado. Recuerdo (como jugador) que yo daba un elevadito y, enojado, no corría a la primera.

“¿Es vagancia eso? No creo”.

Cuando se le preguntó sobre el particular, McClendon se vio bastante molesto y dijo que no tocaría más el tema. Pero dejó a todos con esto:

“Una cosa que a mí me enseñaron es que te preocupas por tus peloteros, no los de otro equipo. No sabía que él (Long) era el portavoz de los Yankees de Nueva York.

“Lo que a mí me preocupa es lo que haga Robinson Canó vistiendo el uniforme de los Marineros de Seattle. No me importa (nada) lo que hizo con los Yankees”, continuó el piloto. “Tuvimos una excelente plática y él quiere ser muy productivo vistiendo el uniforme de los Marineros de Seattle. Quiere ser muy buen compañero.

“Cuando alguien ataca a uno de mis peloteros, lo voy a defender. Si él no te cae bien…” Aquí no podemos completar lo que dijo McClendon, por cuestiones de etiqueta. Pero ya se imaginan que fue algo fuerte para defender a Canó.

Estoy de acuerdo con su postura. Y de paso, me parece que fue la mejor forma de parte de McClendon de iniciar la Era Canó en Seattle.

¿Inicio de una era oscura en el Bronx?

PHOENIX – La última vez que los Yankees no clasificaron para los playoffs fue la temporada del 2008.

Eduardo Nunez, Brendan Ryan, Robinson Cano, Mark Reynolds¿Cuál fue la reacción de la gerencia, ya dominada para ese entonces por Brian Cashman y con el aval de los Steinbrenner para gastar mucho dinero? El equipo invirtió US$423 millones para firmar a CC Sabathia, A.J. Burnett y Mark Teixeira. El resultado fue el deseado: En el 2009 Nueva York ganó 103 juegos en la temporada regular, rumbo al título de Serie Mundial número 27 de la franquicia.

¿Puede suceder algo parecido del 2013 al 2014? Muy difícil, por no decir imposible. En vez de sumar, los Yankees de estos tiempos se han acostumbrado a dejar ir al talento más caro.

Es conocido por todos el deseo de los dueños, encabezados por Hal Steiinbrenner, de evitar el impuesto de lujo para la próxima temporada, lo cual implica tener una nómina de US$189 millones o menos. Por eso el equipo dejó de firmar a Russell Martin y a Eric Chávez, por ejemplo, en la última temporada muerta. Ambos hubiesen ayudado sobremanera a los Yankees del 2013.

De hecho, la edición de Nueva York de este año hizo mucho al estar en la pelea hasta el miércoles, sin nombres como Curtis Granderson, Alex Rodríguez, Derek Jeter, Mark Teixeira y Francisco Cervelli—para nombrar a sólo algunos—durante largos trechos de la campaña.

Sabemos que lo más probable es que se vaya Granderson. Además, es casi seguro que Rodríguez no juegue en el 2014, debido a su inminente suspensión por el vínculo con la Clínica Biogénesis. Se retiran Mariano Rivera y Andy Pettite. Y por supuesto, Robinson Canó exigirá un mega-contrato, algo que los Yankees—por más increíble que pareciera hace unos pocos años—pueden no estar dispuestos a pagar. Y si vuelve a jugar Derek Jeter, ¿en qué condiciones estará a sus 40 años?

Desde 1994 (cuando terminaron con el mejor récord de la Americana pero no hubo postemporada por la huelga), los Yankees han sido la crema de Grandes Ligas, con cinco títulos de la Serie Mundial y una participación en los playoffs en cada temporada menos una. Hace cinco años cuando no fueron a postemporada, fue cosa de una sola campaña. Ahora podría ser el inicio de una época oscura para los “Bombarderos del Bronx”.

Todo dependerá de la disposición de Hal Steinbrenner y los que controlan el dinero en el Bronx. Si los últimos 10 meses son un indicio, los fanáticos de los Yankees—tan acostumbrados a las victorias—podrían vérselas feas en los próximos años.

Juego de Estrellas: Todos los ojos puestos en Queens

NUEVA YORK – Una vez más, el Clásico de Media Temporada vuelve a la Gran Urbe.

2013-Mets-ASG-Logo-Drop-Shadow-ver2.0-1280x1024El Juego de Estrellas del béisbol de Grandes Ligas se efectuará el martes en el Citi Field de Queens, sede de los Mets de Nueva York.

Es la novena ocasión en que el partido se realiza en la “Gran Manzana”, un récord. En el 2008, los Yankees despidieron al viejo Yankee Stadium con la celebración del 79 Juego de Estrellas—la última vez que la crema de la Gran Carpa se reunió en Nueva York a mediados de una campaña. Dicho estadio recibió el evento un total de cuatro veces, mientras que el Polo Grounds (Gigantes de Nueva York) fue sede en dos ocasiones y el Ebbets Field (Dodgers de Brooklyn) fue anfitrión para un solo Clásico.

Esta es la segunda vez en su historia que los Mets cumplen dicho papel. La primera fue en 1964, año en que se inauguró el Shea Stadium.

Para la novena de Queens, este Juego de Estrellas es, sin lugar a dudas, el punto luminoso del Citi Field desde que el estadio fue inaugurado en el 2009. Los Mets nunca han tenido récord positivo desde que se trasladaron del Shea Stadium al Citi Field (la nueva instalación fue construida en el mismo lugar de la vieja, en la localidad de Flushing). Después de los desplomes del 2007 y del 2008, que lamentablemente para los fans de aquí resultaron ser un último recuerdo bien amargo del Shea, los Metropolitanos han cambiado de gerente general y de manager, además de sufrir un golpe económico al ser la familia Wilpon—dueños mayoritarios de la franquicia–una de las víctimas del colosal fraude cometido por Bernard Madoff.

Pero ahora, por lo menos en estos días, a los Mets les toca enseñar lo mejor que tienen. Primero está David Wright, estelar tercera base y cara de la franquicia. El toletero es el mayor embajador del equipo, nombrado capitán de la Liga Nacional para el Festival de Jonrones y la figura más reconocible de los anfitriones. También está Matt Harvey, sensación del montículo y una de las piezas que le dan esperanzas a una fanaticada que ha visto apenas dos postemporadas desde 1988 y que en Nueva York ha tenido que soportar la alegría de los seguidores de los Yankees, el equipo más exitoso en la historia de Grandes Ligas.

La última vez que el Juego de Estrellas se realizó en Nueva York, fue uno de los grandes acontecimientos de la temporada del 2008. El tema primordial era la despedida del viejo Yankee Stadium, la instalación más famosa y de más éxitos en la historia del béisbol. Pero después de todo eso, los eventos en el terreno fueron iguales de emocionantes que la romántica idea de decirle adiós a la “Casa que Construyó Babe Ruth”.

Primero fue el Festival de Jonrones, evento en el que Josh Hamilton—la gran sensación ese año no sólo por sus hazañas como pelotero, sino también por haber superado la adicción a las drogas y al alcohol—maravilló a todos con 28 cuadrangulares en la primera ronda, un récord al que nadie jamás se acercará (desde mi óptica). Curiosamente, por los reglamentos de la competencia en aquel entonces, Hamilton no fue el ganador, ya que fue superado en la última fase por Justin Morneau.

Luego, en el mismo partido, se vio una serie de cosas sin precedente. Se establecieron récords para un Juego de Estrellas entre ambos equipos en ponches (34), bases robadas (7), corredores dejados en circulación (28), lanzadores (23) y jugadores participantes (63). El encuentro se decidió en 15 entradas, lo que empató una marca de innings para el evento (1967), y duró 4.50 horas–también un récord.

Al final, ganó la Liga Americana con un elevado de sacrificio de Michael Young que empujó desde la tercera a Morneau en el cierre del 15to capítulo.

Por más que les duela a los fanáticos de Queens, los Yankees siempre han puesto el estándar en el béisbol neoyorquino—aquel Juego de Estrellas en el Bronx no fue la excepción en cuanto a emociones se refieren. Pero ahora los Mets y su fanaticada tienen la oportunidad de destacarse como anfitriones y como protagonistas en un evento tan “brillante” como el Juego de Estrellas.

Definitivamente, es el momento para que el Azul y Anaranjado le robe el show al Uniforme Rayado.

Cashman: Astucia por encima de dinero ahora

PHOENIX – Nadie sabe explicar el éxito de los Yankees, que llegaron a esta fecha empatados por el segundo mejor récord de Grandes Ligas y en la cima del Este de la Liga Americana.

Brian CashmanLos números revelan parte de la historia, por supuesto. El cuerpo monticular de Nueva York encabeza la Liga Americana en efectividad colectiva con 3.53, incluyendo 3.64 de parte de los abridores, la segunda mejor del Joven Circuito.

El bateo ha sido suficiente, pero sólo eso—suficiente.  Los “Bombarderos del Bronx” han anotado la octava mayor cantidad de carreras en la Americana con 190.

Todo el mundo sabe la enorme cantidad de lesiones que han sufrido los Yankees: Jeter, A-Rod, Granderson (de regreso ya), Teixeira, Núñez, Youkilis, Cervelli…y esos son sólo los jugadores de posición.

Entre los brazos, están fuera de acción Andy Pettitte, Iván Nova y Joba Chamberlain, además de Michael Pineda.

Algunas de las estrellas de siempre han dado la cara por los Yankees, siendo la más brillante Robinson Canó, piedra angular del ataque ofensivo. También Mariano Rivera, recuperado de su lesión en la rodilla derecha, se ve como el cerrador dominante de siempre.

Y el pitcheo abridor, el mayor fuerte del equipo, ha sido llevado por los veteranos CC Sabathia y Hiroki Kuroda.

En realidad, el buen récord de Nueva  York hasta ahora ha sido notable por los aportes de nombres que eran considerados “rellenos” al momento de contratarse. Pero la verdad es que el gerente general Brian Cashman—esta vez dependiendo de su astucia como ejecutivo en vez de las grandes sumas de dinero que solían ofrecer los Yankees—ha maravillado a todos con los peloteros que ha llevado al Bronx.

Vernon Wells, Travis Hafner y Lyle Overbay son los mayores ejemplos de ello.

Wells, un fracaso total con su mega-contrato primero en Azulejos y luego Angelinos, de repente se ha acordado cómo batear en. Hafner, luego de tantas lesiones y temporadas perdidas en Cleveland, se ve renovado en los Yankees. Y Overbay, un jugador medio marginado en años recientes, ha hecho un aporte sólido en la caja de bateo.

En numerosas ocasiones, Cashman ha hablado de contratar a jugadores con una mentalidad indicada para los Yankees. Nunca ha sido fácil definir dicha mentalidad, pero el ejecutivo ha expresado que se trata de una actitud en equipo, un respeto por el juego y un conocimiento de la responsabilidad que conlleva ponerse el uniforme rayado.

Wells, por ejemplo, gana un salario exagerado de 21 millones de dólares y ha dicho que se retirará al vencer su actual contrato después del 2014. Pero parece estar completamente entregado a la causa colectiva, dispuesto a aceptar el tiempo de juego que se le dé y estar listo para cuando se escriba su nombre en el lineup.

Se ve lo mismo con Overbay, Hafner, Jayson Nix, Chris Stewart, Austin Romine, David Phelps, Ben Francisco y los demás integrantes del equipo que han puesto su granito de arena.

Con Joe Girardi al frente del manejar diario de tantas piezas—y si hubiera un premio al Manager del Año ahora mismo, sería de él, sin dudas—Nueva York ha hecho lo que nadie pensaba posible.

Definitivamente, los éxitos de Cashman y los Yankees no son “de riquitos” en esta ocasión.

Por fin vuelven los playoffs al Camden Yards

BALTIMORE – Los Orioles de Baltimore—ex Carmelitas de San Luis y primeros Cerveceros de Milwaukee (1901)– fueron en una época una de las franquicias más envidiables de Grandes Ligas.

De 1966 a 1983, ejecutando lo que se calificaba como la Oriole Way (la Manera de los Orioles), Baltimore fue a ocho postemporadas y seis Series Mundiales, ganando el Clásico de Otoño en tres ocasiones (1966, 1970 y 1983). De 1968 a 1985, los Orioles tuvieron 18 temporadas consecutivas con récord ganador.

Con nombres sonoros del béisbol como Frank Robinson, Brooks Robinson y Jim Palmer, seguidos luego por Eddie Murray, Mike Flanagan y Cal Ripken Jr.–entre muchísimos otros bajo el mando del manager Earl Weaver—Baltimore siempre era señalado como fuerte favorito para conquistar el banderín de la Liga Americana.

El pitcheo abridor y el bateo de poder eran los elementos más emblemáticos de aquellos Orioles. ¿Quién podrá olvidar una rotación de cuatro ganadores de 20 juegos en 1971? Ese año alcanzaron la cifra mágica Palmer, Pat Dobson, Dave McNally y el cubano Miguel Cuéllar. Y siempre se recuerda la frase del pugnaz Weaver, quien “jugaba para el jonrón de tres carreras.”

Después de 1983, cuando los Orioles ganaron la Serie Mundial con Ripken Jr., Murray y otros, empezó un largo declive del equipo.

Nadie aquí quiere recordar la temporada de 1988, cuando Baltimore empezó con 0-21 y terminó con 107 derrotas. Con la excepción de 1996 y 1997, los Orioles no habían visto nada de postemporada desde aquel 1983. De 1998 al 2011, Baltimore tuvo 14 campañas negativas en forma consecutiva.

Esta ciudad cuenta con una gran tradición beisbolera, pero es una fanaticada que ha sufrido mucho durante casi 30 años. Llegando al 2012, no había mucho motivo para pensar que este año sería diferente a los otros, a pesar del buen mes final del equipo bajo Buck Showalter la temporada pasada. Pero aquí están, luego de una campaña de 93 triunfos y una victoria sobre los Rangers en el comodín.

Ahora, unos fans que han esperado 15 años para ver béisbol importante en octubre en el Oriole Park del Camden Yards tienen su momento por fin.

“Es fenomenal; se me pone la piel de gallina cuando pienso en eso”, dijo el relevista de los Orioles, Brian Matusz. “Es emocionante traer los playoffs de regreso a Baltimore.”

Caminando por las calles de la zona Inner Harbor del centro de Baltimore, se percibe el entusiasmo. Montones de personas con camisetas y jerseys de los Orioles, asistiendo a los tantos bares y restaurantes, esperaban el primer juego de playoffs aquí desde el 15 de octubre de 1997, cuando los Indios eliminaron a los locales en la Serie de Campeonato de la Liga Americana. Hasta el equipo de fútbol americano (Baltimore Ravens), franquicia mucho más exitosa en el terreno que los Orioles en la última década, tuvo mucha competencia este día del arranque de la Serie Divisional entre Baltimore y los Yankees.

Sin importar qué pase en esta serie, me parece sumamente importante que fieles fanaticadas de ciudades de mucha tradición sean premiadas de vez en cuando. Así es el caso de los sorpresivos Orioles y sus seguidores.

“Baltimore es una gran ciudad de béisbol”, dijo el receptor de los Orioles, Matt Weiters. “Vimos eso durante todo el año. Mientras más ganábamos, más llegaban los fanáticos. Qué grandes son los fans que tenemos aquí.”

¿Se les acaba la gasolina a los Yankees?

PHOENIX – Los “yanquistas” han entrado en pánico…y con mucha razón.

Tengo que confesar que cuando los Yankees tenían ventaja de 10.0 juegos en el Este de la Liga Americana para la tercera semana de julio, yo estaba algo sorprendido. De hecho, estaba maravillado con la forma en que Nueva York parecía sobrevivir las tantas lesiones, sobre todo en el pitcheo.

A mi juicio, el hecho de haber seguido ganando sin los servicios del colosal Mariano Rivera era un gran logro de por sí. Pero agréguenle a la lista a Michael Pineda, Andy Pettitte, David Robertson, Iván Nova y Joba Chamberlain como pitchers de Nueva York que han perdido tiempo por lesión. Y si quieren, pueden incluir a Pedro Feliciano y David Aardsma, dos relevistas que los Yankees pensaban que podían ser de ayuda en algún momento de esta temporada…pero qué va.

No son sólo los pitchers. Brett Gardner casi no jugó en el 2012. Alex Rodríguez se perdió más de un mes. Mark Teixeira está fuera de acción, mientras que Curtis Granderson y Robinson Canó han sufrido algunas molestias últimamente.

El récord de 24-26 de los Bombarderos en la segunda mitad de la temporada no es pura casualidad. Antes del Juego de Estrellas, los Yankees tuvieron efectividad colectiva de 3.73, la cuarta mejor en la Liga Americana. Pero después del Clásico de Media Temporada, Nueva York permite más de cuatro vueltas por cada nueve innings, cifra que pone a los brazos del Bronx detrás de cuerpos monticulares de equipos contendientes como Tampa Bay, Oakland, Detroit y Baltimore. En otras palabras, ahora mismo la competencia le lleva la ventaja a los Yankees en el aspecto más fundamental del béisbol: el pitcheo.

Otra cosa: Los conjuntos que amenazan con quitarle el título de la División Este, Orioles y Rays, tienen rosters mucho más jóvenes que el de los Yankees. En septiembre se ve quién aguanta una temporada maratónica de 162 juegos y quién no.

Nueva York tiene toda la experiencia del mundo, pero de sus ocho titulares, solamente Russell Martin (29) y Robinson Canó (29) tienen menos de 30 años.  En la rotación, teóricamente Phil Hughes es el único de menos de 30, aunque David Phelps (25) lleva un buen tiempo ahí en sustitución de Pettitte (40).

¿Se puede calificar a los Yankees como un equipo viejo y cansado? No creo. Pero sí es evidente que las tantas lesiones, combinadas con cierto decaimiento de Rodríguez, y Teixeira, han resultado en este bajón de Nueva York.

La verdad es que mucho habían hecho los Yankees al estar en la cima durante la mayor parte de la temporada. Eso se debió en parte a los veteranos de la banca que había acumulado el gerente general Brian Cashman, algo que destaqué aquí en julio. Pero a esta altura de la campaña los héroes no deben ser Eric Chávez, Andruw Jones ni Raúl Ibáñez. Este es el momento de Derek Jeter, Canó, A-Rod, Nick Swisher y Granderson. Y si no vuelve en buena forma Pettitte, hablaremos de una especie de “colapso” de los Yankees cuando termine esta temporada.

¿Seguirán sorprendiendo los Orioles en el Este?

PHOENIX – En el Este de la Liga Americana, algo que se ha perdido un poco entre el lento comienzo de los Medias Rojas, las lesiones en los Yankees y el gran arranque de los Rays ha sido el sorpresivo inicio de los Orioles de Baltimore.

Para esta fecha, la tropa de Buck Showalter llevaba marca de 16-9 y estaba a juego y medio de los punteros Rays en su división, luego de llevarse dos de tres juegos ante los Yankees en el Bronx.

Cuando se habla de los Orioles, hay muchos escépticos—y con razón. El año pasado ganaron seis de sus primeros siete partidos, pero después de eso perdieron cinco al hilo. Luego del 15 de abril, nunca estuvieron con marca de .500 o más y terminaron con récord de 69-93 para repetir una vez más como sontaneros del Este.

La historia reciente de Baltimore es penosa, como todos saben: cuatro temporadas seguidas en el último lugar de su división, seis campañas consecutivas con al menos 90 derrotas y sin un récord positivo desde 1997, cuando clasificaron por segundo año consecutivo en la Liga Americana.

Pero ahora, con una rotación abridora encabezada por Jason Hammell, Jake Arrieta y Brian Matusz, los Orioles cuentan con su mejor pitcheo abridor en mucho tiempo—ni hablar de un bullpen con brillantes actuaciones de Jim Johnson, Darren O’Day, el mexicano Luis Ignacio Ayala y el dominicano Pedro Strop.

La ofensiva ha sido guiada por algunos nombres conocidos y otros no tanto: Adam Jones, Matt Weiters, Chris Davis, Robert Andino y Nolan Reimold, entre otros.

En el timón, Showalter—un veterano de 14 años en la cueva desde 1992—tiene un historial interesante en la segunda temporada de sus estadías con varios clubes.

Veamos:

En 1993, su segunda campaña con los Yankees, tuvo 88-74. Al año siguiente los Bombarderos registraron  la mejor marca de la Liga Americana (no hubo postemporada debido a la huelga). En 1995, su última temporada en el Bronx, sus Yankees clasificaron como comodín con 79-65.

En Arizona, tomó las riendas de un equipo de expansión en 1998. Pero en su segunda campaña en el desierto—gracias en gran parte a adquisiciones de lujo del equipo—ganó 100 juegos con los Diamondbacks y fue a playoffs.

Con los Rangers, el 2004 fue su segundo año al frente del equipo—y por supuesto, fue el año en que se fue Alex Rodríguez y llegó Alfonso Soriano. Esa temporada, contra todos los pronósticos, Texas terminó con marca de 89-73.

Con eso volvemos al presente. Antes del 2012, Showalter tenía 103-116 en temporada y media con Baltimore. Es decir, ésta es su segunda campaña completa al frente del equipo. ¿Seguirá el patrón positivo?

Eso depende más de los jugadores que del manager, a mi juicio. Está por verse si los Orioles continuarán sorprendiendo o si caerán a su nivel esperado y acostumbrado. Pero la verdad es que ha sido refrescante ver a una franquicia como Baltimore, una de las más sólidas de los años 60, 70 y principio de 80, estar arriba en las posiciones. Ojo con los “Oriolitos”.

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